Es posible que dure más de lo habitual la coronación de la selección como campeona de América. La alegría de los hacedores y Messi en particular, ha causado gran impacto en mucha parte del pueblo argentino. No por el resultado en sí que era necesario aunque no se jugara bien, sino por la connotación en el ánimo de la gente, Desde los cinco años jugué en los campitos y amo el fútbol amateur, por lo que valoro la “patriada” que se jugó este grupo de jóvenes, dirigidos y coordinados por un DT que supo formar un equipo asociado en la cancha y un grupo heterogéneo en los nombres, pero aunados afuera en busca de un objetivo que lograron poniendo lucha y coraje con final feliz. Vimos cantar el himno con fuerza y convicción. Si se hubiera perdido, el primero en caer sería el cuestionado entrenador que merece mi felicitación y aliento para el futuro. Lo dijo antes de jugar: “pondremos todo nuestro carácter, pero disfrutemos porque sólo es un partido de fútbol”. Excelente. Por eso adrede usé la palabra “patriada”, porque antes de este proceso, siempre fue una constante confundir el fútbol con los colores y símbolos patrios sin sentido. Esa es la versión negacionista de los argentinos, que erróneamente fue potenciada en esta ocasión, por los referentes del gobierno nacional. Las felicitaciones públicas no fueron más que una utilización política del episodio deportivo. Como lo es con una reaccionaria pandemia. Todo sirve como pantalla para tapar el camino avasallante del poder. Lo expreso para buen entendedor y sin fanatismo.


































