Si el precio de la mano de obra en el país fuese más bajo, recibiríamos más inversiones, fábricas y todo tipo de industrias. Se les haría competencia a los países del Lejano Oriente. Es que las cargas sociales son excesivas. Pensemos. Después de 30 años de aportar, el gobierno le "tira" a un jubilado menos de la canasta de emergencia. Entonces, ¿para qué aportó? Le aumenta cuando se acercan los períodos de elecciones. Los jubilados quieren ajustes todos los semestres. En el año 1972, el empleado aportaba un 6 por ciento para jubilación. Poco a poco fue subiendo y hoy está en el 11 por ciento. Además, hay otros aportes que hacen que del sueldo casi un 20 por ciento sea para otros. Los sindicatos "muerden" un 2 por ciento para que sus jerarcas vivan a lo rey y las obras sociales, manejadas por los que defienden los derechos del trabajador, son deficitarias. Es que no hay que pedir peras al olmo. Y allá van millones a los caños. Si esos valores se redujeran y la jubilación siguiera como está, sería mejor que el Estado subsidiara a los que se retiran luego de 30 años de trabajo. El costo de la mano de obra estaría a niveles internacionales y vendrían las radicaciones. No irían a Oriente ni a Brasil. Nosotros exportaríamos y no importaríamos debiéndole a todo el mundo. Es cuestión de querer. Hoy sólo vienen empresas que se llevan los dineros. Teléfonos celulares, línea blanca y juguetes, todo "made in China, México o Brasil". Aprovechemos a tomar el tren o nos quedamos a pie.
































