Intenté renovar mi pase de transporte urbano de pasajeros. El pase dice con claridad: "discapacidad permanente". El sentido del trámite sería entonces la renovación del carné que se supone deteriorado por el uso. Sorpresa fuerte me llevé al enterarme que debo someterme a una junta médica. Las personas con alguna discapacidad convivimos con algún grado de estrés, al cual nos acomodamos como podemos. Por lo tanto, tener que pasar de nuevo innecesariamente por una junta médica es una crueldad que podría ser evitable. Peor aún, quienes deben anoticiarnos de esto también son discapacitados, con lo cual les estamos negando su derecho a un trabajo útil socialmente. Agrupan gente discapacitada en la oficina para la discapacidad como si los "normales" debieran estar preservados de algo. Cuando se tiene una enorme burocracia provincial y se la incrementa permanentemente todos entramos al reino de lo absurdo.































