Charlando con un amigo, él alegaba sentirse totalmente desorientado con este gobierno, ya que muchas aspiraciones de la gente tenían su correlato a través del poder. Reconocía el recambio de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, lo relativo al tema de "los derechos humanos" y un crecimiento económico aceptable en los diversos estadios sociales. Pero de pronto, en los últimos tres meses, todo comenzó a derrumbarse y corremos el riesgo de volver a la tragedia del 2001. Uno de los líderes de mayor carisma de las entidades del campo, Alfredo De Angeli, dijo en un discurso en Armstrong que si era cierto que veníamos creciendo (según un gobierno que se jacta por tal hallazgo, a razón del 7 por ciento mensual), entonces ¿por qué no dejar las cosas como estaban? Nos preguntábamos con mi amigo de dónde ha venido la orden de armar todo este descalabro. No nos olvidemos que el nuestro es un país con una deuda externa monstruosa, vaciado por transnacionales sin límites de lucro, por ejemplo las telefónicas. Y con un pueblo que lamentablemente continúa comprando espejitos de colores, pero eso sí, cantando el Himno Nacional y agitando símbolos albicelestes.

































