Para Central no había mejor resultado que el triunfo. ¿Qué logró? Una victoria. Inmensa, a la que se le da el valor que se merece cuando se mira la tabla del Grupo H. Tiene prácticamente un pie en los octavos de final de la Copa Libertadores, un logro para aplaudir. Un 1-0 sufrido y por momentos mal jugado, pero que cotizó.
Central fue un trabajador que tenía todos los materiales en la mano, pero que con muy poquito construyó una victoria de esas que hacen ruido, que tienen un impacto increíble. El equipo de Almirón está con un pie casi en octavos de final por esa mínima superioridad que le marcó al conjunto paraguayo. Hizo lo que debía, lo que la gente le exigía. Lo hizo más con overol que con un traje de lujo, pero vale por el final de obra.
Distinto al partido en Paraguay
Si el plan de Central era llevarse por delante a Libertad y someterlo futbolísticamente, la idea quedó en la columna del haber. Demasiada parsimonia por el lado canalla ante un equipo paraguayo que esta vez no se la hizo fácil como en Paraguay. Central entró en ese juego anodino y la maraña se fue haciendo cada vez más grande.
Una buena combinación entre Di María y Campaz por izquierda que terminó con un centro para Veliz fue lo único que pudo mostrar el equipo en ese arranque a media máquina. Al menos contó con la fortuna de que la pelota que se le escapó a Ledesma tras un tiro libre dio en el travesaño.
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Cuesta arriba para Central
El Canalla buscaba algo que no encontraba ni por asomo. Di María estaba errático, Pizarro no conducía, Campaz se mostraba lejos del desequilibrio y así todo era cuesta arriba. Sólo le alcanzaba para mantener a raya a Libertad, aunque el equipo guaraní tuvo una en los pies de Fretes que Ledesma rechazó.
Hubo un leve crecimiento de Central, pero ínfimo. Porque el equipo demostraba que esa voluntad podía traducirse a partir de alguna jugada aislada más que con juego colectivo. Como una en la que Di María tiró una diagonal dentro del área y el remate dio un adversario. En la continuidad, Campaz le dio desviado entrando por izquierda.
¿Cuándo pudo cambiar todo? En un lateral rápido en el que Veliz ganó por derecha, se metió al área y frente al intento de remate ¿lo tocaron? Llamó el VAR, Sampaio fue a ver la jugada y sancionó la pena máxima. Fue Di María, pero Morínigo lo esperó hasta último momento y le contuvo el remate no sólo una vez, sino también en el rebote. Una chance inmensa tirada a la basura. Y Central fue con más ganas, pero de manera más alocada también, por ende, sin muchas ideas, hasta ese final al que equipo, habiendo hecho un mal partido, pudo irse con una ventaja que no fue.
Un gol de atropellada
Con la salida de Campaz y el ingreso de Copetti el formato del equipo ya era otro, había que ver si cambiaría algo desde el juego. Hubo un aviso importante con un cabezazo de Veliz, pero uno largos casi diez minutos de la nada misma. Lo de siempre, sólo una jugada aislada podía romper el molde. Esa jugada llegó a los 11’. Córner de Di María, un desvío y la atropellada goleadora de Ovando. Un alivio tan grande como el Gigante.
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Toda una prueba de fuego para ese Central de muy bajo perfil. Porque tenía la posibilidad de manejar los hilos del partido con mayor calma, algo que no logró hacer.
Es cierto, tuvo alguna que otra chance, como en un remate de Copetti que fue débil a las manos de Morínigo, y una arremetida de Pizarro en la que se la desviaron justo al córner. Todo eso que Central no pudo hacer fue en parte por los nervios, pero también porque sus principales intérpretes, caso Di María, no estuvieron en una de sus mejores noches.
La medianía de Libertad hizo el resto, permitió que Central transcurriera el partido sin lujos ni nada por estilo, pero sin mayores sufrimientos. Conclusión: el final llegó con lo que Canalla había salido a buscar. Los tres puntos que lo depositaran en los octavos de final. Con poquito material, Central edificó un triunfo Gigante.