Central se llenó los bolsillos en el último partido de la Liga Profesional, venciendo a Arsenal y con esos tres puntos logrando el pasaje a los cuartos de final del torneo y, sobre todo, sellando su pasaporte para la próxima edición de la Copa Libertadores, encima directamente a la fase de grupos. Pero no es algo que logró porque sí, sino que fue producto de una solidez como equipo que fue adquiriendo con el correr de los partidos. Ahora, se dio algo que puede ser tomado como una mera casualidad, pero que cuanto menos invita a evaluarlo con un tenor mucho más analítico y tiene que ver con el momento en el que este Central de Miguel Angel Russo hizo el click. ¿Cuándo fue? En el clásico ante Newell’s, cuando ese tiro libre de Ignacio Malcorra a minutos del final le llenó los pulmones de aire. Hasta ese momento el canalla estaba penúltimo en su zona y, por primera y única vez en la temporada, fuera de la zona de clasificación a copas internacionales.
Inmediatamente después de la clasificación por partida doble que logró Central en Sarandí la comparación fue un tema que estuvo en boca de todos. Y como para no estarlo. Es que el contraste es claramente visible, pero era algo que ya se venía palpando. Más allá de todo, esa recta final que metió el canalla fue verdaderamente relevante.
Después del empate contra Barracas Central, Ovación elaboró un informe similar, posterior al encuentro contra el guapo, a esto de lo que por estos días se está hablando y el mismo tuvo una razón de ser. Porque hasta Gimnasia el canalla había disputado seis encuentros y hasta Barracas otros seis. En el primer segmento había obtenido 5 puntos sobre 18 posibles y en el segundo 12.
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Pero lo llamativo del caso es que Central tanto el plantel como el cuerpo técnico canalla entendieron que no debían darse por satisfechos, sino que tenían que ir por más porque las cuentas a esa altura le daban para Copa Sudamericana.
Lo que le quedaba por delante era nada menos que River y este último partido con Arsenal, en condición de visitante, aunque con el alegato en la mano de que los últimos dos (Instituto y Barracas Central) fuera de Arroyito al menos no los había perdido.
Pero lo concreto es que Central llegó al clásico en medio de un desconcierto agudo teniendo en cuenta lo que había sido el andar del equipo en la primera mitad del año. Lo hizo con poquitos puntos, penúltimo en las posiciones de la zona A de la Copa de la Liga y fuera de copas internacionales. Pero el zapatazo de Malcorra lo cambió todo.
Se insiste, no hay manera de comprobar si esa victoria fue la que le permitió al canalla sacar lo mejor de sí, pero es imposible soslayar que a partir de ahí nunca más volvió a perder. Lo del envión anímico está claro porque, se sabe, ganar un partido de esas características potencia desde lo emocional, pero futbolísticamente también debía empezar a demostrar algo distinto. Y lo hizo, al menos en lo que tiene que ver con la cosecha de puntos.
Fue demasiado importante lo que logró Central aquella tarde del sábado 30 de septiembre, en la que se jugaba todo, porque era triunfo e intento de recuperación o prácticamente el certificado de defunción de varios de los objetivos por los que venía luchando.
Antes de ese 30 de septiembre lo que se vio por Arroyito fue ese arranque dubitativo, sin la consistencia futbolística de la Liga Profesional, que se vio sesgado por tres derrotas (Banfield, Colón y Gimnasia), dos empates (Atlético Tucumán e Independiente) y apenas un triunfo (Talleres). Pero a partir de ese formidable tiro libre de Malcorra todo cambió.
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Dupuy celebra su gol ante River, uno de los varios partidos que Central ganó tras el clásico.
Marcelo Bustamante / La Capital
Desde ese momento Central comenzó un tránsito seguro, sin ese pie de plomo que se esperaba, pero con una seguridad y un convencimiento más pronunciados. El acelerador fue a fondo en el partido siguiente, ante Huracán, aminoró la marcha contra Vélez (1-1) e Instituto (0-0), pero para la recta final se tenía guardado lo mejor de su repertorio, con un empate (Barracas Central) y tres triunfos (Argentinos Juniors, River Plate y Arsenal).
De esa forma quedó establecida la contracara de este Central, que hoy siente el gran orgullo de haberse ganado un lugar en el torneo continental más prestigioso a nivel de clubes y que en paralelo sueña despierto sabiendo que tres partidos lo separan de un nuevo título. Aquel arranque de torneo llegó a ponerlo casi lejos de todo, pero ese punto de inflexión que le resultó el clásico lo potenció y fue a partir de ese triunfo desde donde se hizo fuerte primero de la cabeza y después desde los resultados.