Diz que allá, cuando este héroe, en su gloriosa odisea, cabalgaba por los pagos vecinos al Pasage (sic), un día, al salir de Metán, pronto a partir, y ya con el pie en el estribo, rehusaba el almuerzo que, servido, le presentaban. Llegó un pescador trayéndole el obsequio de un hermoso dorado; tan hermoso, que el adusto guerrero le dio una sonrisa.
Alentados con ella sus huéspedes:
—¡Ah! ¡Señor! Exclamaban, alternativamente
—¡Siquiera esta carne fría en picadillo!
—¡Siquiera estas aceitunas!
—¡Siquiera estas nueces!
San Martín se volvió hacia sus dos asistentes:
—¡Al vientre del pescado todas esas excelentes cosas, y en marcha! Dijo y partió al galope
Escamado, abierto, vacío y limpio en un amén el hermoso dorado, fue relleno con el picadillo, los huevos duros en rebanadas, las aceitunas y las nueces peladas y molidas. Cerrado el vientre con una costura, envuelto en un blanquísimo mantel, fue entregado a los dos asistentes, que a carrera tendida partieron, y adelantando al general, llegaron a la siguiente etapa, donde el famoso dorado fue puesto al horno, y asado, y calentito lo aguardaban para serle servido en la comida. En su sobriedad, San Martín quiso que esta se limitara al pescado y su relleno.
Receta escrita por Deidamia Sierra ,de Torres (Metán Salta) y publicada en Cocina ecléctica de Juana Manuela Gorriti.