La obra de Manuel Musto (Rosario, 1893-1940) es la de un artista apasionado por la pintura, que pintó con frenesí y supo expresar la naturaleza que lo rodeaba de un modo singular en el arte de Rosario de las primeras décadas del siglo XX, incluyendo también en su temario el desnudo y el retrato, el interior del taller y las comarcas italianas. Su atención sobre la incidencia de los fenómenos lumínicos constituyó una marca fuerte y reconocida de su identidad pictórica, y si bien sus referencias estéticas fueron amplias tuvo una clara sintonía con las modalidades posimpresionistas del arte europeo; inicialmente, con la pintura de manchas y de pinceladas filamentosas del divisionismo italiano acercada por sus maestros en Rosario. Los primeros dominios sobre la perspectiva, el claroscuro y el color los adquirió en la academia Fomento de Bellas Artes, guiada por Ferruccio Pagni, un artista livornés radicado por un tiempo en Rosario con quien Musto entabló una entrañable amistad. La partida de Musto a Florencia en 1914 en compañía de su colega Augusto Schiavoni resultó una experiencia decisiva en su formación, tanto por la frecuentación del rico pasado italiano como por el conocimiento que le brindó de sus tendencias más recientes; también por el contacto con Giovanni Costetti, un pintor clave en la escena toscana por trazar puentes con el arte europeo, inspirarse en el simbolismo francés y alemán y atender las formulaciones de Cézanne y de los expresionistas fauves. Esta es una matriz que Musto puso en juego constantemente en su obra, de la cual pudo seleccionar, enfatizar o eludir aspectos, pero que permaneció en su horizonte estético.































