Escenario
Lunes 08 de Agosto de 2016

"Tangalanga creó un lenguaje, está al nivel de Borges y Piazzolla"

El realizador, que lanzó el documental "Víctimas de Tangalanga", elogia la figura del humorista, a quien describe como "un fenómeno social"

El realizador Diego Recalde urdió un homenaje cinematográfico al humorista Tangalanga con "Víctimas de Tangalanga", que ya tuvo su buena recepción en las salas Hoyts del Abasto porteño y próximamente se estrenará en salas del interior del país."Tangalanga está al nivel de Borges y Piazzolla", dijo el cineasta en referencia al documental que pone en la mira a aquellos que fueron blanco del humorista Julio Victorio de Rissio, mejor conocido como Tangalanga, quien con sus desopilantes grabaciones a desconocidos y famosos fue éxito entre 1989 y 2013.

"Tangalanga no es un humorista, es un fenómeno social. Un tipo que inventó un formato único. Está al nivel de Borges y Piazzolla en el sentido de que creó un lenguaje absolutamente personal. Una forma de expresión donde la mala palabra dejó de ser mala para volverse una palabra más. La despojó del prejuicio que la condena al conjunto de las malas palabras. La rescató, la elevó y le dio una legitimidad que no tenía", sostuvo Recalde durante una entrevista con Télam.

Y para fundamentar esa aseveración, el director, actor, hombre de radio, músico, guionista y también escritor de novelas, apuntó que "Borges mezcló el español y el inglés e inventó el lenguaje borgeano. Piazzolla mezcló el jazz y el tango e inventó el género musical Piazzolla. Tangalanga mezcló el lenguaje elegante con la grosería y creó un idioma único que solamente él pudo hablar".

Como director, Recalde es autor de "El periodista", "Habano y cigarrillo", "T Ves?" y "Sidra", Ernesto", que fueron audaces en más de un sentido, desde su producción independiente hasta lo desaforado del abordaje de temas como la manipulación en el periodismo y en la televisión.

Y también incurrió en el caso de un hombre que un día se despierta sin su miembro viril, como en "Tenemos un problema, Ernesto", que fue su producción anterior, estrenada en 2014.

—¿Por qué decidiste hacer este documental en torno a quienes padecieron a Tangalanga?

—Es una risa abierta que tengo adentro mío y necesito cerrar. Yo crecí escuchando los casetes clandestinos de Tangalanga a tal punto de saberme muchos llamados de memoria y repetirlos. Durante muchos años de mi vida me dormía escuchando esas grabaciones para despertarme riendo. Mi obsesión llegó a tal grado de locura que cuando iba a bailar y encaraba una chica, aparte de las consabidas preguntas estudiás o trabajás, o de qué signo sos, mi tercera pregunta era si le gustaba Tangalanga.

—Parece muy delirante...

—Lo bueno es que en la medida en que me fui relacionando con otras personas, me dí cuenta de que no era el único que estaba preso de tan insólita obsesión. Había muchos otros a los que le pasaba lo mismo que a mí. En aquel entonces, cuando escuchaba esos casetes, como todos, quería conocerlo al doctor, que en aquél entonces para mí era Tarufetti, el líder de nuestra secta.

—¿Y lo de las víctimas?

—También, como muchos, quería conocer a las víctimas. Quería saber dónde vivían, cómo vivían... En ese entonces no me animé a rastrearlas. Pero ya se sabe que la obsesión es más fuerte que el amor. Y tarde o temprano viene por vos. Es por eso que después de casi 30 años, acorralado por la asignatura pendiente, me decidí y salí a buscarlas. Necesito cerrar una historia personal que, estoy seguro, es también la de muchos. Necesito ponerle cara a esa silueta anónima para conocer el otro lado del casete.

—¿Cómo fue de complejo el rastreo de las víctimas?

—No fue fácil. Tengo la suerte de contar con los casetes más viejos, los primeros que circularon sin ningún tipo de edición, donde estaba el nombre o apellido de la víctima, la calle en la que vivía, pero no más que eso. Con esas pocas pistas que disponía, me convertí en detective y salí a la calle a buscarlos. Y por eso tardé cinco años.

—¿Hubo muchas sorpresas?

—Lo bueno es que en ese lapso logré encontrar a la mayoría de las víctimas que buscaba. Y no sólo eso. Lo bueno es que volví al periodismo puro, al de la calle, donde le preguntás a los vecinos, sin quedarte sentadito en tu casa quedándote solamente con la data que encontrás por Google.

—¿Es cierto que esta película consta de tres partes?

—Sí, es una trilogía. Es que encontré a muchísimas víctimas. Es la primera película que viene en tres partes sin saber si va a ser un éxito la primera. Aunque por lo que estoy viendo sí. Nunca pensé que iba a despertar tanto fanatismo al punto tal de que, en Buenos Aires, las entradas se agotaron en la preventa. Antes del estreno.

—¿Qué mensaje final le dejarías a los viejos fans de Tangalanga de toda la vida y a los chicos que recién lo conocen?

—No sé si un mensaje, pero sí un consejo. Vayan a ver la película porque les aseguro que después de verla, aparte de conocer a quienes a pesar de ellos nos hicieron reír mucho, cuando vuelvan a escuchar esos llamados, van a escucharlos desde otro lugar. Y me encanta que eso suceda. Tangalanga, como todos los genios, se merece una relectura.

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