La ciudad
Lunes 19 de Septiembre de 2016

"La guerra a las drogas trajo cada vez más daño y menos soluciones"

Graciela Touzé, directora de la ONG porteña Intercambios, especialista en prevención de consumo problemático de sustancias y fundadora de la Red Latinoamericana de Reducción de Daños. En abril pasado, participó de la asamblea especial de Naciones Unidas sobre Drogas. Está convencida de que Argentina debe abrirse al debate sobre despenalización.

En el singular marco político de la "guerra contra las drogas" que literalmente prometió librar el presidente Mauricio Macri, la de Graciela Touzé se escucha realmente como otra voz. De hecho, la especialista en prevención de consumo problemático de sustancias, con años y años de trabajo sobre el tema, rechaza los paradigmas "prohibicionistas, belicistas y punitivos". No sólo por principio, sino por "ineficaces", ya que está convencida de que han traído "cada vez más daño y menos soluciones". Como ejemplo, recuerda lo que la llamada ley seca contra el alcohol causó hace un siglo en Estados Unidos. En cambio, propone no identificar sin más droga y delito, y aboga por despenalizar la tenencia y el cultivo (de cannabis) para uso personal. Entre otras cosas, para no "empujar" al consumidor al resbaloso circuito de la ilegalidad.

—Vos rechazás los paradigmas prohibicionistas y que "declaran la guerra a las drogas". En cambio, proponés otro tipo de abordajes, más ligados a políticas de reducción de daños y la despenalización. ¿Por qué?

—Efectivamente. Porque hace mucho tiempo que trabajo en esta temática y año a año compruebo cómo ese paradigma de guerra a las drogas trajo cada vez más problemas, más daño y menos soluciones. Los enfoques que se plantean desde una perspectiva belicista y punitiva han generado mucho dolor a los sujetos y a las sociedades.

—O sea que, además de reprobarlo ética e ideológicamente, lo ves ineficaz.

—Absolutamente. Si el objetivo de una política desde hace 50 años es eliminar o al menos reducir considerablemente el consumo y sobre todo la oferta de sustancias ilegales y llegamos al punto en que estamos hoy, la verdad es que queda demostrado que esa política ha fracasado rotundamente. Entonces, mejor no sigamos intentando las mismas respuestas.

—¿Y a qué atribuís ese insistir en las mismas políticas?

—A factores sociopolíticos esencialmente. El modelo prohibicionista surge en función de una serie de intereses y necesidades que en verdad responden a otros objetivos y cuestiones con la excusa de las sustancias.

—De control social...

—Exactamente. Es una verdadera herramienta de control social. Y muy eficaz, muy clara, que nos ha convencido como sociedad de que hay unos objetos, que en realidad no son objetos, que aparecen casi como hijos del demonio y tienen gran capacidad de producir daño y cosas espantosas. La paradoja es lo que se nos oculta: que en todo caso, cuando hay consumos problemáticos de sustancias, eso tiene que ver con la relación que la persona entabla con la sustancia y no con la sustancia en sí.

—Pero muchos dicen: "Ah, si fuma un porro un estudiante de bellas artes es por uso recreativo, pero si lo fuma un chico pobre, vulnerable, en la villa, los efectos suelen ser otros porque el pibe acaba delinquiendo, cooptado por las redes de narcotráfico". ¿Qué respondés a eso?

—Bueno, primero ahí hay un discurso tramposo que de nuevo hace recaer las responsabilidad sobre las sustancias y no sobre las condiciones sociales espantosas y de exclusión en que vive un pibe en la villa. La realidad que de ninguna manera niego es la vulnerabilidad de ciertos sectores que terminan muy afectados por el consumo de las sustancias, pero muy fundamentalmente, y sobre todo, por las respuestas sociales que armamos.

—Claro, porque para consumir sí o sí hay que ingresar a un circuito de ilegalidad.

—Totalmente. De entrada lo empujás a la ilegalidad. Además, uno no está inventando nada: el mundo ya vio hace casi un siglo lo que pasó en EE.UU. con la experiencia de la ley seca con el alcohol. A ver, si ya vivimos lo que trajo en materia de salud, de crecimiento de mafias, de poder corruptor... Todo eso pasó con la prohibición del alcohol. Y dicho sea de paso, hoy por hoy el alcohol sigue generando una serie de problemas de salud, pero sobre eso se habla menos. Lo que sí, esto no puede plantearse en términos de blanco o negro. Sólo se trata de ver cómo se gestionan mejor estas situaciones.

—Y más allá de que el gobierno hable de esto todo el día, ¿cómo ves el momento político del país para dar ese debate?

—La verdad, lo veo difícil. Me parece que el eje de preocupación y de discurso, no le digamos debate porque no lo hay, se da en exclusiva en torno al problema de la inseguridad. Y el tema drogas tiene un componente ligado a la seguridad, no lo niego, pero existe otra gran cantidad que se meten dentro de la misma bolsa.

—Rosario vive un momento especial, donde se asocia inequívocamente droga y delito: o por el narcotráfico, o por la venta al menudeo, o por los robos que se cometen para poder comprar más sustancia, o por la violencia de algunos delitos que protagoniza gente con la "cabeza quemada". ¿Cómo se evita meter todo eso en una misma bolsa?

—Hay que empezar a analizar las distintas caras que tiene esto y que no merecen las mismas respuestas, pensar en indicadores que puedan ir mejorando la situación. Con lo que está ocurriendo, y además con la vivencia que está teniendo el ciudadano rosarino, creo que la pregunta debería ser si el eje será el tema drogas o cómo bajamos los niveles de violencia. Porque es cierto que existe estrecha relación entre violencia y mercados ilegales, ligados a su vez a organizaciones criminales, pero eso no hace a toda la cadena. Meter en la misma bolsa a una organización narcocriminal y al consumidor sólo genera más violencia. Ahí debe instalarse el debate y lidiar con las representaciones que tenemos de eso: mientras sigamos pensando que el consumidor de drogas es un tipo peligroso y violento sólo porque consume la respuesta no va a ser otra que mano dura, y en vano.

—¿Apoyás un proceso de despenalización o legalización?

—Son conceptos totalmente distintos que a mucha gente le interesa confundir. Hay que hablar de al menos un piso que reclamamos hace tiempo: días atrás se cumplieron 30 años del fallo Bazterrica de la Corte Suprema, que por primera vez declaró inconstitucional la penalización de la tenencia para uso personal, y algunos días más del caso Arriola. De Arriola para acá pasaron más de 20 proyectos por el Congreso, y sin embargo aún consideramos al que consume equis sustancia como delincuente. Digo: hay un reclamo hoy ineludible: modificar la ley de drogas para despenalizar la tenencia o el cultivo para uso personal. Un mínimo para arrancar: la Constitución dice taxativamente que las acciones privadas no deben ser penalizadas.

—¿Antes o después Argentina se abrirá a ese debate?

—Desde mi punto de vista, sería suicida no hacerlo.

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