La preocupación que esta semana expusieron los padres cuyos hijos cursan en los dos colegios que en Rosario dependen de la UNR, Politécnico y Superior de Comercio, dejó al desnudo el daño que la seguidilla de paros está haciendo en esa comunidad educativa.
Los profesores universitarios vienen reclamando con absoluta justicia un salario digno que el gobierno nacional se ha negado a acordar y como respuesta han ejercido su constitucional derecho de huelga. Y en esta pelea de gremio contra gobierno, los alumnos han quedado de rehenes.
Con absoluto sentido común los padres plantearon que las huelgas no afectan del mismo modo a un estudiante secundario que a un universitario. "Un chico de 14 años necesita la modalidad presencial para fijar contenidos. No es lo mismo perder clases en la facultad que en la secundaria. A nuestros hijos esta discontinuidad en el dictado de clases realmente los perjudica", aseguraron esta semana, cuando la decisión del gremio de impulsar una moción que contempla no iniciar el segundo cuatrimestre, incrementó su preocupación.
Para peor de males, el propio presidente del Centro de Estudiantes del Politécnico, Agustín Riccardi, admitió que "cuando hay paros se recortan contenidos", los que finalmente no se terminan evaluando. Tras escuchar eso, ¿cómo no preocuparse si su hijo va a alguno de estos colegios?
La titular del gremio que nuclea a los docentes de la UNR en Rosario, Laura Ferrer Varela, minimizó esta cuestión. "Cuando yo estaba en la secundaria tomamos durante tres meses el colegio y sin embargo hoy soy profesional. Esa medida no me afectó", dijo el viernes pasado en una entrevista radial.
Tal vez su experiencia personal haya sido exitosa, pero no todos los alumnos tienen las mismas capacidades cognitivas. Quizás más que apelar a su militancia estudiantil y logros académicos sea más positivo pensar en alternativas de lucha que permitan, al menos a los adolescentes que van al secundario, no perder tantas clases.
Esto es lo que vienen planteando sin éxito los padres, que apoyan la lucha docente pero que piden alternativas a la hora de llevar adelante los reclamos.
En lo que va del año, en estos colegios ya se perdió el 30 por ciento de los días de clase. Y a eso hay que sumarle que en el Poli, por ejemplo, tuvieron que soportar 11 amenazas de bomba desde que se inició el oscilante ciclo lectivo, lo que también obliga a vaciar las aulas y perder horas de cursado.
Aumentos miserables
Mientras tanto, el gobierno nacional ofrece salarios irrisorios a los docentes: un 20 por ciento escalonado en cuatro cuotas que deja el sueldo inicial de un profesor universitario por debajo del parámetro de índice de pobreza que publicó esta semana el Indec, fijado en 14.600 pesos.
Como si esto fuera poco, los funcionarios que tienen injerencia directa en esta paritaria están por estas horas inmersos en la vorágine de la campaña electoral. El propio ministro de Educación de la Nación, Esteban Bullrich, encabeza la lista de candidatos de Cambiemos a senador nacional por la provincia de Buenos Aires; y el secretario de Políticas Universitarias, Albor Cantard, hace lo propio por el mismo espacio político en Santa Fe, donde es primer candidato a diputado nacional.
A los padres de los alumnos del Politécnico o el Superior de Comercio esa realidad no les pasó desapercibida. "Ambos tienen una cuota de responsabilidad en las negociaciones de las paritarias con los profesores, y sin embargo están pensando más en el futuro que en solucionar este conflicto", dijo esta semana, palabras más, palabras menos, Armando Mujica, uno de los tantos papás que se organiza y golpea puertas sin éxito para intentar que la seguidilla de huelgas no castigue al eslabón estudiantil más débil: los adolescentes de las escuelas preuniversitarias.
Quienes tienen la posibilidad de pagar docentes particulares mandan a sus hijos a recuperar contenidos; pero hay otros a los que se les hace muy difícil abonar 300 pesos por clase. Y así, el año se va, los contenidos se pierden y la amenaza de no comenzar el segundo cuatrimestre angustia.
Por cierto, este sentimiento parece no hacer mella en ninguna de las partes involucradas, y los chicos siguen siendo rehenes del conflicto. Como siempre. Una triste historia que se repite.