“Sabueso” Villafañez (Juan Carrasco) es el detective perfecto. Siempre pasa desapercibido porque pone cara de “yo no fui” en todo momento, y ni siquiera su obesidad es motivo de miradas incómodas. Es el tipo que resuelve todo lo que le piden, hasta que un trabajo le quema los papeles. Se trata de un marido inquieto (Edgardo Castro), quien le pide que investigue los pasos de su esposa, la famosa coreógrafa Elvira Shulz (Katja Alemann), porque están a punto de separarse y él sospecha que ella tiene un romance oculto. Sobre esa línea de investigación parte Villafañez, pero lo que irá encontrando estará muy lejos de lo previsto. La ruta de la duda lo llevará a una isla del Delta, donde habrá un encuentro supuestamente tenso con un diálogo poco creíble entre “Sabueso” y Elvira, en la que el detective pasará de ser un intruso que invade una propiedad ajena a un potencial amante, sin que medie una situación que permita enhebrar una cosa con la otra. Los directores coquetean con varios géneros en este relato inspirado en la novela gráfica de Juan Sáenz Valiente, en el que se mueven -a veces con mayor eficiencia y otras no tanto- entre la estética cómic, la comedia y el policial negro. La presencia siempre atractiva de un emblema del under de los 80 como es Katja Alemann se roba todas las miradas, incluso en un desnudo “cuidado” que se da en el marco de un ritual místico de su personaje. La danza toma un protagonismo clave en una historia en la que los directores decidieron arriesgar (algo siempre bienvenido en toda propuesta artística), pero no siempre dieron en el punto justo. El temporal que inspira el título sirve apenas como un paisaje decorativo en una película argentina que sólo es un puñado de buenas intenciones.





























