El actor, dramaturgo y director Sabatino Cacho Palma presenta en Rosario la última presentación de su obra “22 de agosto”, antes de iniciar una gira que lo lleverá a la ciudad de Buenos Aires y luego a Chaco, Montevideo, España y París. La función será el domingo 6 de agosto, a las 20, en la Sala Lavardén (Sarmiento y Mendoza). Las entradas se pueden adquirir en entradaslavarden.com o en la boletería de la sala, de 17 a 21.
Bajo la dirección de Alejandro Casavalle y la supervisión general de Néstor Zapata, el texto de Palma es una construcción atravesada desde su origen por acontecimientos históricos y experiencias y preferencias poéticas y estéticas del reconocido creador, ligado a legendarios grupos teatrales rosarinos como Arteón o Discepolín.
A través de las coordenadas que orientan a “22 de agosto” -fecha que se reitera en la extensa historia de Arteón, la vida del poeta César Vallejo y la Masacre de Trelew- Palma, junto a su hijo Lautaro Palma, propone interrogantes, como “qué puede aportar hoy el teatro a los procesos de transformación” y reflexiones que podrían ser su respuesta íntima y personal: “En tiempos de desconcierto, de angustia, incluso de fatalidad, el arte tal vez pueda darnos una pista y relanzar la apuesta”.
Días antes del estreno, en mayo último, Palma explicó el origen de esta obra. “Las ideas no aparecieron definidas ni precisas. Fueron un cúmulo nebuloso de imágenes, recuerdos, impresiones que empezaron a surgir a cada instante, algo así como epifanías. Nada de eso en un principio podía acomodarse, todo muy caótico, pero que insistía. Mi tarea en ese primer momento fue no desechar nada y hacerle lugar. De hecho, hay algo de todo ese primer material que aún hoy, con la obra ya estructurada, empuja, conmueve y sorprende. De golpe un atardecer me encuentro recordando el relato de un paciente del psiquiátrico (del Suipacha de Rosario; Palma es médico psiquiatra y psicoanalista) en 1983, luego un recuerdo de un niño que a los 10 años es llevado al aeropuerto de Trelew y confiado a una azafata, ya que viajará solo y enmudecido a reencontrarse con su familia. Y así fue surgiendo un material que se acumulaba peligrosamente durante meses, todo demasiado extenso y excesivamente cargado. A partir de allí fue naciendo esta obra inesperada, singular y de alguna manera impredecible e inimaginable. La otra cuestión sorprendente es que desde el primer día supe que este texto demandaba la actuación de «mi mismo». Jamás hubiese imaginado que esta obra me iba a implicar un trabajo enorme”.
En palabras del director, “22 de agosto” se equipara a “haber ganado el derecho a actuar en primera persona y sostener un estilo propio”. “Después de haber pasado por la experiencia de seguir a la letra lo que grandes maestros del teatro me enseñaron y me transmitieron, lo que me llevó 20 años de mi vida teatral, donde evidentemente trataba de hacer lo que a ellos les gustaba y lo que ellos querían, poco a poco fui encontrando mi propio maestro, el que me habita y me guía. Por ese motivo ya no necesito ser lo que hago, en relación a una exteriodad superadora, sino que puedo hacer lo que soy, es decir haber ganado, después de muchos años de trabajo, de práctica y de formación el derecho a actuar en primera persona y sostener un estilo propio”.