“No sé si tiene sentido pero me digo cada vez: contá la historia de la gente como si cantaras en medio de un camino, despojate de toda pretensión y cantá, simplemente cantá con todo tu corazón: que nadie recuerde tu nombre sino toda esa vieja y sencilla historia”. La frase de Haroldo Conti con la que abre el libro La otra pantalla: educación, cultura y televisión le hace justicia a la obra de la periodista y escritora rosarina Tamara Smerling. Porque en el texto, que recorre la génesis e historia de los canales Encuentro, Pakapaka y DeporTV, hay hechos, debates, nombres propios, anécdotas y la reconstrucción de diálogos que permiten acercarse al camino recorrido entre 2005 y 2015 por estas señales educativas. Y es también un homenaje, como dice la autora en los agradecimientos, “a las y los trabajadores que mantuvieron las señales en un contexto muy adverso en los últimos años”.
La primera edición del libro vio la luz a fines de 2015 y ahora fue reeditado por Eduvim, la editorial de la Universidad Nacional de Villa María. Aquella primera tirada tuvo una circulación limitada. Llegó a presentarse pocas semanas antes de la asunción del gobierno de Cambiemos, que precisamente dio un giro a las políticas públicas vinculadas a estas señales. Por empezar, las sacó de la órbita del Ministerio de Educación y las traspasó al Sistema de Medios y Contenidos Públicos que conducía Hernán Lombardi. Despidos de trabajadores, fragmentación de los espacios laborales, freno a producciones y quita de presupuestos son algunas de las marcas del período 2015-2019 en este ámbito. Políticas de vaciamiento y desguace, como bien señala en el prólogo la actual gerenta general de Contenidos Públicos, Jésica Tritten. El profesor de la Universidad de los Andes (Colombia), Omar Rincón, es el autor del otro prólogo, donde afirma que Canal Encuentro se constituyó “en el espejo en donde tenemos que vernos en América Latina para crear e imaginar una televisión pública”.
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La reedición del libro comenzó a gestarse durante la gestión macrista. Como bien dice Tritten en el prólogo, “las señales (...) obligan a recordar, no desde la nostalgia sino como un acto de responsabilidad política: este libro se reedita nada más y nada menos que para dejar una memoria de todo lo que sucedió también en estos años”.
—Alguna vez Hernán Lombardi dijo que “Zamba estaba podrido por dentro”. Se refería al muñeco que quitaron de Tecnópolis, pero ¿sirve como metáfora de lo que pasó en esos años?
—Sí, creo que pensaban y piensan eso. Lo cual habla de un desconocimiento. Hay un montón de cosas que tienen que ver con nuestra historia, nuestra cultura e idiosincracia y nuestro pensamiento que están puestos ahí. Zamba además es un gran disparador para pensar y discutir ciertos temas en el aula. Hay detrás mucho trabajo de pedagogos, historiadores, guionistas y gente muy especializada para tratar temas tan difíciles como el Genocidio Armenio o la Batalla de Ayohuma. Esta semana el capítulo La asombrosa excursión de Zamba y Nina fue premiado en uno de los festivales internacionales más exitosos del mundo (el ComKids-Prix Jeunesse Iberoamericano). Ahí hay algo que hay que leer, porque son producciones premiadas en el mundo. Entonces no solamente tienen que ver con un gobierno o un signo político, sino con nuestro patrimonio, que empezó a ser parte de contenidos con los que pueden nutrirse las nuevas generaciones.
La Asombrosa Excursión de Zamba y Nina - Promo
—Encuentro y Zamba tuvieron una amplia repercusión en las escuelas. ¿Cómo recibieron los canales ese rebote?
—Esa es la primera función para la que fueron creados originalmente esos canales. En el libro se cuenta la historia de esas señales y la importancia de empezar a trabajar contenidos audiovisuales de calidad, federales e inclusivos para las niñas y los niños. Y pensando también algunas de las premisas fundamentales de Pakapaka, que es que los niños no sean consumidores sino sujetos de derechos. Eso me parece muy importante, porque se les habla y se piensan desde otro lugar. Ahí sí hay una clara decisión política de no poner publicidad y proponer otro tipo de contenidos, que mientras más diversos y plurales sean, mejor, para que podamos elegir.
—La escucha atenta fue una característica de Encuentro. Y en los últimos años también hay una apuesta a otras voces de las infancias, feminismos y diversidades.
—Omar Rincón decía el otro día en la presentación que parece que las señales públicas se están animando a innovar mucho más que la televisión tradicional, como que se arriesgan más. Así pasó con el archivo de la memoria trans, los movimientos feministas, la perspectiva de género y de las disidencias que se aborda con la programación de los canales. En el caso de este capítulo de Zamba con Nina se hizo todo un trabajo con organizaciones de afrodescendientes para contar la historia de Saturnina, la amiga de Zamba que va en ese camino hacia la libertad y la búsqueda de su identidad.
—Lo mismo con la pandemia
—Para eso se hicieron los micros de Confinamiento o Ventanas al mundo, que habla de lo que veían las infancias desde sus ventanas, desde el encierro. Poder poner palabras y voces a esa incertidumbre, a la angustia de no poder ir a la escuela, la plaza o la calle. No sé cuántos canales se arriesgaron y buscaron este formato. No sólo entretener, educar y divertir, sino también a hablar de eso que les pasaba con todo eso. También la experiencia del Consejo de Niñas y Niños de Pakapaka, que Rosario es un buen antecedente de esto. Pero que una televisora pública infantil del Estado proponga qué los chicos y las chicas empiecen a construir qué contenidos quieren ver y qué temas los interpelan. Con la pandemia también hubo que producir contenidos audiovisuales que llevaban un montón de tiempo. Pero no podrías haber armado en una semana el programa “Seguimos Educando” si no tenías toda la experiencia previa de canal Encuentro y Pakapaka. Hubiera sido imposible. Me parece que ahí también se valorizó todo el trabajo previo de estos canales.