Los atardeceres pampeanos se dibujan en el horizonte como una inmensa bola de fuego cuando el sol cae sobre el paisaje pampeano y acompaña el trayecto en una travesía rutera. Es un instante simple pero pleno porque el cielo en su inmensidad se enciende de colores rojos, rosados, lilas y naranjas.
Y el círculo de fuego permanece durante una hora apoyado en el paisaje. El paso obligado para los viajeros que surcan el mapa desde y hacia al sur de la Argentina reserva en territorio pampeano tesoros para descubrir.
Desde su capital, Santa Rosa, donde está el Museo Histórico en una antigua casona, hasta la opción de pesca en la laguna hay un recorrido gourmet como el que proponen una docena de productores en "Sabores Pampeanos", donde es posible probar los vinos pampeanos, jamón crudo de ñandú y de ciervo, delikatessen especiales elaboradas en este suelo.
Una perla es visitar el sitio del conocido sommelier, Mariano Braga, quien se estableció con su compañera y fundó "Pampa Roja" un restó a puertas cerradas que tan sólo se describe en una placa y dentro de una antigua casona donde hay un mundo gourmet por descubrir.
Aquí hay un detalle para conocer a través de los sentidos esta porción de la Patagonia norte que cuenta como detalle una carta de vinos con más de 150 etiquetas y un menú de diez pasos para el mes de los enamorados.
Y si algunos desprevenidos sólo escuchan historias de cazadores que llegan desde distintos países de Europa para alojarse cada temporada en los cotos de caza pampeanos, es la historia del primer coto fundado por Pedro Luro, sobrino político de Julio Argentino Roca, quien le dio este mote al establecer lo que hoy se conoce como Parque Luro, la reserva provincial donde permanecen los ciervos colorados descendientes de aquellos primeros que trajo Luro, el mismo de Mar del Plata, y son los que atrapan a los turistas de todas las latitudes cuando en marzo y abril se desarrolla la época de brama y se puede avistar el momento exacto, todo en medio de la naturaleza.
Pero aún estamos en verano que promete calor hasta fines de marzo, y son los descendientes directos de los fundadores de la estancia La Holanda quienes comentan el encanto de visitar el establecimiento con luna llena porque el bosque de caldenes por donde transcurre la senda que conduce al Museo Atelier del abuelo Antonio Ortiz Echague, en su campo en el pueblo de Carro Quemado, es ideal para recorrerlo con ese haz de luz plateado que baña los campos en esta época y que, además, pasa por alto el calorón pampeano del mediodía y la siesta.
La estancia La Holanda data de 1910 y su origen en su historia es romántico. Aquí pasaban largas temporadas hasta que se instalaron para siempre en 1933, la hija del primer cónsul holandés en la Argentina, Elizabeth Smidt y Antonio Ortiz Echagüe. Ella, escritora y él, un pintor nacido en Guadalajara, con largas estadías en Italia, Paris y las Islas Canarias, y con su etapa marroquí en Fez y Rabat fueron parte de su recorrido por el mundo en la primera mitad del siglo pasado.
Su obra, realizada sobre telas impecables y enormes, brotan colores contrastantes y saturados. Claros y oscuros, en tonos puros, revolucionario para su época. El pintor había recorrido cortes europeas retratando nobles hasta que realizó una pintura de una joven quien, con el paso del tiempo, se transformó en su amor.
Hoy desde el casco de La Holanda hasta el Museo Atelier, son unos pocos metros que hacen sentir el campo y los caldenes, un bosque único en el mundo. El sendero, entre el bosque de caldenes, conduce a la capilla de campaña Padre Francisco Melo, y presenta el Vía Crucis en Vitreaux; y a pocos minutos de caminata se llega al Museo Atelier, el mismo sitio donde el artista pintó sus últimos cuadros.
La sala de exposiciones está unida por una galería con el atelier donde el artista trabajó, y donde aún se puede ver la paleta utilizada y sus pinceles, además de su historia. Las obras están acompañadas por instalaciones con objetos que se retratan en las mismas telas inemnsas donde se reflejan las escenas costumbristas que transcurrieron en diferentes ciudades del mundo. Para los amantes de la pintura, pueden ver un mural en mozaico de 1939, que Ortiz Echagüe diseñó para la estación de subtes porteños "Entre Ríos".
Cabalgatas, atardeceres y hasta opción para alojarse en "El Rancho" y "Las Casitas", todo restaurado y con impecable diseño interior, deja lugar para refrescarse en la piscina de la estancia "La Holanda".
Los pueblos pampeanos marcan el paso de la historia desde su territorio Rankülche (ranqueles) hasta nuestros días. La perla está en saber la razón histórica de este territorio de la Nación Rankel.
La lonko María Canuhé, recomienda a los viajeros pasar por las instalaciones de la comunidad Willi Antu sobre el kilómetro 318 de la ruta 35, a media hora del centro de Santa Rosa, donde se puede aprender tejidos, cerámica y gastronomía de su pueblo. Incluso, fieles a su historia de excelencia con los caballos, también hay un sitio donde las clínicas equinas ofrecen el aprendizaje del arte ecuestre con cabañas para descansar.
Si el fin del verano lo atrapa en un viaje por territorio pampeano, también hay un imperdible de los alemanes del Volga, que celebran su fiesta de la cerveza en un pueblo pequeño que se llama "Perú".
Otro punto importante para conocer entre los bosques de caldenes que para los que repiten la frase de "la Pampa tiene el ombú" deben saber que sólo hay ombúes en el parque del Fortín El Pisadero de Victorica, uno, y otro en la Plaza San Martín, en Santa Rosa, frente a la Catedral, otra obra para visitar. Aquí, la estrella indiscutida del paisaje pampeano es el caldén, especie endémica que en Europa no se consigue.
MAS INFO: * www.altosdepayun.com * www.comunidadwilliantu.org * www.turismolapampa.gov.ar * Estancia La Holanda /Carro Quemado, 02954-15534167 /Facebook * www.hotellapampeana.com.ar * Sabores de La Pampa 02954 243338 * Pampa Roja. Restó. www.marianobraga.com.ar