El reconocido actor, autor y director teatral Pompeyo Audivert hizo realidad durante la pandemia una antigua idea: reunir en un solo actor la complejidad y los múltiples personajes de una de las obra más conocidas de Shakespeare. Así, mientras atravesaba su aislamiento en una pequeña localidad costera, surgió “Habitación Macbeth”, un trabajo en el cual, acompañado en escena por el músico Claudio Peña, asume a las brujas, a Macbeth, Banquo y a Lady Macbeth.
“En esa introspección, en esa angustia de saber que iba a quedar encerrado por mucho tiempo, me di cuenta que el único teatro que quedaba era el de mi propio cuerpo. Así esa idea dejó de ser fantasmagórica y empezó a ser una idea que pedía cuerpo”, recordó el actor durante una charla con Escenario. Audivert estará en Rosario para dar un seminario, hoy y mañana, titulado Máquinas Teatrales. El piedrazo en el espejo en el que despliega su método de actuación, y subirá a escena con “Habitación Macbeth”, mañana, a las 21, en el teatro La Comedia (Mitre y Cortada Ricardone).
¿Cómo surge la idea de “Habitación Macbeth”?
Es una idea que me acompaña desde que empecé a hacer teatro, más que nada a actuar en los escenarios informales que se abrieron a finales de la dictadura, principios de la democracia, que empecé a trabajar con monólogos y unipersonales. Luego dejé de hacer eso y empecé a trabajar en formato más tradicionales, obras y producciones con elencos, pero siempre me quedaron las ganas de hacer un trabajo solo. También me apareció la fantasía de hacer yo solo una obra con todos los personajes. Pero también me pareció una idea un poco peligrosa y dudaba de hacerlo. Cuando llegó la pandemia me tuve que recluir en mi casa de Mar del Sur y en esa introspección, esa angustia de saber que iba a quedar encerrado por mucho tiempo, me di cuenta que el único teatro que quedaba era el de mi propio cuerpo. Así esa idea dejó de ser fantasmagórica y empezó a hacer una idea que pedía cuerpo.
Tailer Habitación Macbeth
¿Por qué elegiste específicamente a “Macbeth?
Siempre me gustó mucho y tiene unas características muy apropiadas para este propósito de hacer que todos los personajes habiten en un solo cuerpo, en el sentido que es una obra que tiene muchos elementos sobrenaturales, metafísicos, es una obra llena de fantasmagoría. Siendo que también la pandemia era un momento tan universal y que Shakespeare había escrito algunas de sus obras en pandemia, pensé que era el momento de hacer “Macbeth” y hacerlo solo. Es una idea que me trajo la pandemia que reactivó dos viejas fantasías. Así, en esa casa de Mar del Sur, en invierno de 2019, hice la adaptación, metí mucha mano en el texto, no en el sentido de cambiarlo sino en el de intensificarlo aún más poéticamente, de producir algunas intertextualidades con otros poetas. Luego con el músico Claudio Peña hice la puesta en escena.
¿Cómo definirías la trama de este trabajo?
Creo que los espectadores verán dos cosas que se mezclan. Por un lado van a ver la tragedia de “Macbeth” tal cual es, pero también van a notar que sucede todo en un solo cuerpo y que esas dos cuestiones trabajan juntas. Hay un mestizaje entre esa forma de producción, diría fenomenológica, de un cuerpo-habitación habitado por todos los personajes de Shakespeare y todos los sucesos de la obra. Esa combinación es muy movilizadora porque van a tener que poner en pie como público un imaginario. Es como una forma de teatro primitivo, como si fuera un teatro prehistórico o poshistórico, donde un solo cuerpo en la oscuridad, con un punto de luz, lleva adelante una fantasmagoría, en este caso a través de “Macbeth”.
Uno de los temas centrales es el poder a cualquier precio...
Hay varias temáticas que se cruzan en esta tragedia. La central es el poder y también está la de la transformación de una personalidad en su opuesto, de la personalidad larvada, aquella que yace en los estratos de la presencia de un ser y que en cierto momento se despierta y transforma ese cuerpo y lo transforma en otra cosa. Hay una temática ligada a la identidad sobrenatural u oculta, que es más honda, al estilo del teatro griego. Por otra parte, se cruza una cuestión vinculada a la identidad metafísica y a las formas sobrenaturales que habitan en nosotros y que a veces nos capturan. Creo que en la pandemia, cuando todos debimos encerrarnos y entrar en esa introspección, se abrieron puertas a zonas dorsales de la identidad que son luminosas, u oscuras o convulsas.
¿Qué tendría para decirle “Macbeth” y Shakespeare a la actualidad argentina?
Creo que lo que está sucediendo a nivel colectivo es que hay una abducción, una infiltración de la subjetividad por parte de fuerzas oscuras y ominosas que detentan el poder y que están invisibilizadas y que operan a través de los medios, el Poder Judicial y muchos resortes con los que atraviesan nuestra subjetividad y la modelan. Se está produciendo un cambio muy poderoso, muy potente, hacia zonas más inconscientes y más oscuras de la identidad colectiva. Creo que “Macbeth” lo que hace de algún modo es reflexionar sobre esa naturaleza sórdida a la que estamos siendo llevados, que es parte de la naturaleza humana, como también lo es la zona luminosa, pero depende mucho de nosotros o del camino por el que uno elige transitar que se active una o la otra. Creo que en este caso estamos siendo llevados por estas fuerzas que son históricas, que son detectables, nominables, pero que también son de una naturaleza muy poco definible a una valencia de nuestra identidad que es muy oscura y que de eso tenemos que salir lo antes posible, que es muy peligroso el momento histórico. Incluso lo digo a nivel mundial porque empiezan a suceder cosas de un orden que uno no lo puede creer como que se esté hablando de una guerra mundial, que esa sea una fantasía de nuevo, como si no hubiéramos pasado por dos. Y aparece de nuevo esa fantasía loca y esa perspectiva. Me parece que “Macbeth” habla de ese fenómeno, que es histórico, pero que también va más allá de lo histórico. Esta es una obra transhistórica porque de algún modo acompaña esa condición tan convulsiva, extraña, misteriosa, como si fuéramos manejados por fuerzas misteriosas que nos detentan como piezas en un tablero.
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Pompeyo Audivert interpreta a los principales personajes de la obra de Shakespeare.
SEMINARIO MÁQUINAS TEATRALES. EL PIEDRAZO EN EL ESPEJO
Además de actuar en “Habitación Macbeth”, Audivert dictará un seminario sobre su técnica de producción a la que llama “piedrazo en el espejo” o “teatro de la fuerza ausente”. Esa actividad se relizará hoy, de 18 a 22, y mañana, de 10 a 14, en el teatro La Comedia. El curso, que cuenta con cupos limitados, está dirigido a actores, actrices y estudiantes de teatro. También prevé la participación de directoras, directores y teatristas de todas las áreas en calidad de oyentes.
El seminario se desarrolla en el marco de La Comedia en Curso, un programa de formación que busca brindar herramientas para la continua profesionalización del sector de las artes escénicas. Contempla cursos y seminarios que se desarrollarán a lo largo de todo el año.
Sobre el concepto de “piedrazo en el espejo”, el actor y director señaló: “Es un concepto que atraviesa toda mi producción y mi enfoque pedagógico. Desde hace tiempo vengo notando que el teatro es una máquina destinada a sondear identidad y pertenencia a un nivel extracotidiano y que esa máquina tiene sus temáticas propias de operación artística que tiene que ver con quiénes somos, dónde estamos, de dónde venimos, adónde vamos, qué estamos haciendo. Esas preguntas que fundan cualquier experiencia teatral y cualquier ficción, el teatro las tiene como parte de su sentido existencial. Lo que vengo notando también es que esas preguntas quedan clausuradas en su magnitud poética y metafísica, en su dimensión escandalosa por las ficciones con las que el teatro recubre su estructura operativa, su máquina".
"En general -continuó-, el teatro toma una dramaturgia y se confía a ella y la perfecciona, que es una mirada espejo de alguna visicitud histórica y con eso se conforma. Y creo que el teatro lo que debería hacer, a la vez de erigir una ficción y una convención y con ella revestir su estructura, también debería apedrear ese espejismo y revelar la profundidad abismal que hay por detrás de las apariencias y con ello también señalarle al frente histórico, que es un campo ficcional alienado y que de algún modo la naturaleza poética y metafísica humana está lapidada por ese campo ficcional. Creo que bajo ciertas formas de producción, el teatro puede producir ese piedrazo en el espejo, puede erigir una ficción para concitar una unidad referencial con los espectadores y también romper ese espejo sin perderlo y revelar toda la otredad que hay por detrás del reflejo. El reflejo es simplemente una estabilización de algo mucho más complejo, rico y hondo”.