Con los números del escrutinio definitivo de las Paso sobre la mesa, en los distintos laboratorios políticos santafesinos trabajan sobre el material más valioso, y más frágil, de la política: las expectativas. El problema de Unidos para Cambiar Santa Fe y del peronismo es opuesto. Unos deben administrar la abundancia. Otros, la escasez.
Ante todos los públicos, el mensaje es el mismo: la final todavía no se jugó. Si bien la diferencia de 546 mil votos que le sacó Unidos al peronismo en la categoría gobernador luce indescontable, nadie quiere que se filtren votos en el camino hacia el 10 de septiembre. Es Argentina, faltan cuarenta días y enfrente está el peronismo, un partido de gobierno y con un piso considerable de votos.
Desde distintos campamentos del frente de frentes señalan que se respira buen clima y quieren aprovechar el envión. En el trayecto hacia las generales aparece una parada incómoda: las Paso nacionales del 13 de agosto. Es un desafío para la jefatura emergente de Pullaro, que busca sobrevolar un potencial factor de turbulencia. Acompaña individualmente a Horacio Rodríguez Larreta, pero un sector de la alianza habita el nido de Patricia Bullrich y el socialismo se subió al barco hecho en Córdoba de Juan Schiaretti.
“No genera ruidos ni tensiones, pero evita que estemos todos caminando al mismo tiempo para septiembre. También le da una excusa al grupo de Carolina para no unirse”, dice un dirigente de la escudería Pullaro.
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Aunque ya se transformó en un jugador nacional, la consigna del ganador de la interna de Unidos es sostener una campaña de baja intensidad hasta que el electorado decida si es Rodríguez Larreta o Bullrich quien se enfrentará al peronismo y a Javier Milei en las presidenciales. Los candidatos girarán por los departamentos, visitarán instituciones, darán entrevistas a medios locales y no mucho más.
La semana siguiente al 13 de agosto las consecuencias políticas —e incluso económicas— de las Paso marcarán el pulso de la agenda. Cuando baje la espuma reimpulsarán la campaña santafesina de cara al último tramo de la campaña. Esos días donde cada vez más electores se sacan los auriculares para no escuchar el ruido de la política y definen su voto.
“Maxi va a seguir provincializando y cuidando el barco. Y va a hacer una campaña que se va a parecer mucho a su gobierno: bajando los decibeles y evitando la confrontación, con propuestas y tratando de generar esperanza no con slogans sino con hechos concretos”, anticipa un hombre de la mesa chica del candidato de Unidos.
A modo de trailer de la película que se verá en la segunda mitad de agosto y la primera semana de septiembre, los 28 candidatos y candidatas titulares de la lista de diputados se sacarán una foto de unidad. Será este miércoles en la ciudad de Santa Fe.
En el socialismo se envalentonan con el triunfo de Clara García en diputados y apuestan a la polarización con Omar Perotti, aunque en ese tablero hay más jugadores, como los ya legisladores Amalia Granata, Carlos del Frade, Rubén Giustiniani y Juan Argañaraz.
La suma favorece a Unidos, pero no dan nada por ganado. “Vamos con el cuchillo entre los dientes. Además, Perotti va a poner mucha plata, ya está pautando en redes sociales, reservando cartelería y va a tratar de disciplinar a los intendentes”, advierten desde la mesa chica del PS.
En los últimos cuatro años el socialismo sufrió cuatro grandes pérdidas. Dos distritos, la provincia y Rosario, y dos líderes, Hermes Binner y Miguel Lifschitz. Con esos antecedentes, el 2023 planteaba al PS un desafío de supervivencia.
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Si bien Mónica Fein y Enrique Estévez quedaron relegados en sus categorías, la Cámara baja podría convertirse en un vivero para que el partido de la rosa vuelva a florecer. Catorce de los integrantes de la lista pertenecen al partido: nueve a la lista de García y cinco a la de Bonfatti. Si Unidos gana la categoría, el PS tendrá la misma cantidad de bancas que obtuvo en 2019, cuando Lifschitz se puso al frente de la boleta y le dio a Pullaro once lugares de la lista.
En el frente de frentes también hacen cuentas sobre el Senado. Creen que a las siete bancas que cuentan pueden sumar las de los departamentos Rosario y La Capital. Además, observan con atención a San Lorenzo, San Martín y San Javier, que podrían ser los patronos de la mayoría no peronista en la Cámara alta. Allí, frente por frente, Unidos supera al peronismo. “Si hacemos las cosas bien se pueden ganar, va depender mucho de los dirigentes locales”, remarca un armador de la coalición que sueña con llegar al número mágico de diez bancas para tener quórum propio.
Más temprano que tarde el peronismo tratará de levantarse y dar pelea. Antes que Unidos, el principal adversario del PJ y sus aliados es el derrotismo que cunde en todos los niveles.
“Si sos un dirigente territorial y tenés dos teléfonos, y en uno suena Pullaro y en otro Lewandowski, ¿a quién atendés? Eso es lo que tenés que vencer”, grafica un operador.
A eso se suma la decepción que impregna a un sector del electorado peronista, que le sacó el cuerpo a la elección en 2021 y no varió su conducta en las elecciones provinciales de este año. A ese amplio contingente de desilusionados apunta en este momento el mensaje de Sergio Massa, que aterrizará esta semana en Santa Fe.
Pese a la hiperactividad del ministro-candidato, el desacople entre la elección nacional y provincial, la inercia del resultado de las Paso y la boleta única, que acentúa la dispersión, ponen al peronismo santafesino al borde del modo sálvese quién pueda.
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Con Perotti vuelto de la India pero todavía al margen de la escena, los cuatro primeros candidatos de la lista de diputados nacionales —el rossista Germán Martínez, la camporista Florencia Carignano, el massista Diego Giuliano y la cristinista María de los Angeles Sacnun— activaron la mesa Massa presidente, a la que sumó Lewandowski, aunque la pregunta es cuánta nafta encuentra la máquina peronista para andar.
Más allá de las fotos de apoyo y el intento de reavivar la llama de la mística, el senador nacional necesita recursos para la campaña y remixar el discurso. El gambetear los conflictos y las definiciones más que convertirlo en un candidato “atrapa todo” lo dejaron al borde de una indefinición riesgosa en términos electorales.
Mientras tanto, el peronismo está atado a la suerte de Massa, que recibirá del FMI un colchón de 7.500 millones de dólares a cambio de acelerar la devaluación y apretar el torniquete del ajuste en nervios siempre sensibles, y más en pleno proceso electoral: tarifas, planes sociales, salarios estatales y transferencias a las provincias.
A diferencia de Santa Fe, donde Unidos copó casi todo el ancho de banda opositor, a nivel nacional la presencia de Milei suma un interrogante no menor a la ecuación. Faltan dos semanas para saber si se está desinflando o se trata sólo de la expresión de deseo de una dirigencia política desgastada pero a la que la sociedad recurre, todavía, en busca de respuestas.