Muchas veces el fútbol se encarga de romper con los esquemas que parecen enmarcarse dentro de la lógica y en Central algo de eso se está viviendo. Tras el arribo de Leandro Somoza y de unos pocos partidos antes de iniciar un nuevo proceso, en el que debiera verse la mano del nuevo entrenador, la tiranía del tiempo empieza a hacer de las suyas. Por eso el partido del próximo jueves ante Godoy Cruz empieza a tener una relevancia suprema con respecto al futuro deportivo de Central y, en especial, del entrenador. Es que una nueva derrota podría motivar que desde la dirigencia canalla se aceleren ciertos procesos evaluativos que, en condiciones normales, no estaban previstos o, en el peor de los casos, estipulados para más adelante. Nadie debiera ruborizarse por leer o escuchar que la continuidad de Somoza al frente del primer equipo canalla empieza a transitar en un terreno de inestabilidad absoluta.
Somoza dijo sentirse “tranquilo” por el trabajo que se está haciendo “día a día”, pero de la misma forma admitió que no tiene la posibilidad de mejorarlo en el corto plazo por la falta de futbolistas. Es una visión entendible, ya que el contexto está claro y esas palabras de entrenador tienen mucho de verdad. Pero hay momentos en los que las exigencias se desentienden por completo del contexto.
Desde lo futbolístico, la derrota del viernes ante Huracán en el Tomás A. Ducó generó un malestar increíble, especialmente entre los hinchas, que vieron por televisión cómo Central se arrastraba futbolísticamente en un partido en el que jamás pudo hacer pie. Las imágenes de ese estilo son las que le dan cuerda a un reloj en el que las agujas parecen empezar a girar con mayor rapidez.
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Somoza tiene un porcentaje muy bajo de efectividad y necesita que el equipo levante.
Marcelo Bustamante / La Capital
Después, el tema de las responsabilidades es también crucial e indefectiblemente debe entrar en el ámbito de la discusión, pero se sabe que cuando los resultados no se dan, lo que se hace es tapar agujeros y emparchar sobre la marcha. Esto es tan viejo como el fútbol y lo que está planteado hoy, equivocadamente o no, es que si esos resultados no aparecen en lo inmediato podrían aparecer decisiones importantes al respecto.
Lo de la dureza del golpe que Central sufrió en cancha de Huracán fue tal que a las pocas horas de consumada esa derrota, precisamente en la mañana del sábado, el presidente Rodolfo Di Pollina y el vicepresidente primero Ricardo Carloni se hicieron presentes en el predio de Arroyo Seco para charlar con el entrenador. Sin que hayan trascendido demasiados detalles, se supo que la charla estuvo apuntada más que nada en los refuerzos, que por estos días es uno de los temas centrales en la vida del canalla. Es que a la dirigencia de Central se le está haciendo complejo complacer los deseos del entrenador y el propio Somoza no se cansa de repetir, en cada conferencia de prensa, que siente malestar porque no cuenta con el material suficiente como hacer crecer el equipo. De hecho, en cancha de Huracán habló de que necesita “ayuda”, lo que fue un mensaje directo a la comisión directiva. Entiende que es el propio club el que debe darle una mano para que pueda contar con mayores herramientas.
Lo que tiene el ciclo Somoza es que entró en un círculo vicioso en el que suele hallar aunque sea una mínima cuota de alivio cada vez que juega de local, pero que cada vez que el equipo actúa de visitante la descomposición se vuelve a hacer presente. Eso es lo que creen, se está transformando en un arma de doble filo y en una situación difícil de sostener. De allí la sensación que puede haber quienes piensen que es hora que la revitalización del equipo tome cuerpo y forma.
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Central tuvo una mala noche y Somoza volvió a reclamar por la falta de refuerzos.
Marcelo Bustamante / La Capital
Por eso, la reacción que muestre el equipo dentro de la cancha generará indefectiblemente una acción paralela hacia afuera. Y esto la forma en la que se expresen los hinchas también es tan viejo como el fútbol mismo. Un mal resultado el jueves acentuaría el descontento de parte de los simpatizantes canallas y la magnitud de las críticas también podría llegar a tener algo de injerencia.
No hay nada escrito sobre lo que ocurra el próximo jueves en el Gigante de Arroyito. No está establecido que si Central pierde Somoza no continuará en el cargo y mucho menos imaginable es el posible escenario en caso de un empate. Pero nada de ello invalida la idea que después de la raquítica puesta en escena en cancha de Huracán la preocupación pegó un salto cuantitativo. Sabe Somoza que el tiempo lo apremia, saben los dirigentes que para ellos también el reloj corre más rápido de lo habitual, sobre todo en estos meses previos a las elecciones.
La falta de refuerzos es un hecho y se ve a simple vista. Lo mismo ocurre con la justeza de un plantel que sigue siendo demasiado corto. Ocurre también que pese a esas contingencias, no menores por cierto, hasta aquí no se vio que la mano de Somoza fuera del todo eficaz para mejorarle la cara a un equipo que claramente se va descomponiendo desde lo futbolístico. Todo forma parte de un proceso en el que pinta haber decisiones en las gateras.