En Santa Fe en general, y en Rosario en particular, también se detectaron comedores comunitarios y aprietes mafiosos de las organizaciones “populares” que los manejaban. Fuentes de la fiscalía que investiga el caso en la Capital Federal lo explican a sus colaboradores de esta forma: “Hay pruebas de WhatsApp y documental que muestran la misma matriz en esa provincia. Estamos tan desbordados por la magnitud de la estafa y los delitos cometidos que pensamos notificar a los jueces de allá para que se ocupen, porque no podremos con todo”.
Esta semana se conocieron los allanamientos pedidos por el fiscal federal Gerardo Pollicita luego de reunir prueba ante el juez que demuestra que un grupo de organizaciones sociales, particularmente lideradas por el Polo Obrero, fraguaron la existencia de comedores a través de un sistema de jerarquías marciales que dividía a los colaboradores del sistema en cuatro castas a las que se ascendía por mérito. Las faltas eran castigadas con la privación de dinero o alimentos y hasta con vejámenes que algunos creen son la reducción a la servidumbre. El “Mérito”, obedecer en los piquetes y actos de protesta.
Cuando asumió Javier Milei, el referente del Polo Obrero, Eduardo Belliboni, habló de 45 mil comedores en todo el país. El embargo de envío de alimentos por parte de la ministra Sandra Pettovello para auditar ese número provocó una de las mayores movilizaciones callejeras en pleno verano. Allí, el número de los invocados comedores cayó a 8.500. El martes, Belliboni dijo: “Pongamos que de los 8.500 sólo existen 4 mil. Que manden la comida para esos 4 mil”. Pavada de deflación en las estimaciones.
Pollicita le explicó al juez Casanello que los que integraban las organizaciones sociales debían prestar asistencia perfecta a las marchas y cortes de calles so pena de quitarles derecho a recibir alimentos o, incluso, de ser obligados a prestar tareas en los domicilios de los jerarcas del Polo. “Hay denuncias que hablan de ser obligados a limpiar las casas de los dirigentes”, le dijo en estricto off el funcionario encargado de clasificar las denuncias.
Para sintetizar: inventaron sitios para alimentar a los necesitados aprovechando la real carencia de muchos de un plato de comida. Se robaron fideos, harinas, aceites y demás para uso propio o para venta comercial con provecho personal. Sometieron a sanciones de un Código Penal propio a los que no cumplían con sus objetivos.
En suma, una especie de organización piramidal de estafa sobre los más vulnerables. El ex ministro de Desarrollo, Juan Zabaleta, dijo que él sabía de “algunos casos así” (sic) y que hizo “un informe” (sic). ¿Y la denuncia penal? Nada de nada en la administración anterior. ¿Y las voces de repudio de los que defendían el Estado presente o “la patria es el otro”? Menos. Un escándalo económico, pero sobre todo moral, que no toma la velocidad judicial necesaria ni el estrépito político del caso.
Hace exactamente una semana, la ex vicepresidenta del gobierno que miró para otro lado el tema dijo no entender cómo todavía Javier Milei tenía apoyo de la gente. Quizá este se un ejemplo de los motivos para darle a la doctora Fernández. Hartazgo de lo que todo el mundo sospechaba y ahora se prueba. “Roban pero hacen” quedó reducido al primer verbo. Robaron. Y no trepidaron a la hora de meterse con los alimentos de lo que no los tenían.
El fin de los liderazgos clásicos
Jaime Durán Barba le explicó a este cronista que en este momento político del planeta se imponen los líderes que se oponen a cosas, expresan sentimientos de forma sonora y utilizan imágenes disruptivas. “Se terminaron los liderazgos clásicos de los políticos que hacen cosas de polìticos”, afirma el ecuatoriano. “Por eso, un Milei en contra de toda las casta es alguien que se opone, enojado o eufórico presiona la tecla de las emociones, y de peinado raro, que canta y dice «viva la libertad, carajo», sintoniza con las imágenes infrecuentes”.
¿Y si aparece Cristina para liderar al peronismo?, surgió como pregunta. “Lo favorece a Milei. Hay más claridad de a quién hay que oponerse”, asevera sin dudar Durán. “Incluso el hecho de que el PRO se haya convertido en un grupo de políticos clásicos, nada novedosos, ayuda al presidente”.
Javier Milei coquetea con lo reaccionario para jugar con lo disruptivo. Dispone un viaje presidencial con fines personales en el que aclara puntillosamente la presentación de su libro y que se verá con el oscurantismo del partido VOX de España. Y publica en su agenda oficial una “reunión con empresarios” genérica, sin mencionar a ninguno.
¿Puede un presidente de todos los argentinos darse sus gustos ideológicos viajando por motivos personales? En su entorno creen que no paga costos. “Somos la presidencia más austera”, dijo el vocero presidencial, que sigue opinando a título personal y no en nombre de su gobierno como hacen todos los voceros del planeta. “Las encuestas siguen reventando”, dijo un colaborador de la omnipresente secretaria general, Karina Milei, sin ponerse colorado ante el uso de semejante verbo.
El presidente navega contento haciendo gala de su personalidad y su ideología, mira desde otro andén el tren fantasma de la oposición que pendula entre los que acaban de gobernar y los que salieron terceros anestesiados, festeja una inflación de casi 9 por ciento y confía que la ciudadanía integre ese colectivo que reclama opositores efusivos. Habrá que ver si la realidad sintoniza con su deseo.