La reunión bilateral entre los presidentes Alberto Fernández y Xi Jinping en ocasión de la Cumbre del G20 realizada en Bali, Indonesia, destaca el contenido simbólico como material muy significativo.

La reunión bilateral entre los presidentes Alberto Fernández y Xi Jinping en ocasión de la Cumbre del G20 realizada en Bali, Indonesia, destaca el contenido simbólico como material muy significativo.
En términos simbólicos, Fernández, que venía de sufrir problemas de salud en las horas previas, se dirigió directamente desde el hospital en el que fue asistido hasta el hotel Mulia, donde se encontró con Xi. Ese contexto deja en evidencia la prioridad del vínculo con China para la política exterior argentina, impulsada principalmente por motivos comerciales y financieros. Esos motivos son de largo plazo pero también responden a la situación coyuntural argentina vinculada a la necesidad de resolver el abultado déficit en la balanza comercial bilateral y de fortalecer las reservas del Banco Central mediante la ampliación del swap (o intercambio de monedas) con China.
A la vez, como se desprende de las propias palabras del presidente argentino, ambos países coinciden en un modelo de orden internacional basado en la defensa del multilateralismo. En esa línea entendemos a las posiciones comunes en el marco del G 20 y a la adhesión de Argentina al Banco Asiático en Inversión en Infraestructura (AIIB por sus siglas en inglés) en marzo de 2021 y a la Nueva Ruta de la Seda (BRI, por sus siglas en inglés) en febrero de este año. La decisión de Argentina de incorporarse a ambas iniciativas globales chinas que se presentan como propuestas institucionales alternativas a las existentes -surgidas luego del fin de la segunda guerra mundial-, supone un respaldo al nuevo modelo de gobernanza global propuesto desde 2013 por Xi Jinping y fortalece la relación con China.
En forma adicional, debemos subrayar que 2022 es un año simbólicamente relevante para el vínculo bilateral debido a que se celebra el 50 aniversario del establecimiento de relaciones diplomáticas entre Argentina y China. Este dato nos permite realizar algunas consideraciones sobre el impacto del aumento de las capacidades chinas y su tránsito de un país pobre a una potencia global en la relación con Argentina. En líneas generales, la creciente importancia que la política exterior argentina le asigna a China proviene de la proyección de su influencia política, comercial, financiera y tecnológica sobre la relación bilateral, que la posicionan como un socio internacional de primer orden para nuestro país. Sin embargo, es un vínculo asimétrico, en el que Argentina dispone de recursos y márgenes limitados para mejorar su posicionamiento y desempeño en relación a China.
En términos materiales, el encuentro giró en torno a dos temas centrales: comercio y finanzas. Para más presiones, debemos mencionar que la reunión en Bali fue la segunda “presencial” entre Fernández y Xi. Previamente, en el marco de la visita a Pekín del presidente argentino en el mes de febrero con motivo de la inauguración de los Juegos Olímpicos de Invierno en esa ciudad, ambos gobiernos firmaron una serie de acuerdos vinculados con inversiones y cooperación. Los proyectos más relevantes sobre los que se suscribieron distintos documentos en esa ocasión son: infraestructura -acueductos, puentes, rutas-, minería, energías limpias -nuclear y eólica- y producción de celulares. Recordemos que más allá de los acuerdos alcanzados, en febrero la agenda bilateral se ordenó en virtud del “Plan Quinquenal integrado” a partir del cual Argentina dejaba sentadas las áreas prioritarias del vínculo sobre las que pretende avanzar. Por lo tanto, encontramos un hilo conductor vinculado con el interés por dinamizar el vínculo en determinados sectores de la economía.
En relación al comercio, la comitiva argentina planteó la necesidad de reestablecer el equilibrio, en tanto el saldo deficitario para nuestro país impacta negativamente en las reservas que deben utilizarse para pagar las compras a China. En atención a ese pedido, Xi manifestó su predisposición a favorecer las compras de productos argentinos con mayor valor agregado. Si bien este es un indicio positivo en tanto muestra disponibilidad política, esta no es la primera ocasión ni el de Alberto Fernández es el primer gobierno argentino que pone sobre la mesa la preocupación por esta problemática, la cual aún no ha sido resuelta. Anteriormente, el gobierno chino propuso fomentar el turismo desde su país hacia el nuestro como mecanismo para mitigar dicho déficit. Sin embargo, desde 2008 persiste y se amplía el saldo negativo para Argentina en el comercio con China. De hecho, las ventas argentinas están fuertemente concentradas en productos primarios con un escaso valor agregado, mientras que las ventas chinas son manufacturas de origen industrial con un alto valor agregado.
En cuanto a finanzas, el anuncio de la ampliación del swap de monedas por el equivalente en yuanes a unos 5.000 millones de dólares repercute en la economía argentina en tanto fortalece las reservas del Banco Central. Si bien el anuncio del ministro de economía Sergio Massa hizo énfasis en que dicho instrumento es de “libre disponibilidad”, en realidad esta es una característica habitual de los swaps. Cabe aclarar que esa “libre disponibilidad” supone que los yuanes pueden convertirse a dólares con la finalidad de ser utilizados en el mercado cambiario o pagar deuda, pero con el requisito sine qua non de que esta operatoria debe contar con la aprobación del Banco Comercial de China. Por otra parte, habitualmente los swaps vienen “atados” a los acuerdos de construcción de infraestructura china en Argentina, de modo de asegurar la concreción de los proyectos acordados, más allá de los cambios de políticas o gobiernos en nuestro país.
Otro tema vinculado a la relación financiera que se trató en el encuentro entre Fernández y Xi fue el pedido para que China ponga al día los desembolsos y reembolsos relacionado con las represas Néstor Kirchner y Gobernador Cepernic, que se construyen en la provincia de Santa Cruz. Según los funcionarios argentinos, Xi dio instrucciones al Consejo de Desarrollo de su país para que cubra la deuda pendiente, lo cual aceleraría la finalización de las obras acordadas en 2013 por el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner.
Como balance de 2022, a 50 años del establecimiento de relaciones diplomáticas entre Argentina y China, consideramos que este fue un año de avances en el vínculo, tanto en el plano simbólico -que funciona como basamento de las relaciones- como en el nivel material -en el cual se avanzó en la diversificación de temas involucrados en las inversiones y la cooperación-. Resta ver qué ocurra en la dimensión comercial, donde nuestro país enfrenta el desafío de dotar de mayor valor agregado a las exportaciones para mitigar el déficit en la balanza bilateral.
(*) Carla Oliva, es licenciada en Relaciones Internacionales y Magíster en Cooperación e Integración Internacional. Docente de la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales. Coordinadora del GECHINA (Grupo de Estudios sobre China y Argentina) de la UNR.
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