Además, se diversificó de tal modo que incluye desde ferrocarriles, rutas, puertos, aeropuertos e infraestructuras de transporte hasta estándares comerciales, aduanas y comercio electrónico. Este entramado de infraestructuras y reglas da cuenta de las capacidades de China y de su atractivo para el resto del mundo.
Si miramos retrospectivamente, podemos decir que el camino de Pekín en comercio mundial es simplemente arrollador. A principios de 1980 tenía un papel absolutamente marginal en los intercambios internacionales: representaba un escaso 1% del total. La reforma económica lanzada por Deng Xiaoping tenía el objetivo de mejorar la calidad de vida de la población a través de una política de puertas abiertas o, lo que es lo mismo, la apertura al exterior. Por eso, el comercio con los vecinos ricos de Asia -Japón, Corea del Sur, Singapur- fue el primer paso en esa estrategia.
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Reunión entre Alberto Fernández y Xi Jinping en el Gran Palacio del Pueblo de Beijing.
Fuente: Casa Rosada
El siglo XXI comenzó de la manera más prometedora posible para los gobernantes. Después de años de negociaciones, lograron la reincorporación a la Organización Mundial de Comercio (OMC). Ese hito dio lugar a una expansión aún más significativa que en los años anteriores. Desde 2008, China es la principal potencia comercial mundial -primera en exportaciones y segunda en importaciones-, seguida por Estados Unidos.
Los cambios fueron tanto cuantitativos como cualitativos. China pasó de ser un país caracterizado por la mano de obra abundante y barata que producía manufacturas a bajo costo a ser un centro de innovación tecnológica internacional. Además, mientras sigue fortaleciendo su rol en el comercio internacional, no descuida los flujos financieros, la expansión de sus empresas, la formación científica de sus jóvenes y todas las políticas estratégicas que la posiciona como potencia.
La Nueva Ruta de la Seda es una evidencia de su disposición a presentarse y actuar como una potencia mundial. En términos temporales, el anuncio de la iniciativa fue una respuesta al Acuerdo Transpacífico (TPP) de la administración Obama, que dejaba afuera a Pekín. Como primera medida, el expresidente Hu Jintao impulsó la Asociación Económica Integral Regional (RCEP), una zona de libre comercio que excluye a Estados Unidos. Luego, el actual presidente Xi demostró una gran capacidad de liderazgo y llevó adelante acciones para fortalecer su protagonismo internacional anunciando la Nueva Ruta de la Seda.
Estamos ante un país con la ambición de posicionarse como centro del sistema internacional, que puso fin a los esfuerzos de modestia y al bajo perfil característicos del denguismo. Hacia finales de los setenta, cuando se inició el proceso de reforma económica, la muletilla de los líderes era “China es un país pobre”. A partir de 2013, la frase más escuchada de boca de los referentes es “China es una potencia”. Se trata de un salto discursivo que pone al descubierto cómo se ven a sí mismos y qué lugar se asignan en el mundo.
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Alberto Fernández bajando escaleras del Gran Palacio del Pueblo en Beijing.
Fuente: Casa Rosada
Desde la visión china, su papel protagónico en la política internacional está directamente relacionado con su autopercepción como país central en los asuntos mundiales. Recordemos que el nombre del país en mandarín se escribe (zhong guo). El primer carácter significa centro y el segundo, país: juntos forman el “centro del mundo”.
Históricamente, China fue el centro desde el cual se expandieron conocimientos, técnicas, filosofías y bienes materiales. La decadencia sobrevino durante la última dinastía, etapa en la cual perdió la centralidad y pasó a ser una más entre todos. La recuperación de su estatus como país central es hoy una realidad. Y en este contexto, se refuerza el orgullo nacional a partir de su herencia cultural y sus aportes tecnológicos y científicos al progreso de la humanidad. En nuestros días ese orgullo se presenta en la forma de patriotismo incentivado desde el gobierno.
En el período imperial en el que China era el país más “culto, avanzado y civilizado” de la tierra, la seda y otros bienes producidos allí se vendían al resto del mundo. Esa ruta comercial era conocida como la “Ruta de la Seda”. A ese momento histórico de esplendor político y comercial remite la elección de “Nueva Ruta de la Seda” para designar a la iniciativa de Xi. Es una decisión pensada alrededor de la idea que motoriza las acciones del gobierno: la recuperación del pasado glorioso.
Xi dejó en claro que se inicia un nuevo capítulo en la construcción de la diplomacia, en el cual es determinante la comprensión que el país se encuentra ante una oportunidad. Por lo tanto, este es un momento clave para construir un nuevo orden con premisas acordes a las propuestas de Pekín.
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El presidente argentino recibió el título de profesor Honoris Causa de la Universidad de Tsinghua (Beijing), la más importante de China.
Fuente: Casa Rosada
Coincidentemente, en esta nueva etapa China busca aumentar su influencia en la gobernanza internacional. Pero ¿qué es la gobernanza y cómo influir en ella? En líneas generales, es el sistema de reglas, procesos e instituciones que inciden en los procesos de toma de decisiones mundiales. Las iniciativas de la Nueva Ruta de la Seda, el Banco Asiático en Inversión e Infraestructura (AIIB) y el Nuevo Banco de Desarrollo son la expresión más acabada de las pretensiones de protagonismo internacional de China. Son propuestas institucionales alternativas a las del orden liberal nacidas luego del final de la segunda guerra mundial en el que la potencia triunfante fue Estados Unidos. En relación a este tema, Xi precisó que el objetivo de China no es reemplazar el orden existente, sino desempeñar un papel mayor para “orientar” la reforma del sistema internacional.
Sin dudas, la diplomacia de gran potencia, la aspiración a establecer nuevas reglas mundiales y las iniciativas internacionales de alto perfil, generan una gran preocupación en otros actores. El caso de Estados Unidos es el más representativo, pero no el único. El año pasado Joe Biden calificó a China como el “competidor más serio” de Washington y anunció un proyecto global de infraestructura destinado a hacerle frente a la Nueva Ruta de la Seda. En relación a América Latina, el presidente estadounidense formuló una opinión tajante. No quiere que la región repita el esquema de África, la cual, según sus palabras, “está a merced de China”. Por lo tanto, anunció un plan de inversiones para contener a Pekín.
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Cónclave bilateral entre la comitiva Argentina y el gobierno chino, Beijing.
Fuente: Casa Rosada
Argentina y la Nueva Ruta de la Seda
Recientemente el presidente Alberto Fernández firmó la adhesión de Argentina a la Nueva Ruta de la Seda. Si bien durante la presidencia de Macri se había planteado el interés en una futura incorporación, no se dieron los pasos formales para concretarla, en parte debido a las presiones de Estados Unidos en el sentido contrario. Recordemos que durante el gobierno de Cambiemos Argentina cumplió con todos los procedimientos necesarios para incorporarse al BAII, estructura de financiamiento que en los hechos respalda las inversiones de infraestructura de la Nueva Ruta de la Seda. Más tarde, en el gobierno de Fernández, Argentina ingresó oficialmente al BAII. Por lo tanto, la adhesión a la Nueva Ruta de la Seda cierra el círculo comercio-inversiones característico de la estrategia china. A la vez, Argentina da respaldo de hecho al nuevo modelo de gobernanza planteado por el gobierno de Xi.
La decisión de incorporar a Argentina a la Nueva Ruta de la Seda fortalece los vínculos entre ambos países y brinda un espacio institucional para conectar comercio e inversiones. En el nivel comercial, China tiene un rol central para Argentina y existen posibilidades de ampliación de las ventas. También en el nivel financiero China desempeña un papel clave para nuestro país. Igualmente, se esperan más flujos de dinero para desarrollar redes ferroviarias, caminos e instalaciones portuarias y otras inversiones en diferentes sectores como litio y energías limpias, entre otras. Esas inversiones, además de ser funcionales a los objetivos comerciales, generan empleo local. Desde esa perspectiva, son una oportunidad para Argentina.
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Cónclave bilateral en el Kremlin, el presidente ruso Vladimir Putin recibió a su par argentino.
Fuente: Casa Rosada
Otras miradas
También existen cuestionamientos vinculados a la participación. Algunos analistas sostienen que refuerza la opción estratégica de nuestro país por China en un contexto de competencia con Estados Unidos. En este sentido, recordemos que muchos aliados de Estados Unidos -entre ellos varios países europeos- integran la iniciativa. Por lo tanto, no habría una necesidad imperiosa de definirse por Washington o Pekín.
Otro de los cuestionamientos gira en torno a las deudas con China que toman los estados receptores de las inversiones, puntualmente porque vienen asociadas a préstamos provenientes de bancos chinos. Este es un tema muy amplio para tratar, sobre todo porque en el caso argentino involucra nuestra necesidad constante de obtener financiamiento del exterior, lo que es una debilidad estructural y excede las oportunidades propias de participar en la Nueva Ruta de la Seda. Sin embargo, está claro que todos los proyectos de inversiones asociados a préstamos del exterior pueden representar un desafío a futuro y deben ser evaluados cuidadosamente.
En resumen, China avanza en su diplomacia de gran potencia al proponer instituciones internacionales alternativas a las vigentes. El resto del mundo responde con admiración y recelo, como siempre ocurre con las potencias. De algo podemos estar seguros: China avanza sin vacilaciones en su estrategia internacional.
(*) Carla Oliva, es licenciada en Relaciones Internacionales y Magíster en Cooperación e Integración Internacional. Docente de la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales. Coordinadora del GECHINA (Grupo de Estudios sobre China y Argentina) de la UNR.
https://twitter.com/alferdez/status/1490332024216985603