Franco Luciani inició una prolífica carrera en 2002 y desde entonces no ha parado de crecer. Después de abrir el show despedida de Joan Manuel Serrat el sábado pasado en el Autódromo, el notable armoniquista y compositor rosarino se presentará este martes 8 de noviembre en la sala Lavardén, a las 20.30, para celebrar sus 20 años de trayectoria en un concierto con entrada gratuita. En el recital estará acompañado por los músicos de su grupo y un cuarteto de cuerdas, y además habrá invitados sorpresa.
El punto de partida de Luciani fue aquel importante Premio Revelación que recibió en el Festival de Cosquín de 2002. Su carrera partió del folclore y el tango, pero también incursionó en el jazz y en la música clásica, compartiendo escenarios y discos con muchos colegas de diversos géneros y estilos, tales como Mercedes Sosa, Egberto Gismonti, Lila Downs, Eva Ayllón, Gotan Project, Los Wawancó y Pedro Aznar, entre otros. En diálogo con La Capital, el músico repasó distintos aspectos de su rica historia.
—¿Cómo fue el 2002 para Franco Luciani?
—Fue un año de quiebre. Todo empieza con el Pre Cosquín, antes del Premio Revelación. Gané el certamen en el rubro solista instrumental con la armónica, el instrumento que ya me había cautivado y en el cual estaba depositando la mayoría de mi tiempo y mi energía. Toqué en el festival, para la televisión, ya había tocado el cielo con las manos, ese había sido mi objetivo, no necesitaba más, pero después se sumó la revelación. Eso tuvo doble importancia: primero por el premio en sí y después porque a mí me definió con la armónica, porque no es que yo venía tocando la armónica desde siempre. En el 2002 también fue la presentación de mi primer disco, “Armusa”. Así que ese año se dio todo para torcer el camino.
—Después de Hugo Díaz el instrumento perdió presencia. ¿Considerás que con el tiempo fuiste adquiriendo la responsabilidad de reflotar la consideración de la armónica en la música popular?
—Sí, sin dudas. Todo estos años de sucesos y reconocimientos de mi carrera con la armónica, más la opinión de los periodistas, especialistas y músicos más reconocidos, incluso de quienes fueron contemporáneos y colegas de Hugo Díaz, así lo ratifican. Es una posta que tomé con todo el respeto y compromiso desde el principio y así seguirá. La armónica es maravillosa como el arte, más allá de lo romántica que suene la frase, no tiene límites. Como todos los instrumentos, tiene un límite de recursos según sus características, pero siempre hay algo nuevo por descubrir. Es un instrumento muy popular, pero pocos saben todo lo que se puede hacer con ella. Tiene muchísimos recursos tímbricos más allá de tener también un rango muy amplio. Puede aportar muchísimo para nuestra música popular, para todos los géneros del mapa musical argentino.
—Muchos nombres importantes te avalaron en tus comienzos en el mundo del folclore y del tango, entre ellos Lidia Borda, Raúl Carnota, Peteco Carabajal, Ildo Patriarca, Mercedes Sosa, Luis Salinas y Toño Rearte. Si bien en tu historia hay algunas ventanas con música de Brasil o de Perú, por ejemplo, básicamente estamos hablando de folclore y tango en tu repertorio. ¿Cómo fuiste manejando esa forma de armar tu carrera juntando los dos géneros?
—A nivel discográfico lo hice desde un inicio. Si bien yo había salido de Cosquín y era un artista del folclore, ya en “Armusa” incluí tres piezas del repertorio tanguero: “Sur”, con Marcelo Stenta; “El esquinazo”, con Juancho Perone, y “Flor de lino”, con el maestro Eduardo Spinassi. Siempre estuvo esa estética o esa ideología del “cantor nacional” que inaugura Gardel, que nunca dejó su repertorio criollo. Siempre lo pensé como un todo, uniendo el folclore y el tango, respetando cada lenguaje. Para mí ha sido algo muy natural, este pequeño gran instrumento me lo permite.
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Luciani en vivo el sábado pasado, como telonero de Joan Manuel Serrat.
—¿Cómo fueron surgiendo la improvisación, las composiciones propias y tu labor como cantante?
—Fueron apareciendo de manera progresiva, sin planearlos. Mi primera composición fue “El canaya”, una dedicatoria a mi querido Rosario Central y al Negro Fontanarrosa, a quien tuve el placer de tocarle esa obra un par de veces en vivo, lo cual es un regalo que me llevo en el alma. Nunca me lo tomé como una exigencia. Con la voz sucedió exactamente lo mismo. Empecé haciendo coros en mi grupo, después en Proyecto Sanluca (con Carnota y Rodolfo Sánchez) y con el fugaz proyecto con Daniel Maza. Empecé a tomar un poco más de confianza en el disco “Anda en el aire”, ahí decido cantar pasajes o una obra entera. El disco fue muy recibido, ganó el premio Gardel. Además, en el disco con (José) Colángelo canto unos estribillos, así que el canto es algo que llegó para quedarse.
—¿Cómo te ves a vos mismo? ¿En qué aspectos percibís que está claro tu crecimiento?
—Me sigo viendo como ese muchacho inquieto del principio, pero desde otra perspectiva. Soy más consciente de los lugares donde me siento cómodo y donde no tanto. Creo que el compromiso es para uno mismo y para el arte y para nadie más, porque de esta manera uno es más respetuoso con la entrega. No sólo crecí en lo profesional, también en lo personal fui papá y ya peino canas (risas).
—¿Cómo viviste la cercanía con Serrat estos días en Rosario?
—Fueron dos hermosísimas experiencias. El homenaje en la esquina de (el bar) El Cairo fue muy emotivo y de gran valor para Rosario. En el concierto en el Autódromo hice la apertura con Leonardo Andersen y me sentí muy cómodo, la respuesta del público fue maravillosa. Luego supe que él se acercó al costado del escenario y estuvo escuchando parte del concierto. Al terminar, me buscaron para pasar a su camarín porque él nos quería saludar y ahí charlamos un ratito. Fue un reencuentro: nosotros nos habíamos conocido en un homenaje que le hizo Gerardo Rozín, donde toqué para él un par de canciones y compartimos la mesa final. Recordamos esa situación y también a Gerardo con mucho cariño, nos dimos un abrazo y para mí fue un valioso reconocimiento.
—Hay expectativa siempre de saber cómo está tu presente, además de tu historia. ¿Cómo está pensado y armado el concierto de hoy?
—Este concierto no pretende ser una retrospectiva o un repaso cronológico de discos, sería imposible, porque en mi historia hay momentos y búsquedas muy diferentes. Va a haber obras de discos viejos que siempre están en mi repertorio y algunas retomadas para la ocasión. Algunas obras serán con un cuarteto de cuerdas sumado a Pablo Motta (contrabajo), Leo Andersen (guitarra) y Bruno Resino (percusión). También habrá algunos invitados que serán sorpresa del momento, que son músicos que tienen que ver con mi carrera y con mis participaciones. Realmente va a ser una celebración porque presenté “Armusa” hace 20 años, para esta época, también acá en Lavardén.