Fotos van, fotos vienen, la oposición se entretiene. Sin embargo, la película del no peronismo para 2023 recién está en etapa de preproducción y el final está por escribirse.

Por Mariano D'Arrigo
Radicales, socialistas, dirigentes del PRO y representantes de otros espacios de Juntos por el Cambio y el Frente Progresista, protagonistas de varias fotos políticas.
Fotos van, fotos vienen, la oposición se entretiene. Sin embargo, la película del no peronismo para 2023 recién está en etapa de preproducción y el final está por escribirse.
Destacado en el mapa de todos los búnkers que confrontan, a su manera, con el Frente de Todos, el territorio santafesino recibió esta semana a los principales presidenciables del PRO. Que son, a su vez, los presidenciables más fuertes de la oposición.
Mientras Patricia Bullrich se movió como una estrella de rock en el festival halcón que montó el jueves en Funes para tocar sus hits antikirchneristas, Horacio Rodríguez Larreta giró por la tierra de Vicentin con Dionisio Scarpin como telonero. El senador y ex intendente de Avellaneda sonó hace unas semanas como candidato a gobernador de Mauricio Macri. Una foto no se le niega a nadie.
Suscriptores de una tregua que se acabará más temprano que tarde, el jefe de gobierno porteño y la presidenta nacional del PRO protagonizan una pulseada que por momentos recuerda a la interna que libraron en el PJ a fines de los ochenta Carlos Menem y Antonio Cafiero.
Como el abuelo del actual canciller, Rodríguez Larreta aparece como el favorito: tiene los fierros de la gestión y mayor vidriera nacional. Como el riojano, Bullrich patea las provincias, arma de abajo hacia arriba y se vende como el instrumento para romper el statu quo.
En el tablero de cada uno se encienden distintas alertas. Así como en las primarias tienen ventaja quienes logran movilizar a los votantes intensos, para las generales se necesita sumar al cuadro a los moderados.
Es un problema de extrema actualidad para las derechas sin filtro. Jair Bolsonaro perdió la reelección y la marea roja a la que se quiso subir Donald Trump al final fue una olita.
Las últimas elecciones en Brasil y Estados Unidos marcan también que, pese a todos los problemas que enfrentan los gobiernos derivados de la pandemia y la invasión rusa a Ucrania, exacerbados por la impaciencia social, los oficialismos pueden ser competitivos en las urnas.
En el caso argentino, la condición necesaria, pero no suficiente, es que el congelamiento de precios que anunció esta semana Sergio Massa con la anuencia de un establishment aterrado al caos sirva para bajar la temperatura de la inflación.
Si quiere ganar el año que viene, a ese requisito mínimo el peronismo debe sumarle otros: la resurrección de los ingresos de quienes cobran en pesos, encontrar un mecanismo para soldar la fractura expuesta en el Frente de Todos y ofrecer una fórmula electoralmente atractiva, y prenderle velas a la dispersión opositora. Una carambola más que difícil, pero no imposible.
Confiados en que inexorablemente el péndulo oscilará y será el turno de la actual oposición de ejercer el poder, radicales, socialistas, javkinistas, dirigentes del PRO se empujan para tratar de ocupar un lugar central en la postal del nuevo frente opositor. También, para correr a algunos a los márgenes. O, directamente, sacarlos del plano.
“Se los invitó a retirarse y no sólo no se fueron, sino que se abrazaron a Losada y Anita”, dispara sobre el socialismo un dirigente de Juntos por el Cambio.
En el PS y en el vector que tiene a la senadora nacional como principal cara visible ven la mano de José Corral en la ofensiva por la designación de los jueces comunitarios, justo dos días después del faltazo del socialismo y Galdeano a la foto opositora en la UNL.
“José tiene una influencia muy grande sobre el grupo de Pullaro. Él quiere sacar a Emilio (Jatón) del frente y lee que con Javkin alcanza”, dicen desde el socialismo.
Con lenguaje jurídico, en el entorno de Losada plantean que “el exceso de la legítima defensa es delito”. Y apelan a la teoría de la despedida de soltero. “Íbamos de a treinta muchachos. Primero volaba una panera, después un sifonazo. Lo que empezaba como una joda con el correr de la noche terminaba a los botellazos e incluso con algún muerto”, dice un viejo lobo de ese sector.
Lo cierto es que la foto del viernes en el Concejo rosarino abrió distintas interpretaciones. Incluso entre sus promotores.
“No hay que hablar de ‘contrafoto’, ni una escudería A contra una escudería B. Es cierto que los sucesos de la última semana permitieron construir un diálogo, pero pensar que eso representa un armado electoral es ciencia ficción”, señalan desde el socialismo.
A priori, el PS es el jugador más complicado si las elecciones santafesinas se desplazan hacia septiembre y los comicios provinciales se nacionalizan.
En tanto, en el dispositivo Losada observan que la foto en el Palacio Vasallo puede empezar a trazar un eje pero no quieren acelerar los tiempos.
“Tratamos de gobernar la ansiedad. Al interior de los partidos te apuran, pero la agenda real te marca que no es momento de sacar la cabeza. Igual, tampoco podemos dejar el andarivel libre para que otros lo ocupen tan fácil”, señalan.
Lo que subyace a esas fotos es la debilidad de los partidos y de los liderazgos. A diferencia de lo que sucede en Mendoza, Corrientes o Jujuy, donde gobiernan frentes opositores amplios encabezados por el radicalismo, en Santa Fe no hay quien hegemonice y el escenario es de relativa horizontalidad. Un síntoma del tribalismo exacerbado es que sectores internos de la UCR, el PRO, e incluso del PS, ponen fichas a esquemas diferentes.
Un interrogante, no menor, es cuántos candidatos participarán de la interna. Algunos creen que podrían ser hasta cuatro.
Más allá de que se perfilan dos polos donde las principales caras tienen ADN panradical —Pullaro en uno, Losada y Javkin en otro— cuesta pensar que partidos como el PRO y el PS no presenten candidato (o candidata) a la Gobernación.
Algo similar sucede en el peronismo con el rossismo y La Cámpora, donde Leandro Busatto y Marcos Cleri aseguran que quieren jugar hasta el final. Todos ponen en juego identidades políticas y tratan de representar a segmentos del electorado selectivos al elegir su canal de expresión política.
Otra incógnita clave para el armado del escenario es si Losada se pondrá el traje de candidata. Podría ser un factor de peso, por ejemplo, para que Javkin decida avanzar hacia la provincia o ir por la reelección en Rosario.
“Carolina tiene ganas de ser parte y está para protagonizar y ocupar el rol que tenga que ocupar, pero todavía falta mucho. Hay que ver cuál es la coyuntura en que se va a dar la elección y ella está dispuesta a asumir el compromiso, siempre y cuando no se haga más de lo mismo”, deslizan desde su entorno más cercano.
En los distintos campamentos políticos elaboran diferentes hipótesis. Algunos creen que Losada no dejará la comodidad del Senado para bajar a la provincia a tratar de cortar las mil cabezas de la hidra del narcotráfico.
Otros, en cambio, consideran que no desaprovechará la oportunidad de llegar a lo más alto del poder provincial. Mucho más después de la incorporación del futuro esposo de Losada, el senador nacional Luis Naidenoff, a la mesa chica de la legisladora. “¿Vos te creés que si le dan los números Naidenoff se va a perder de ganar una provincia tan importante como Santa Fe?”, pregunta retóricamente una persona que conoce, y bien de cerca, al representante formoseño.

