Después de estar siete años cerrado, este martes fue el último día que en la casona de Santa Fe al 700 que Firma y Odilo Estévez compraron en 1921 y donaron a la ciudad para convertirla en museo tuvo sus salas y pasillos repletas de andamios. Más de tres años llevaron los trabajos de restauración de este edificio que es Monumento Histórico Nacional y resguarda invaluables colecciones de platería, piedras, pinturas, marfiles y otras piezas.
Ahora, ya están listos los vitrales, los pisos de roble de eslavonia, la yesería y la pintura, el patio español, los entelados, los tendidos eléctricos y las alfombras de las salas. Pero además, reabrirá para mostrar nuevas capas históricas de la ciudad: varios metros cuadros de vidrio templado sobre los que se podrá caminar para ver la Rosario del 1700, los vestigios históricos de la ciudad colonial, los únicos y los más antiguos encontrados.
"Esta restauración reconstruye al museo desde su raíz", dijo Analía García, directora del espacio, que ya con "todo listo" sólo busca en el calendario terminar de definir la fecha de inauguración y está convencida de estar frente a una nueva etapa. "Ahora, como casa museo, El Estévez ocupará un lugar de pleno valor patrimonial, entre los más importantes de la Argentina y de Latinoamérica", afirmó.
De este modo se cierra un proceso que se inició con severos problemas estructurales, filtraciones y la necesidad urgente de rehacer los desagües pluviales del antiguo inmueble que provocaban, cada vez más, el hundimiento de los pisos de los señoriales salones. Hubo idas y vueltas, e incluso demoras casi eternas por tratarse de la obra de restauración más importante que se puso en marcha desde su apertura.
El trabajo finalmente comenzó gracias a la donación de las obras estructurales por parte de la constructora MSR y ahora, con un descubrimiento arqueológico en el medio, llega a su fin. "Es sin dudas la intervención más grande desde que se construyó la casa", señaló García a La Capital.
La historia, capa sobre capa
Lo que sucedió en medio de la restauración fue que la vieja casona se redescubrió a sí misma. Al levantar los pisos para los arreglos de los desagües emergieron vestigios arqueológicos de finales del 1700 que ahora podrán verse debajo de dos enormes ventanas de vidrios templados que quedaron sobre el piso de las salas.
"Ya no solo es una casa museo que es Monumento Histórico Nacional y que, ubicada frente a la plaza y la Catedral, ha sido testigo de la historia de la ciudad, sino que además en su interior involucra los vestigios históricos más antiguos de la Rosario colonial", agregó la directora sobre los descubrimientos realizados por el equipo de arqueólogos de la Universidad Nacional de Rosario (UNR) que trabajó en las excavaciones.
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Detalle de la excavación arqueológica de la UNR.
Quienes lo visiten en el corto plazo podrán entrar al museo y se encontrarán caminando sobre paneles de vidrios templados que justamente les permitirán ver esos descubrimientos. "Son vidrios templados de alto tránsito que están sostenidos en rieles de fundición y permiten recorrer las excavaciones, que además tienen una iluminación que es parte de la nueva que tiene todo el edificio", contó la directora.
Lo que se puede ver hacia abajo son las capas de la historia de la ciudad y los años anteriores a la casona, previa a la adquisición en 1921 de Firma y Odilo Estévez. Es que todo indica, de acuerdo a las investigaciones, que esa historia es mucho más antigua: el terreno supo ser una huerta en declive y hay referencias que incluso señalan que su medianera, el muro que la separa de la propiedad que era de la familia Uranga, fue la primera de Rosario.
Además, el actual hall central de la casona supo ser, en su formato anterior, el patio de la familia Ibarlucea, que fueron los habitantes anteriores. "Esa casa era de finales del 1800 y en ese patio estaba el aljibe del cual en las excavaciones quedó a la vista el brocal. Pero además, aparecen también allí los vestigios de la colonia de finales de 1700, ya que aparecen los antiguos albañales que no son más que los sistemas de desagüe de aquellos tiempos, que datan de entre 1790 y 1830", explicó García.
Así, ahora "El Estévez", como suele llamárselo, no solo mostrará cómo era la vida cotidiana de un matrimonio de comerciantes de la burguesía local que hizo fortuna en los primeros años del siglo XX, sino que además permite adentrarse en un viaje a los tiempos de la vieja Villa del Rosario.
La reconstrucción
Aunque aún están definiendo la fecha para la "Noche de gran apertura", García señala que "todo está listo" y si bien reconoce las demoras que llevaron incluso a posponer la apertura desde mediados del año pasado por la tardanza en la llegada de los vidrios templados importados que ahora custodian los yacimientos arqueológicos, así y todo encuentra lo positivo. "Eso nos dio tiempo para poder también arreglar el patio español", agrega.
Con tramos de clableado todavía de tela, toda la instalación eléctrica de las salas fue renovada y cambiada a led, así como fueron renovadas las arañas de cristal de baccarat de las salas Francesa y Española.
Sobre los nuevos desagües fueron también restaurados los pisos de roble de eslavonia de la casa que habían sido comprados en Milán en 1921 a la firma Fratelli Zari. Un trabajo pieza a pieza que el museo llevó adelante junto al Departamento de Carpintería del Centro Cultural El Obrador y con mujeres aprendices del oficio.
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Todas las salas de la casona fueron restauradas y renovados los sistemas de iluminación.
Se recuperaron los entelados, así como las alfombras que habían sido encargadas a la Real Fábrica de Tapices de España y que tenían sectores faltantes en las piezas. Los estucados estuvieron en manos del equipo de trabajo del Grupo Basamento, que viene de restaurar nada menos que la cúpula del Teatro El Círculo y también una de sus integrantes se ocupó de los vitrales; en tanto, todo el trabajo de pintura lo realizó la Secretaría de Obras Públicas del municipio.
Ahora, en esta semana, también la fachada sobre San Lorenzo aprovechará para ser repintada, mientras que los equipos del Estévez junto a pares del Castagnino llevan adelante los montajes y para eso, la limpieza de las piezas es una a una.
Cada cosa va ocupando su lugar. García reconoce "los momentos de desazón" cuando los arreglos necesarios para la casa no llegaban; sin embargo, no deja de mirar ahora hacia lo que está por venir. "Esta restauración reconstruyó al museo de raíz, fue a sus cimientos y desde ese lugar lo reconstruye apostando no sólo a lo que es como museo de arte decorativo, sino como una casa museo que involucra los vestigios más antiguos de la ciudad; deja de ser testigo para ser parte de esa historia", concluyó.