Viernes al mediodía. Córdoba e Italia. Una cola de media cuadra reúne a personas que esperan para comprar tarjetas de graduaciones, acaloradas y al rayo del sol. Son jóvenes y familiares de distintos colegios. Algunos se abanican con folletos, revistas, lo que tienen a mano. Una mujer afirma que aguarda hace tres horas. Bulevar Oroño y Santa Fe, mismo horario. Un grupo forma una fila similar, en la puerta de otra empresa. Todos buscan lo mismo: entradas para el festejo de fin de año de colegios secundarios. La búsqueda parece haberse vuelto una odisea.
Hace dos semanas la provincia autorizó a los salones a que los invitados puedan bailar los días de semana. Los padres de diferentes cursos no querían hacer la fiesta de egresados porque esa actividad no estaba habilitada, y apenas lo hicieron empezaron a salir de golpe a comprar las tarjetas. La venta de entradas se maneja en un 80 por ciento con dos productoras, Colours Dreame. Solo el 20 por ciento se comercia a través de los propios salones. Y por eso ambos espacios enfrentan hoy un cuello de botella.
“Se lo dijimos al gobierno: si no teníamos la habilitación con la suficiente anticipación, íbamos a colapsar. Es simple y llano, esto es el resultado de la falta de previsión del Ejecutivo para darnos las autorizaciones. Entonces ahora nos encontramos desbordados administrativamente porque se nos juntó todo el público, y no podemos dar la atención que la gente necesita”, dijo Iván Hawryluk, presidente de la Cámara de Eventos y Afines de Santa Fe.
Entre lo que queda de noviembre y diciembre se realizarán unas 400 graduaciones en todos los salones de Rosario, que son entre 80 y 100. La mayoría corresponde a graduados de este año, ya que los egresos del año pasado se hicieron entre septiembre y octubre, desde que se autorizó el baile los fines de semana. “Las graduaciones históricamente se hacen entre semana, y por eso era tan necesaria esa instancia, pero al llegar tarde no nos permitió programarlas a nivel agenda, ni hacer la venta y planificación”, explicó el referente.
Una vez que la persona compra la tarjeta, la empresa empieza la parte administrativa interna de planificar: armar las mesas con las familias, el traslado de los chicos desde los colegios en Traffics o minibuses, el VIP en el que esperan hasta que llegan los invitados, el ingreso de los graduados, la presentación del colegio, la cena, el video con el proceso escolar, el brindis, la entrada de los amigos y finalmente el baile en los horarios disponibles por disposición provincial, que en la semana es hasta las 2, y los fines de semana hasta las 3.
Hoy una tarjeta de cena cotiza entre 4.500 y 4.800 mil pesos, y el brindis entre 1.300 y 1.600 dependiendo de la calidad del salón y del servicio que presta cada uno. El contrato, firmado el año pasado, establecía incrementos trimestrales, pero como la mayoría de los invitados esperaron hasta el final porque no sabían qué iba a pasar con el baile y si se postergaría, pagan a último momento y todos juntos.
El aforo es otro tema que genera complicaciones. “Hoy tenemos hasta el 70 por ciento y se llena todo hasta donde se puede, pero la provincia liberó a cada municipio para ampliar la ocupación si están dadas las condiciones de cada espacio. Eso lleva tiempo y no sabés cuánto podés vender, por lo que te traba administrativamente. Si nos decían en septiembre que en noviembre íbamos a poder hacerlo, esto se podía evitar”, manifestó Hawryluk.
Respecto de las quejas de las familias, el titular de la cámara de salones dijo que “las entiende”, pero aclaró a los padres que la demora no es causal de las empresas: “No se puede meter 50 mil personas a un estadio 15 minutos antes de que empiece el partido. Se tiene que abrir la puerta tres horas antes”, trazó a modo de metáfora futbolística.
En este marco, advirtió que todas las empresas están trabajando a contrarreloj y “prendidas fuego”, ya que a menos de un mes y medio de terminar la temporada tienen eventos de lunes a lunes. “Todos están explotados pero por suerte pudieron reubicar fechas. Es maratónico, está todo ocupado y no entra un alfiler”, graficó. Y admitió que los proveedores están ya rebotando fechas empresariales porque esperaron hasta último momento para cerrarlas. Entonces, ese tipo de festejos se están planificando como bienvenidas de año en enero y febrero.
Necesidad de celebrar
Evento tras evento, los organizadores de fiestas afirman que ven que había una necesidad social de reunirse. “Las ganas de juntarse son muchas, y eso habla de la función que cumple un salón de eventos. Son momentos especiales para festejar después de tantas angustias”, contó Iván Hawryluk, presidente de la cámara. Y agregó: “La pasamos tan mal, con muertes cercanas, que había una necesidad imperiosa de poder divertirse. Esto es un reflejo de lo que pasa, salen a bailar hasta las abuelas”, comentó.
Los eventos están empezando mucho más temprano, ya que pasaron de funcionar de 21 a 5 a hacerlo de 19 a 3. Pero el problema que se suscitó en esta nueva normalidad es que chicos y familias quedan en la calle a las 3 de la mañana varados, porque no hay taxis. En el interior, de los protocolos queda poco. El invitado que no tiene vacuna colocada tiene que presentar un PCR negativo. Ya no se toma temperatura al ingreso, pero se mantienen los espacios de sanitización.