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En la Feria del Libro que se realizó en Buenos Aires, profesionales y educadores de la institución conversaron con las escuelas que visitaron el espacio.
El Balseiro es una institución pública y gratuita creada en 1955 a partir de un convenio firmado entre la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) y la Universidad Nacional de Cuyo (Uncuyo). En el predio del Centro Atómico Bariloche se dictan carreras de grado en física, ingeniería mecánica, ingeniería en telecomunicaciones e ingeniería nuclear, esta última se dicta únicamente en el Balseiro. Además, se brindan siete carreras de posgrado: la especialización en aplicaciones tecnológicas de la Energía nuclear (Ceaten), las maestrías en física, física médica e ingeniería, y los doctorados en física, ingeniería nuclear y ciencias de la ingeniería.
Estudiantes becados
La Comisión Nacional de Energía Atómica otorga becas completas de estudio para todos los alumnos y alumnas del IB que se alojan dentro del campus universitario. “Con esta posibilidad, pueden disponer del tiempo y la tranquilidad necesarios para la dedicación al estudio y no depender de otros ingresos, algo que muchas veces retrasa la carrera de los jóvenes”, dice Mateos, quien destaca que se presentan a rendir alrededor de trescientos estudiantes por año. Las carreras de física e ingeniería nuclear son las más antiguas y elegidas por los aspirantes, siendo ingeniería en telecomunicaciones la última especialidad que se incorporó, y quizás por eso la menos conocida por los jóvenes.
Se presentan mayoritariamente estudiantes de Santa Fe, Buenos Aires y Córdoba, y también de Salta, motivados en esta ciudad por un docente de la universidad que en su taller prepara todos los años a estudiantes para el ingreso. “Lo demográfico no es necesariamente lo más importante. Los docentes son los grandes motivadores de las vocaciones de los chicos. Nosotros no podemos llegar a cada escuela del país pero sí tenemos docentes que visitaron el instituto y tomaron cursos, y son los multiplicadores naturales por delante de la familia, los libros y todo aquello que abone esa tierra fértil”, asegura Mateos.
El año pasado, el cupo de estudiantes mujeres alcanzó el 20 por ciento del total de aspirantes. “Casi todas las chicas que se inscriben suelen ingresar a la institución”, destaca la licenciada en física, egresada del Balseiro y nacida en Rosario. “En el instituto se forman lazos que duran toda la vida”, remarcan desde la institución. Una serie de actividades fortalecen el vínculo entre jóvenes que llegan a estudiar y sin conocerse desde distintos lugares del país. Para el descanso y esparcimiento, el predio dispone de un gimnasio y espacio para la práctica de diferentes actividades deportivas.
Ganas de estudiar
Álvaro Fhaile, estudiante de ingeniería en telecomunicaciones y Cynthia Güttlein, cursando ingeniería nuclear, comparten su experiencia. Tenaces y apasionados por la ciencia, se animaron a estudiar en uno de los centros educativos más prestigiosos del país y del mundo.
“Es una experiencia que vale la pena, hay que animarse a rendir y venirse acá a estudiar”, admite Alvaro, oriundo de la ciudad de San Carlos de Bariloche. El estudiante cursó el ciclo básico de ingeniería electrónica en la Universidad Nacional del Comahue, y tomó la decisión de presentarse al examen de ingreso, aún cuando escuchaba a su alrededor decir que “solo es para quienes la tienen muy clara”.
Hoy cursa el cuarto semestre de la carrera y reconoce que le hubiera gustado escuchar palabras de aliento y sin prejuicios. “Al ingresar uno tiene mucha expectativa por la fama y la gran cantidad de físicos que dan clases aquí, entrás con miedo y preguntándote si podrás pasar los semestres. Uno se hace la idea que es un claustro de gente muy inteligente”, dice.
“Esta facultad es muy buena, estamos con profesionales que son expertos y están a la vanguardia en los temas que estudian o trabajan. Pero uno tiene que esforzarse, estudiar mucho y ponerse las pilas en las cosas que hace”, continúa. También se refiere a la convivencia y el tiempo que disfruta con amigos y compañeros, y a las jornadas y actividades deportivas que organiza el centro de estudiantes.
Entre las ventajas de estudiar en el instituto, el joven se refiere a la disponibilidad laboral una vez recibido, con la opción de dedicarse a la investigación, continuar una maestría o doctorado o trabajar a tiempo completo.
La ingeniería en telecomunicaciones se ocupa de diseñar e implementar sistemas de comunicaciones capaces de transmitir información de un lugar a otro, y también el procesamiento de las señales enviadas o recibidas. Esta especialidad tiene varias salidas laborales, para prestar servicio en empresas que se dedican al desarrollo de tecnología, el uso de radares y antenas. Otra de las principales utilidades se aplica en empresas de telefonía.
Una oportunidad diaria
Cyntia Güttlein nació en la localidad de Crespo, Entre Ríos, donde cursó sus estudios primarios y secundarios y empezó a descubrir su pasión por la ciencia. Decidida a presentarse en el Balseiro, se instaló primero en Santa Fe para estudiar el ciclo básico en ingeniería química. “La idea de estudiar energía nuclear viene desde que tenía 15 años. Quería hacer algo que sirviera a la sociedad y siempre me gustaron las materias orientadas a la matemática y la física, aunque no tuve una formación secundaria íntegramente en ciencias duras. En un principio no tenía mucho conocimiento en qué consistía la carrera, así que me puse a investigar y apareció la posibilidad de rendir en el instituto, sabía que me daría una formación académica excelente con la posibilidad de vivir en una ciudad tan linda como Bariloche y con una beca”.
La estudiante cuenta que se enteró del Balseiro de manera online, buscando opciones para estudiar ingeniería. “Lo veía como un desafío personal, sobre todo el régimen de cursado y tener que llevar la carrera al día”.
En la actualidad, es una de las pocas chicas que estudia en el Balseiro. “No es algo que me enorgullece, y espero que se puedan incorporar más becarias por año. Aunque ya se demostró que no es una carrera de hombres y se lograron avances, todavía falta divulgación y representación, y en eso espero poder contribuir en un futuro”.
Sobre cómo es estudiar en el Balseiro, Cynthia aporta su mirada: “Las exigencias son duras, sin embargo tiene muchas ventajas. Más que una beca de estudio es una oportunidad que valoro todos los días y me ayuda a seguir adelante. Se abren muchas puertas y es increíble como te cambia el panorama de tu vida tanto personal como académica”.
“Somos jóvenes que tienen la voluntad de estudiar al ritmo que requiere el instituto, le ponemos ganas todos los días, no somos superdotados ni nada de eso”, agrega la joven buscando desterrar mitos.
“Un ingeniero o ingeniera nuclear se dedica principalmente al diseño de reactores”, explica en un intento de acercar la carrera y comprender su alcance. “Están involucradas diferentes tareas, como cálculo de núcleo, cálculos termohidráulicos, desarrollo de sistemas de monitoreo y control y muchos más aspectos que se tienen en cuenta a la hora de instalar un reactor nuclear o de mejorarlo”. También hay gente que se dedica a la protección radiológica, a la seguridad nuclear, a la medicina nuclear y otras disciplinas”, agrega. En Argentina las salidas laborales más inmediatas se encuentran en los distintos centros atómicos, como en la empresa Invap y en la empresa Nasa (Nucleoeléctrica Argentina Sociedad Anónima).
Examen de ingreso
Dado que en el Instituto no se dictan las materias universitarias básicas de física y matemática, es necesario tenerlas aprobadas previo al ingreso. Cualquier estudiante que cuente con una base de dos años de una carrera universitaria en ciencias o ingeniería puede aspirar a ingresar al Balseiro. Desde la página web de la institución se detallan estos requistos (www.ib.edu.ar)
El proceso de admisión consta de tres etapas: examen escrito, análisis de antecedentes académicos previos y entrevista personal. “Empiezan la carrera quienes están en condiciones de afrontar este desafío, algo que no solo depende de sus conocimientos previos sino también de las características de su personalidad y su capacidad de afrontar este desafío”, comenta la secretaria de Extensión y Cultura del Balseiro.
El examen escrito se toma simultáneamente en siete sedes dentro de la República Argentina (San Carlos de Bariloche; Buenos Aires; Córdoba; Mendoza; Rosario; Salta y Tucumán). A través de internet, el instituto cuenta con un sistema de apoyo académico para postulantes, a cargo de la cátedra de matemática y física general y para realizar consultas con docentes del IB, acceder a exámenes previos, e intercambiar información sobre los contenidos del examen.
“La educación es muy personalizada porque ingresan quince estudiantes por carrera, y que los habilita a estudiar con profesionales que tienen los laboratorios de investigación dentro del mismo predio del Centro Atómico Bariloche, todos investigadores en actividad. Una experiencia que da lugar a un buen vínculo alumno-profesor que permite una efectiva transmisión de su experiencia laboral así como un contacto permanente para la consulta de dudas”, destaca Mariano Cantero, director del Balseiro.
Otro de los desafíos que supone el ingreso es animarse a rendir más de una vez. Según la experiencia de muchos estudiantes y graduados, aceptar con naturalidad la posibilidad de repetir el examen es importante para no frustrarse. Respecto a la forma de evaluar los exámenes, la secretaria de Extensión se refiere al hermetismo que mantiene el equipo que corrige las pruebas escritas de matemáticas y física. “No se difunde el puntaje obtenido, porque la preselección deriva en una entrevista donde se profundiza en la personalidad y se considera si está preparado para sobrellevar el ritmo de estudio o tiene otros intereses”.
¿Cuánto interés manifiestan hoy los jóvenes por estudiar en el Balseiro? “Hay distintos contextos, la educación tanto en primaria como en secundaria prepara y sienta las bases para que no sea un desafío tan alto poder estudiar en una universidad o ingresar al instituto. No se necesita un coeficiente alto para ingresar, sino tener la voluntad de sentarse a estudiar”, dice Mateos, y destaca que el primer año un tutor estudiante acompaña el tránsito por la institución y los desafíos que se van presentando.
“Los chicos son distintos según la época y los nuevos ritmos. La pandemia, por ejemplo, resultó un gran desafío y sin embargo, el instituto logró contener y acompañar a quienes venían en carrera, para que terminaran sus estudios. Si bien el número de aspirantes aumentó en los últimos años, con estos baches que se presentaron cuesta un poco más, y el año pasado , por ejemplo, quedaron algunas vacantes”, señalan desde el instituto.