El sol aprieta sobre el tinglado del Club Reflejos en Empalme Graneros. La institución de más de 90 años es uno de los pilares sociales más importantes del barrio y por esta semana se convirtió en la sede de un operativo de desarme voluntario. Los vecinos se turnan para entrar al salón del club, donde pueden entregar armas de fuego y municiones de manera anónima y llevarse hasta 22 mil pesos. Pese a ser la primera jornada, este lunes hubo bastante movimiento y esperan que el boca en boca contribuya a la difusión entre los vecinos.
La mayoría de las que entran al club son mujeres, suelen ser ellas las que toman conciencia sobre los peligros de que haya armas en sus hogares y se acercan a entregarlas. “No quiero tener armas en mi casa y no quiero que las hereden ni mis hijos ni mis nietos”, cuenta una mujer de 80 años a La Capital. Llevó un revólver que era de su marido, quien lo había adquirido por seguridad. No es la primera vez que asiste a acciones del Plan Federal de Desarme Voluntario y asegura que cuando va no le cuenta a nadie de su familia.
Un hombre de 76 años sale rápido del club, casi como si no quisiera ser visto. Acaba de dejar una gran cantidad de municiones que eran del abuelo de su esposa. “Son cosas que tienen más de 100 años”, explica y dice que le parece “muy bien” que haya operativos como este. Además de las mujeres, las estadísticas del programa impulsado por Nación y provincia revelan que la gente mayor también participa mucho. Los jóvenes son los que menos se acercan.
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Otro de los vecinos llevó un arma que habían “descartado en su patio tras robar en la casa de al lado y no sabía qué hacer con ella". También están los que compraron armas en el último tiempo para seguridad personal y se arrepintieron. Todos tienen su historia. Uno a uno van entrando al salón, donde los operadores de la Agencia Nacional de Materiales Controlados (Anmac) verifican el material y lo registran en las bases de datos del organismo. Las autoridades resaltan que pueden participar del programa todas las personas, tengan o no credencial de Legítimo Usuario, y que está garantizado el anonimato. El incentivo económico va de 7 mil a 22 mil pesos, según lo que entreguen.
Los materiales se inutilizan en el momento, frente a la persona que los lleva, con una prensa hidráulica manual. Además se realiza un registro fotográfico para que el proceso sea completamente transparente. Una vez finalizado, se le entrega un cupón de pago para que cobre lo que les corresponde en determinados Rapipagos de la zona.
“El éxito de la convocatoria depende del abordaje territorial que se haya hecho y acá se nota que se movieron”, explica una de las operadoras, quien desempeña esa tarea desde hace diez años. El inicio del operativo móvil fue un éxito y, según la tendencia, a medida que vayan pasando los días se acercará más gente.
La iniciativa de la cartera de Seguridad y la Anmac tiene como objetivo bajar la circulación de armas de fuego en la ciudad, que pueden terminar en el mercado delictivo, y reducir los hechos de violencia ocasionados por su uso. Esta vez fue el turno en Empalme Graneros, uno de los barrios donde las balaceras son moneda frecuente.
Quienes quieran entregar materiales, podrán acercarse al Club Reflejos hasta el viernes de 9 a 13 o durante todo el año a la sede local de la Anmac ubicada en 9 de Julio al 3393.
Un barrio caliente
En la ciudad, 8 de cada diez homicidios se producen con armas de fuego. El año pasado, en el departamento Rosario hubo 288 asesinatos, la cifra más alta de la historia. En parte sucedió porque hubo disputas entre bandas que hicieron de sus territorios un escenario de guerra, con víctimas vinculadas a estos conflictos y otras que sólo estaban en el momento y el lugar equivocados. La elección de la sede del operativo de desarme no es casual. Un caso testigo es justamente el de los barrios Empalme Graneros, Ludueña e Industrial, linderos entre sí en el noroeste rosarino, que entre los tres reunieron 51 homicidios, del total de 288.
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En ese marco, el Club Reflejos es un engranaje clave en la dinámica del barrio y va adaptándose a las necesidades de los vecinos. Actualmente allí se realizan talleres de capacitación en distintos oficios como parte de acuerdos y programas municipales, provinciales y nacionales. Incluso trabajan con jóvenes con causas penales que realizan probations y actividades en el marco de salidas transitorias o en casos de prisión condicional.
Además de este operativo, dentro de la institución siguen vacunando contra el coronavirus. El gobierno provincial montó también en la esquina de Génova y De Angelis un par de gazebos en los que representantes del Ministerio de Igualdad, Género y Diversidad, del Ministerio de Salud y de la Agencia de Prevención de Consumo de Drogas y Tratamiento Integral de las Adicciones (Aprecod) acompañan y asesoran a la comunidad.
La cuadra de Génova al 2400 fue testigo de más de una docena de balaceras en 2021 y los vecinos aprendieron a vivir con miedo. Sin embargo, el panorama parece ir revirtiéndose de a poco. El presidente del club, Marcelo Antonelli, explica que “desde que llegaron los gendarmes la zona está más tranquila”. Hace dos meses desembarcaron más de 70 efectivos federales, que realizan patrullajes caminando por el barrio.
“Ahora podemos salir a la vereda. Nos sentimos más tranquilos y seguros porque están ellos. Antes vivían robando y nadie hacía nada”, dice una de las vecinas. Otra coincide con que la zona está más tranquila y ya no se ven tantos robos y arrebatos. Pero no todos piensan lo mismo. Un matrimonio le cuenta a este medio mientras espera el colectivo que “el barrio está igual que siempre”. “Todos sabemos que cuando quieren hacer desastre, hacen desastre”, deslizan.
Los gendarmes hacen base en el club y son varios los vecinos que recurren a ellos en casos de emergencia. “Acompañan a la gente. El otro día se descompuso una señora y los vinieron a buscar. Es un servicio a la comunidad”, relata Antonelli.
Este lunes debieron “refugiarse” en la zona de la pileta, fuera del tinglado, para que su presencia no intimide a quienes se acercaban a dejar las armas de fuego y municiones. El objetivo es crear un ambiente cuidado y seguro para los que participan del Plan Federal de Desarme Voluntario. Una vez terminada la jornada, volvieron a recorrer las calles del barrio en grupos.