En medio de la levantada, el desconcierto, y eso es lo que seguramente más preocupado dejó a Carlos Tevez, que no buscó excusas y que admitió que Central Córdoba de Santiago del Estero fue un justo ganador. Entre otras cosas, el Apache dijo estar conociendo todavía el “mundo Central, donde ganás dos partidos y...”. El DT canalla no completó la frase, pero dejó todo muy claro en alusión a ese torbellino emocional al que suele montarse el hincha canalla con un par de buenos resultados sobre el lomo. Pero cuestiones emocionales al margen, los problemas que evidenció Central el lunes por la noche fueron de índole futbolística, ya que los jugadores pudieron no comprender el mensaje que, según Tevez, “era el partido más difícil de los tres”, pero en el que se cometieron demasiados errores. Posiblemente el principal haya sido el hecho que Central jamás pudo tomar las riendas del juego, por virtud del rival, pero también por impericia propia, sin un libreto del todo claro tácticamente hablando. Es que de a ratos se tornó difícil establecer de qué manera quiso jugar Central el partido, con un sistema original (4-4-2) que se movía permanentemente y se rompía en el afán de ir corrigiendo sobre la marcha. Y esto no es más que un enorme llamado de atención teniendo en cuenta que para Quilmes faltan apenas un puñado de horas y que jugando de esa forma el resultado en Copa Argentina será una moneda volando en el aire.
Cuando se hace referencia a esas emociones que posiblemente puedan perturbar y en caso de no manejarlas de manera correcta pueden cambiar el foco de atención es inevitable comprender que está la obligación que lo que pase afuera del rectángulo de juego no es problema de los jugadores y por supuesto del entrenador. Sí es problema de ellos lograr la abstracción necesaria como para que no haya ningún impacto que resulte contraproducente.
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Veliz busca de cabeza en el área rival. Central no pudo lastimar ni quiera por vía aérea.
Leonardo Vincenti / La Capital
Ahora, pensar que toda esa carga emocional fue el verdadero o el único problema que Central mostró ante el ferroviario sería ir por un atajo que no lleva a ningún lado. ¿Por qué? Porque si el equipo hubiera logrado aferrarse a su idea de juego y a partir de ahí intentar construir la cosa pudo haber funcionado. Pero desde el arranque mismo Central evidenció una serie de problemas de posicionamiento, orden y producción.
Tevez dijo que lo planteó como siempre, con un 4-4-2 clásico y es cierto, pero su equipo en todo momento corrió detrás de lo que propuso Central Córdoba. Por eso Malcorra (mientras estuvo en cancha) parecía un volante por izquierda, pero en un abrir y cerrar de ojos aparecía como extremo y enseguida como una especie de 3 bis, al lado de Blanco. Por eso Marinelli dejaba su posición de delantero para ir a colaborar allá abajo, al lado de Cortez. Por eso Benítez cumplía una función, cuando Tanlongo iba a buscarla abajo para ser la salida del equipo, pero de repente se perdía sin saber si era doble cinco o interno por la izquierda. Por eso de a ratos se intentaba atacar con dos (Marinelli y Veliz), a veces con tres (se sumaba Malcorra y después Buonanotte) y bastante seguido con uno (Veliz).
Parecen cosas aisladas propias de la movilidad que genera un juego tan dinámico como el fútbol, pero fue ese desconcierto el que le generó uno dolor de cabeza tras otro al equipo, el que jamás le dio la chance, aun sin tanta profundidad en sus ataques, de establecer un mínimo de supremacía en lo que hace a la tenencia del balón.
En situaciones de este tipo es donde da al menos para pensar que más allá de cualquier tipo de relajación que haya existido de parte de los jugadores o de la convulsión emocional del afuera, fue el fútbol el que no dio el presente, producto de una idea que evidentemente no se logró plasmar.
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Central venía de una seguidilla de buenos resultados, pero en su propio estadio tropezó.
Leonardo Vincenti / La Capital
Todo esto es lo que abre un gran signo de interrogación en la previa de un encuentro crucial como lo será el del jueves en Córdoba ante Quilmes. Es que no será 90 minutos más en la vida de Central, sino que se tratará de un partido en el que el conjunto canalla se juega prácticamente el semestre porque ya bastante alejado de la pelea en la Liga Profesional el sueño de Copa Argentina lo es todo.
Si Tevez consideró que emocionalmente el equipo se vio aturdido o desenfocado, será trabajo de él y de su cuerpo técnico corregir a tiempo, pero a la estabilidad emocional Central le debe adosar esa cuota de funcionamiento que había mostrado en la previa del partido contra Central Córdoba de Santiago del Estero. Si eso no ocurre, Quilmes, como dijo Tevez en conferencia de prensa, “nos va a complicar”.
Las complicaciones que pudieron generar algunas lesiones para el Apache no son excusas y está bien que no lo vea y lo analice de esa forma, pero con lo que tiene, el entrenador está ante la obligación de volver a poner de pie a un Central que no era una maravilla, pero al que de golpe y porrazo se le cayeron las pocas banderas que había logrado izar en la racha de buenos resultados.