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Las víctimas y sus historias

Una mirada diferente sobre la tragedia de la Segunda Guerra Mundial que permite un acercamiento a las identidades de los que no sobrevivieron

Domingo 21 de Septiembre de 2008

Franco Cesana nació el 20 de septiembre de 1931 en Bologna, Italia. Cuando tenía 7 años fue expulsado de la escuela pública, debido a las leyes raciales de Mussolini. No entendía por qué debía dejar a sus amigos sólo porque era judío. Su padre murió en 1939 y con su madre y un hermano mayor se mudó a Turín. Años después, cuando los alemanes tomaron el control del norte de Italia, donde Franco vivía, su familia tuvo que esconderse en las montañas para evitar ser deportada a campos de concentración y muerte. Lelio, su hermano mayor, se unió a los partisanos que combatían a los nazis. Franco, con sólo doce años, hizo lo mismo. Pero no pudo sobrevivir a la guerra. Fue muerto por los alemanes en un enfrentamiento durante una misión en las montañas. Su cuerpo fue entregado a su madre meses después. Franco fue el partisano más joven de toda Italia.

Esta historia, como miles de otras durante la Segunda Guerra Mundial, están relatadas en pequeños documentos de identificación, en formato de pasaporte, que se entregan a quienes visitan el Museo del Holocausto, en Washington DC. Al ingresar al imponente memorial se escoge al azar uno de estos documentos y se adopta la personalidad de una de las víctimas y su trágico destino, contado en pocas páginas.

La primera impresión es muy fuerte pero sólo preanuncia lo que se viene. El museo se levanta como uno de los monumentos nacionales de los Estados Unidos y recuerda a las millones de víctimas del nazismo: judíos, gitanos, discapacitados mentales y físicos, disidentes políticos y religiosos cristianos de todas las ciudadanías, polacos, homosexuales, testigos de jehová, prisioneros de guerra soviéticos, entre otros. El memorial es un gran edificio de varios pisos que contiene abundante material documental, fílmico y testimonial sobre ese período de la historia del siglo XX.

La muestra permanente se desarrolla en tres niveles. Se comienza por el superior, identificado como "El asalto Nazi 1933/39", pero contrariamente a lo que se puede suponer sobre un desarrollo cronológico de los sucesos, la exhibición comienza por el fin de la historia, con increíbles imágenes de los campos de concentración liberados por las tropas norteamericanas en 1945. En otras salas también se documenta la liberación de otros campos por fuerzas inglesas y rusas, responsable éstas últimas de haber ingresado a Auschwitz, ícono mundial de la barbarie.

También se recuerdan las palabras del general Dwight D. Eisenhower del 15 de abril de 1945, tras su visita a Ohrduf, subcampo de Buchenwald y que hoy retoman más significación que nunca: "Las cosas que observé son imposible de describir. La evidencia visual y los testimonios sobre las muertes por inanición, crueldad y bestialidad eran abrumadores. Hice esta visita deliberadamente para estar en condiciones de prestar evidencia de primera mano sobre todas estas cosas por si alguna vez en el futuro se desarrolla alguna tendencia a decir que esto fue una mera propaganda".

De vuelta al comienzo, la muestra sigue con dos filmes del asalto nazi al poder (13 minutos de duración) y su antisemitismo visceral (14 minutos). Lo destacable de las películas es su excelente calidad e incluso algunos pasajes están en colores. La nitidez de la filmación es asombrosa.

El segundo piso del museo, "La solución final", es tal vez el más impactante porque examina con detenimiento el período entre 1940 y 1945 cuando Alemania se expandió por toda Europa y levantó la mayoría de los campos de la muerte. En un pequeño auditorio de este nivel se pueden escuchar "Las voces de Auschwitz", testimonios sonoros de los sobrevivientes del holocausto.

Pero lo que sobresale es el vagón de ferrocarril donde se transportaba a la gente como ganado hacia los campos de concentración. Se permite ingresar y observar el reducido espacio en que viajaban días enteros decenas de personas hacinadas sólo con una muy pequeña ventana en la parte superior del vagón. Fotos estremecedoras, valijas con las que las víctimas llegaban a los campos, miles de sus zapatos y otros objetos se exhiben en el tránsito de un piso a otro, donde también se puede visitar el registro de los sobrevivientes, a quienes se invita a documentar sus historias.

Ya en el piso inferior y último de la muestra, "El capítulo final", se retoma sobre la victoria aliada ante la Alemania nazi, la búsqueda de justicia para todos los criminales de guerra y el esfuerzo de los sobrevivientes para comenzar una nueva vida. Un panel especial está dedicado a las miles de personas a través de Europa que arriesgaron sus vidas para salvar a los judíos de una muerte segura. Se expone, por ejemplo, uno de los botes con los que en octubre de 1943 los daneses salvaron a 7.000 judíos al transportarlos a Suecia. Algunas de estas historias y las fotografías de los salvadores muestran una cara no tan conocida de la tragedia. Otra, la lucha armada de miles de judíos en la resistencia —como el caso de Franco Cesana—, en los guetos o en los ejércitos aliados también está bien documentado.

La exhibición concluye con una nueva serie de filmaciones, el testimonio de sobrevivientes, miembros de la resistencia y liberadores, quienes comparten sus experiencias durante la guerra.

Dónde está

El Museo del Holocausto está ubicado en el 100 de la calle Raoul Wallenberg Place, SW, Washington DC. Se ubica a corta distancia del la estación de metro Smithsonian (líneas azul y naranja). Está abierto todos los días de 10.30 a 17.30, menos el Día del Perdón y Navidad. El ingreso a la muestra permanente es gratuito. Para reservar visitas grupales se requiere anticiparlas al correo electrónico: group_visit@ushmm.org . El teléfono es 202-488-0400. La página web del museo es www.ushmm.org.

Los chicos

Los nazis asesinaron a un millón y medio de niños durante la guerra. En la planta baja del museo se levanta la Pared de Azulejos de los Niños, que los recuerda. Escolares de todo Estados Unidos pintaron con dibujos unos 3.000 azulejos que forman la pared.

jlevit@lacapital.com.ar

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