En 2019 recibió un diagnóstico fuerte e inesperado. Al preguntarse cómo sería su vida inició un camino más allá de la medicina convencional
12 de abril 2026·08:16hs
"Parkinson: ¿se cura?". El título del libro que escribió Walter Savarecio es sugerente y hasta polémico, teniendo en cuenta que la medicina occidental, que es la que más conocemos, dice sin vueltas que no, que no hay tratamiento exitoso y definitivo aún, "que es una enfermedad neurodegenerativa, crónica, progresiva y con afectación multisistémica", que tiene un impacto importante en la vida de cada persona con este diagnóstico. Entonces, ¿por qué este hombre, rosarino por adopción, que tiene una extensa y sólida formación académica, que ocupó puestos relevantes en distintas empresas del país decidió escribir su historia, abrir su corazón y contar sus experiencias? ¿Qué hay detrás del título del libro (editado por Laborde) que propone descubrir respuestas a una pregunta que resulta, como mínimo, curiosa y desafiante?
Walter no es médico aunque maneje términos y saberes muy específicos en torno al Parkinson (leí todo lo que existe y más, dirá durante la conversación con este diario). Walter es una persona con un recorrido personal y por ende particular, que recibió en un mismo día dos verdades médicas que lo dejaron shockeado: "un resultado positivo de cáncer de próstata y la confirmación, por parte de otro especialista, de que tenía Parkinson".
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El golpe fue duro, expansivo, la confusión también. Pero Walter decidió, como lo había hecho tantas otras veces frente a cuestiones afectivas y laborales relevantes, tomar un camino distinto al del dolor y la pena constante. Optó por ponerse en movimiento, bucear en las aguas más profundas del conocimiento sobre la enfermedad, ir más allá del saber científico convencional: "Hice y hago de todo para salir del pozo", enfatiza en una charla con La Capital.
El libro, fue una necesidad, un impulso, una esperanza, para él y para tantos que atraviesan esta o cualquier enfermedad de esas que incluyen una especie de sentencia donde muchas veces el paciente experimenta impotencia y desesperación cuando parece que lo único posible es seguir al pie de la letra los protocolos, los tratamientos habituales y esperar que la patología avance.
"Reveló un sentido de urgencia", dice en relación al momento en el que se puso a escribir sus vivencias, sus sentires, a repasar su vida desde la infancia, su recorrido laboral y académico y otros aspectos más íntimos vinculados a sus relaciones afectivas, más allá del diagnóstico, que en definitiva son las le permitieron ser quien es hoy. Pero rápidamente aclara, y así se ve en el texto, que aunque hable de él, este libro no es para él.
"Cuando la vida se vuelve frágil, la verdad se tornó urgente. Este libro no nació para hablar de mí sino para hablar a través mí. Representó un camino que me devolvió calma, paz, un punto para reconstruirme, otorgar una búsqueda de sentido y habitar mi propio cuerpo y transitar mi existencia", destaca.
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Un puente que eligió atravesar
"Sí, me instó a acompañar: si estoy acá es porque entendí que la vulnerabilidad no es debilidad. Es valentía. Es humanidad. Es puente. Si este libro logra acompañar a alguien, aunque sea a una sola persona, si logra que alguien se sienta menos solo, menos asustado, menos perdido, entonces todo este camino habrá valido la pena".
"Parkinson: ¿se cura?" es una invitación a un viaje, personal, es cierto, pero que puede ser el de muchos o muchas aunque los paisajes sean distintos.
El libro repasa momentos de la infancia que fueron significativos, desafíos escolares y universitarios, el desarrollo profesional, atravesados por supuesto por la historia del país. Mudanzas que se mezclan con recuerdos y refugios, como la casa de "la nonnita". Pasos, tropiezos y éxitos que fue encontrando el autor en su andar. Para llegar desde allí al diagnóstico, y con él un camino diferente para recobrar la salud.
Walter no se perdió prácticamente ninguna experiencia aun cuando iba sosteniendo (no sin algunos cuestionamientos) la medicina que le proponían desde el sistema de salud. Así "caminó" la medicina psicobiológica, biodecodificación, constelaciones familiares, sanación cuántica, registros Akáshicos, Reiki, magnetoterapia, ir a misa, hablar con sacerdotes, y otras experiencias fuertes y reveladoras, algunas más determinantes que otras, sin dudas, relatadas con detalle en su libro.
Curación del alma
"Me generó un aprendizaje fuerte: la sanación no siempre es física. A veces es emocional, otras espiritual y aún simplemente volver a sentir esperanza. Me quedé con una certidumbre: no hay curación del cuerpo físico si no precede la sanación del alma. Aprendí que soy más resiliente de lo que suponía y que la vulnerabilidad puede devenir en una forma de fortaleza", reflexiona sobre este proceso que vivencia desde hace casi 10 años, cuando comenzaron los primeros síntomas de la enfermedad, aunque por entonces no tenía idea de lo que venía. "Recuerdo que trabajaba en Buenos Aires y una de las gerentas de la empresa un día me pregunta por qué me ponía tanto pero tanto perfume. La verdad es que no me daba cuenta. Lo que tenía era un principio de anosmia (no sentir los olores) y mucho después me enteré que es una de las primeras manifestaciones del Parkinson".
Tener dificultades con el olfato no es sinónimo de esta enfermedad, pero sí suele ser un llamado de atención que pasa desapercibido. De a poco, para Walter _porque no hay dos historias iguales_ comenzaron a aparecer otros signos: la lentitud den los movimientos, los dolores articulares y la rigidez en el cuerpo. "Yo leía sobre eso y todo me llevaba al Parkinson aunque algunos profesionales que consulté me dijeron que no, que era otra cosa", relata.
Explorar y resignificar
Hoy Walter dice que se siente bien, "entero" (incluso luego de haber pasado por un período de depresión pudo reponerse). La enfermedad le impone algunas limitaciones que sobrelleva con entereza y voluntad. Incluso comenzó a colaborar y ahora casi que tomó el liderazgo de una asociación de Rosario que ayuda a personas con este diagnóstico: "
Escribir "contribuyó a que resignifique la gratitud: por poder seguir acá. Gratitud por poder contar mi historia. Gratitud por haber encontrado, en medio de un proceso doloroso, un propósito que no sabía que tenía: acompañar a otros"
Un mensaje alentador
En relación a otros que acaban de recibir el diagnóstico de Parkinson, o aquellos que transitan hace un tiempo con esta enfermedad y sus consecuencias, el autor les propone: "No se dejen aplastar por las palabras. Respiren. Exploren, pregunten, cuestionen".
El recorrido que plasma en el texto de más de 200 páginas muestra su propia "rebeldía" ante lo que se presenta como inevitable. Cuestiona la espera, la paciencia del paciente. El hacer por el hecho de hacer sin propósito claro. "Les digo que se que no tomen todo al pie de la letra, que no renuncien a la esperanza. No somos un diagnóstico. Una enfermedad ni su diagnóstico nos definen, sí en cambio, lo que nosotros hacemos con ellos".
Walter dedica el libro a otros seres humanos que pasan por situaciones de salud comprometidas y complicadas. "A todas las personas "que conviven con una enfermedad crónica, visible o invisible, y que cada día se levantan a pelear una batalla que nadie ve". En lo estrictamente personal y afectivo rinde homenaje a través del texto a su esposa y a sus hijas "que me sostuvieron en mis silencios y mis miedos". También a sus padres, "porque aunque no se encuentran en este plano me enseñaron acerca de la dignidad del esfuerzo". A sus hermanos y todos sus amigos "que siempre estuvieron muy próximos", porque nadie, pero nadie, se salva solo.