La otitis externa, conocida popularmente como “oído de nadador”, es una infección de la piel del conducto auditivo externo, el canal que conecta el oído con el exterior. Es más frecuente durante el verano, cuando aumenta la exposición al agua en la pileta, el río o el mar.
“La humedad prolongada dentro del oído favorece la irritación de la piel del conducto, debilitando su barrera natural y facilitando la entrada de bacterias u hongos”, explica el Dr. Lucas Comelli, especialista en Otorrinolaringología de Grupo Gamma, quien aclara que no es necesario nadar para desarrollar una otitis externa.
“Cualquier situación que produzca una lesión o irritación de la piel del conducto auditivo puede desencadenar la infección”, afirma, y enumera los principales factores de riesgo:
- Piel seca, dermatitis o eczema del conducto auditivo.
- Rascarse el oído con frecuencia.
- Limpiar los oídos de manera vigorosa con hisopos de algodón.
- Introducir objetos como ganchitos, clips u otros elementos dentro del oído.
Signos y síntomas
El síntoma principal es el dolor de oído, que puede ser intenso y afectar de manera significativa las actividades cotidianas. De forma característica, el dolor se agrava al traccionar el pabellón auricular o al presionar el trago (el cartílago ubicado delante del conducto auditivo), y también puede intensificarse al masticar.
“En muchos casos, antes de que aparezca el dolor, el paciente experimenta picazón en el oído, una señal temprana que suele pasar desapercibida”, señala el profesional.
A medida que el cuadro evoluciona, la inflamación puede provocar sensación de oído tapado, molestias persistentes e incluso disminución de la audición. Otro signo frecuente es la supuración: inicialmente clara, pero que puede volverse más espesa, amarillenta o purulenta con el correr de los días, aumentando la sensación de taponamiento.
¿Cómo es el tratamiento?
La otitis externa es una infección benigna, pero puede resultar muy dolorosa si no se trata adecuadamente. El tratamiento se basa principalmente en gotas óticas con antibióticos y antiinflamatorios y, en algunos casos, antifúngicos.
“El tratamiento debe ser indicado por un médico, ya que no todas las gotas sirven para todos los casos”, subraya el Dr. Comelli.
Tan importante como la medicación es seguir estas recomendaciones:
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Evitar mojar el oído afectado durante el tratamiento.
Utilizar protección, como tapones, para impedir la humedad y permitir que la piel cicatrice correctamente.
En pacientes mayores, diabéticos o inmunodeprimidos, la infección puede evolucionar hacia cuadros más graves. Por ello, se recomienda consultar siempre al médico y evitar la automedicación.
Cuidados y medidas de prevención
En personas sin enfermedades previas del oído, generalmente no se requieren medidas preventivas especiales. Sin embargo, existen recomendaciones simples que ayudan a reducir el riesgo:
“Si persiste la sensación de humedad, puede colocarse una o dos gotas de alcohol boricado, siempre que no haya dolor ni secreción”, aconseja el especialista. También recomienda utilizar tapones para nadar si existe predisposición a la humedad frecuente.
Ante la aparición de dolor, picazón intensa, secreciones o sensación de oído tapado, es fundamental realizar una consulta médica oportuna. Evitar la automedicación es clave para prevenir complicaciones y garantizar un tratamiento adecuado.