Enzo Bordabehere, senador elector santafesino, fue asesinado el 23 de julio de 1935 en pleno recinto del Congreso.
El negocio de la carne que encendió el Senado
La historia tenía como telón de fondo la crisis económica mundial iniciada en 1929. Argentina dependía en gran medida de sus exportaciones agropecuarias y la carne constituía uno de los principales productos del intercambio comercial con Gran Bretaña.
En 1932, el Pacto de Ottawa modificó ese escenario. El Imperio Británico decidió privilegiar las compras provenientes de sus propias colonias, entre ellas Australia, Nueva Zelanda y Canadá, lo que dejó a la Argentina en una posición particularmente débil.
Allegados asisten a Enzo Bordabehere tras los disparos que recibió en pleno recinto del Senado.
En ese contexto, el gobierno de Agustín P. Justo envió en 1933 una misión a Londres encabezada por el vicepresidente Julio Argentino Roca hijo. Del otro lado de la mesa estaba Sir Walter Runciman, presidente del Board of Trade británico. El resultado fue el Pacto Roca-Runciman, firmado el 1º de mayo de ese año.
El acuerdo garantizaba una cuota para las exportaciones argentinas de carne, pero establecía condiciones muy beneficiosas para los intereses británicos. Argentina aceptaba, entre otras concesiones, que la enorme mayoría de las licencias de exportación quedaran en manos de compañías extranjeras, otorgaba ventajas impositivas al carbón británico y limitaba el desarrollo de frigoríficos nacionales.
Para sectores de la oposición, aquello representaba una relación económica prácticamente colonial. Lisandro de la Torre se convirtió en uno de los principales denunciantes de ese esquema.
Lisandro de la Torre y las pruebas del fraude
En septiembre de 1934, De la Torre impulsó la creación de una comisión investigadora en el Senado para analizar el funcionamiento del comercio de carnes y determinar si los frigoríficos exportadores estaban incurriendo en maniobras fraudulentas. La pesquisa comenzó a revelar irregularidades de enorme magnitud.
Uno de los casos más resonantes fue el del frigorífico Anglo. Según la documentación reunida por la comisión, la compañía declaraba utilidades anuales por unos 75 mil pesos nacionales, pero las ganancias reales correspondientes a los tres años investigados habrían alcanzado los 37,8 millones.
También aparecieron pruebas de evasión impositiva, documentación contable ocultada y un trato preferencial hacia grandes frigoríficos extranjeros.
Parte de esa documentación había sido encontrada en el barco Norman Star. Eran planillas del frigorífico Anglo que habían sido ocultadas en un intento por sacarlas del país.
Con esas pruebas, De la Torre convirtió el Senado en el escenario de una acusación frontal contra el sistema económico y político de la época.
Durante cinco sesiones consecutivas expuso los resultados de la investigación. Frente a él se sentaban dos ministros del gobierno de Justo: Federico Pinedo y Luis Duhau. Cada jornada aumentaba la tensión.
El recinto convertido en un polvorín
El 23 de julio de 1935, De la Torre volvió a ocupar el centro del debate. El senador santafesino cuestionaba nuevamente las explicaciones oficiales sobre las irregularidades detectadas en los frigoríficos cuando la discusión comenzó a abandonar definitivamente los límites parlamentarios.
Pinedo acusó a De la Torre de no poder apartarse de un discurso escrito debido a su supuesta ignorancia sobre el tema. De la Torre reaccionó. Se levantó de su banca y avanzó hacia la mesa donde estaban los ministros.
“¡Usted no se bate conmigo porque es un cobarde!”, le gritó a Pinedo. En ese momento intervino Duhau. El ministro de Agricultura se acercó y colocó una mano sobre De la Torre. El senador perdió el equilibrio y cayó entre las bancas.
La escena desató un caos. Legisladores de pie, gritos, insultos y la campana de la presidencia sonando de manera insistente en un intento inútil por recuperar el orden. Desde uno de los laterales del recinto, Enzo Bordabehere vio a su jefe político en el suelo y corrió hacia él. Entonces comenzaron los disparos.
Cuatro balazos dentro del Senado
Ramón Valdés Cora sacó un revólver y abrió fuego. Disparó cuatro veces. Tres proyectiles alcanzaron a Bordabehere. Otro disparo rozó en el pecho al diputado santafesino Manzini y terminó hiriendo en una mano al propio ministro Duhau, quien además sufrió fracturas de costillas al caer sobre su pupitre.
Bordabehere quedó tendido en el piso. Había recibido heridas gravísimas. Fue trasladado primero a la sala de primeros auxilios del Congreso y luego en ambulancia al Hospital Ramos Mejía. Murió poco después de las cinco de la tarde.
Tenía 45 años. Nunca había jurado formalmente como senador. Su diploma todavía esperaba tratamiento parlamentario cuando recibió los balazos.
El hombre que disparó
Ramón Valdés Cora tenía 42 años y antecedentes por estafas y extorsiones. Había sido comisario y estaba afiliado al Partido Demócrata. Además, mantenía vínculos con sectores conservadores y trabajaba como guardaespaldas de Luis Duhau.
Después de disparar intentó escapar por el interior del Congreso. Corrió hasta la sala de los taquígrafos, donde finalmente fue detenido. Cuando fue revisado en el Departamento de Policía llevaba un revólver calibre 32 con cuatro cápsulas servidas y dos balas intactas.
Muerte del Dr. Enzo Bordabehere en el Senado el 23 de Julio de 1935. Reconstrucción del hecho.
En las primeras horas posteriores al atentado, dirigentes oficialistas intentaron desligarse de él. Los vínculos, sin embargo, eran difíciles de ocultar.
Valdés Cora frecuentaba los debates parlamentarios y había sido visto habitualmente en ámbitos vinculados a Duhau. Según la reconstrucción posterior de De la Torre, llevaba alrededor de un mes merodeando el Senado.
¿A quién querían matar?
La pregunta quedó abierta desde el mismo día del crimen. La versión más difundida sostuvo que el verdadero objetivo de Valdés Cora era Lisandro de la Torre y que Bordabehere murió porque se cruzó involuntariamente en la línea de fuego cuando intentó auxiliarlo.
Pero la familia Bordabehere nunca estuvo completamente convencida. Durante años sostuvo otra hipótesis: que Enzo podía haber sido el verdadero blanco.
Bordabehere no era un dirigente secundario dentro del Partido Demócrata Progresista. Había trabajado de manera minuciosa en la investigación sobre el comercio de carnes y conocía en profundidad la documentación que comprometía a frigoríficos y funcionarios.
Era, además, uno de los colaboradores más cercanos de De la Torre. La incógnita nunca fue resuelta judicialmente. De la Torre la sintetizó con una frase que atravesó las décadas: “Se conoce el nombre del matador. Falta conocer el nombre del asesino”.
De Paysandú a Rosario
Enzo Bordabehere había nacido el 25 de septiembre de 1889 en Paysandú, Uruguay. Llegó a Rosario cuando tenía cinco o seis años y desarrolló prácticamente toda su vida personal, profesional y política en la ciudad. Estudió en el Colegio Nacional y se recibió de abogado y escribano. Compartió estudio profesional con su hermano Raúl. También era hincha de Newell’s, como el resto de su familia.
Su carrera política había comenzado muy joven. Militó en la Liga del Sur desde 1908 y participó de la fundación del Partido Demócrata Progresista en 1914.
Fue diputado provincial en 1918 y diputado nacional desde 1922. Con el paso de los años se transformó en uno de los principales hombres de confianza de Lisandro de la Torre.
En 1935, tras la muerte del senador Francisco Correa, la Legislatura santafesina lo eligió para reemplazarlo. Pero el tratamiento de su diploma fue demorado mientras continuaba el explosivo debate por el comercio de las carnes. Por eso, aquel 23 de julio estaba dentro del Senado como senador electo, pero todavía no había asumido formalmente.
Una multitud recibió su cuerpo en Rosario
La muerte de Bordabehere provocó una enorme conmoción. Miles de personas participaron de los actos de despedida en Buenos Aires.
Cuando sus restos fueron trasladados en tren hacia Rosario, una multitud volvió a reunirse. En la estación Rosario Norte lo esperaban unas 12 mil personas. Más de 70 mil acompañaron posteriormente el cortejo hasta el cementerio. Un noticiero cinematográfico de la época, registró el multitudinario cortejo fúnebre que el 25 de julio de 1935 acompañó en Rosario los restos del legislador asesinado.
La muerte había dejado de ser solamente un episodio parlamentario. Se había convertido en un acontecimiento político nacional.
El féretro con los restos del senador electo fueron llevados en tren a Rosario.
Lisandro de la Torre no estuvo en el entierro. La mañana del 25 de julio se encontraba en los terrenos del Colegio Militar. Allí se batió a duelo con Federico Pinedo. Cuando los padrinos intentaron propiciar una reconciliación, De la Torre respondió: “Nunca hemos sido amigos, ni hemos sido presentados”.
De la Torre disparó al aire. Pinedo, según los testimonios de la época, apuntó hacia su rival y erró. Tanto Pinedo como Duhau presentaron sus renuncias después de la crisis política desatada por el asesinato. El presidente Agustín P. Justo decidió no aceptarlas.
El debate que ya no pudo continuar
El Senado volvió a sesionar el 6 de agosto. El presidente del cuerpo, Julio Argentino Roca hijo, habló de una sala “profanada por la mano criminal de un insensato” y pidió recuperar la serenidad parlamentaria. No mencionó a Bordabehere por su nombre.
Un mes más tarde, el 10 de septiembre, Lisandro de la Torre anunció que daba por terminada su participación en la investigación sobre el comercio de carnes. Explicó que no podía seguir actuando como si nada hubiera ocurrido mientras mantuviera la sospecha de que un guardaespaldas había sido introducido en el recinto para influir sobre el resultado del debate. “Si lo hiciera, faltaría al respeto y al afecto que debo a la memoria del doctor Bordabehere”, sostuvo.
Valdés Cora fue condenado a 20 años de prisión y recuperó la libertad en 1953. Ningún supuesto instigador del crimen llegó a los tribunales.
En enero de 1937, De la Torre renunció a su banca en el Senado. Dos años después se suicidó en su casa con un disparo en el corazón.
Asesinato en el Senado de la Nación
La historia del asesinato de Bordabehere volvería a adquirir una dimensión masiva décadas más tarde. En 1984, el director Juan José Jusid la llevó al cine en Asesinato en el Senado de la Nación, con Arturo Bonín en el papel del dirigente santafesino.
Aquel 23 de julio de 1935, mientras Bordabehere agonizaba después de haber recibido tres balazos dentro del Congreso, el decreto que ordenó las honras fúnebres lo definió simplemente como “senador electo”. Esa misma noche, el presidente Agustín P. Justo y su esposa asistieron a una función de gala en el Teatro Colón.