Los dos hombres conocieron la madrugada del sábado a dos chicas en un boliche y, luego de prodigarse algunas caricias, las dos parejas enfilaron hacia el departamento de uno de los caballeros, en el macrocentro de la ciudad. Allí continuaron los arrumacos y las promesas de amor efímero. Entonces, cada pareja dio rienda suelta al deseo y tuvieron un encuentro íntimo. Tras la noche de placer, los anfitriones se quedaron profundamente dormidos y, cuando despertaron, se encontraron con que sus acompañantes se habían marchado. Pero no se habían esfumado con las manos vacías: se habían llevado 150 dólares, 120 pesos, un reproductor de DVD y cuatro teléfonos celulares. Decepcionados y aún somnolientos, los dos caballeros contemplaron la escena mientras se contactaban con un cerrajero para que les abriera la puerta. Es que las muchachas se habían tomado el trabajo de cerrar el departamento y llevarse la llave.



























