Los vecinos de Ghiglione, en el oeste de Villa Gobernador Gálvez, siguen sosteniendo que el suyo es un barrio tranquilo. “Todo lo malo que pasa en el barrio es porque lo traen personas que son de afuera”, consideró una vecina. Este martes al filo de la medianoche siete disparos de calibre 40 sobresaltaron el sueño de la vecindad. Cuando los residentes asomaron la nariz se toparon con una moto tipo scooter marca Honda Elite color blanca sin patente visible y el cuerpo de un muchacho enterrado en una zanja seca de Los Andes al 3200, a metros de Nicaragua. El muchacho se llamaba Pablo Matías Olivieri, de 26 años. Tenía impactos sobre el maxilar izquierdo, brazo izquierdo y espalda. Entre sus ropas llevaba 29 mil pesos y una pistola calibre 45 con dos proyectiles. Nadie tocó ninguna de las pertenencias del asesinado. Fue en el homicidio 237 en el departamento. En la escena fueron secuestradas siete vainas servidas calibre 40. Tenia un hijo de seis años.
“El pibe no era de acá. Se ve lo venían corriendo. A dónde vas a ir con un scooter. El circulaba por Los Andes y una moto le salió al cruce por Nicaragua. Lo remataron en el piso. Llevaba una pistola, pero no le dieron tiempo a usarla”, comentó una vecina de la zona. “Este un barrio en el que nunca pasa nada. Y cuando pasa es porque el quilombo viene de afuera. Se escucharon disparos y también el ruido de una moto. Pero a esa hora estábamos durmiendo porque somos una familia de laburo”, agregó otra residente.
¿Qué hacía Olivieri en barrio Ghiglione con una moto sin peso específico para salir disparando si algo malo pasaba y con una pistola 45 que no llegó a usar? ¿Por qué lo mataron con tamaña ferocidad? Son las grandes preguntas que motorizan a los investigadores.
Un barrio modesto de VGG
Ghiglione es un barrio modesto, de apariencia tranquila. Está ubicado entre la autopista a Buenos Aires y la ruta provincial 22, en inmediaciones del cementerio municipal, a unas diez cuadras del arroyo Saladillo. Es un terreno de seis cuadras por seis que hasta las tomas de tierras de 2013 se había acostumbrado a ser el último barrio en el oeste villagalvense.
Contiguo a Ghiglione está barrio Resistencia, “que es más bravo por el tema falopa”, según contó una residente. Olivieri fue ejecutado a unos 30 metros de la plaza Ghiglione, donde hay un playón de actividades múltiples. La apariencia que da el barrio no sólo es de tranquilidad, sino también de orden y limpieza.
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Pablo Matías Olivieri, la víctima.
Olivieri tenía radicados varios domicilios. Oficialmente se informó que vivía en Alberdi al 1400 de la localidad de Pueblo Esther, a 98 cuadras del lugar donde lo mataron. En esa calle en pleno centro de alrededor de 8 mil vecinos, nadie lo reconocía aunque se corría el rumor de que “un muchacho del pueblo se había matado”.
Una vecina dio el rumor de que el joven vivía “cerca de la cancha de Caju (por el Club Atlético Juventud Unida)”. Allí tampoco lo conocía. “Tenía dirección radicada en Pueblo Esther, pero no vivió nunca ahí”, alertó tardíamente un investigador. También tenía residencias 24 de Septiembre al 400, entre 1º de Mayo y Alem, en barrio Tablada. Y en Punta Indio al 7500 en Puente Gallegos.
Precisamente cuando residía en este último domicilio Olivieri resultó baleado en su pierna derecha, con orificio de salida. Fue atendido en el Roque Sáenz Peña y denunció que lo habían querido asaltar a menos de 100 metros de su casa. El scooter en el que circulaba Olivieri no tenía dominio visible pero respondía a la patente 725-KHQ. No estaba a nombre del muchacho y estaba radicado en Villa Constitución.
El caso quedó en manos de la fiscal de la unidad de homicidios Georgina Pairola, quien comisionó para que trabajaran en territorio a efectivos de la Agencia de Investigación Criminal (AIC) recabando testimonios. En las inmediaciones de la escena del crimen no hay, a simple vista, cámaras de videovigilancia públicas ni privadas.