El hombre no midió los riesgos. Después de cometer un robo con un cómplice en un departamento de
un edificio del macrocentro de la ciudad escapó corriendo de la policía hacia la terraza del
inmueble. Una vez allí escaló al techo de un edificio contiguo y, en una desenfrenada carrera,
intentó alcanzar la azotea vecina. Pero perdió el equilibrio y se desplomó al vacío desde un décimo
piso. Tras estrellar su cuerpo contra un acondicionador de aire, el cadáver del infortunado ladrón
terminó en el patio interno de una boutique.
El caso fue presentado como el desenlace de un atraco, pero los detalles acerca de cómo se
desencadenó cambian según quién lo cuente: la víctima del robo o la policía.
Versión 1. Manuel Hurtado tiene 33 años y trabaja como vendedor en un comercio de
venta de sanitarios. Vive en el 5º piso del edificio de Santa Fe 2736, el sitio donde se inició
todo. Pasado el mediodía de ayer, sentado en el patio de la comisaría 7ª, esperaba que un
sumariante le tomara declaración acerca del hecho que lo tuvo como protagonista y lucía tan
angustiado como aturdido.
El muchacho contó a
La Capital que cerca de las 9.15 de ayer ingresaba al edificio donde vive cuando
fue emboscado por dos desconocidos que “parecían drogados”. “Me mostraron un
cuchillo y me obligaron a subir con ellos a mi departamento. Cuando estábamos adentro, me pidieron
dinero. Yo les di 100 pesos, pero uno de los tipos me pidió más. Como les dije que no tenía, me
cortó con el cuchillo en el pecho”, explicó Manuel. A pesar de estar herido, el dueño de casa
alcanzó a empujar a los intruso al palier. “Primero grité para pedir ayuda y después llamé a
la policía”, recordó.
Versión 2. Sin embargo, la versión policial contradice a Manuel. Al
respecto, una fuente de la investigación indicó que todo empezó cuando un amigo del dueño de casa
llegó al departamento en compañía de un conocido y los tres compartieron unas bebidas
energizantes.
Pero mientras Manuel conversaba con su amigo, vio que el otro joven le robaba su reloj.
“El dueño de casa le recriminó lo que había hecho y el ladrón reaccionó y lo cortó en el
pecho, sobre la axila”, dijo un oficial.
Al parecer, en medio de la disputa Manuel pudo echar de su departamento a los dos visitantes,
aunque uno de ellos tuvo tiempo de apoderarse del efectivo, el reloj y algunas monedas extranjeras
de colección. Ante los gritos del dueño de casa clamando por ayuda, los intrusos llegaron a la
planta baja, donde se toparon con la puerta de ingreso cerrada.
Sebastián, dueño de un almacén y vinería ubicada en la planta baja del edificio, vio que los
fugitivos pedían que les abriera la puerta pero, según contó a este diario, no lo hizo.
Escape fatal. Ya para entonces una patrulla del Comando Radioeléctrico había
arribado al lugar. “Cuando vieron al tipo nervioso adentro del palier, los policías se dieron
cuenta de que no vivía en el lugar”, explicó el comisario Hernán Brest, a cargo de la
Inspección de 2ª Zona.
Acorralados por la policía, los intrusos salieron disparados hacia el interior del edificio de
11 pisos. Entonces, el propietario de la vinería les abrió la puerta a los uniformados y éstos
salieron tras los pasos de los fugitivos. A uno lo atraparon en el 5º piso y dijo que su cómlice
había subido a la terraza.
Según Brest, los agentes llegaron a la azotea pero no lo vieron. Es que el muchacho había
comenzado un alocado escape. Según el vocero, primero destrozó a puñetazos el cristal de la puerta
de acceso a la terraza, después alcanzó el techo de la propiedad y desde allí trepó a la azotea de
un edificio contiguo, en Santa Fe 2746. Desde ese inmueble quiso saltar a otro edificio, pero en
ese momento terminó su huida. Al parecer, el muchacho perdió el equilibrio y se desplomó al
vacío.
La caída fue vertiginosa. El cuerpo del muchacho rebotó en las paredes, se estrelló en un
acondicionador de aire a unos cinco metros del suelo y terminó en el patio interno de una boutique,
en la planta baja de Santa Fe 2746.
Allí los policías lo encontraron sin vida. Junto al cadáver hallaron el reloj y el efectivo que
le habia robado a Manuel. Fue identificado como CArlos Daniel González, de 26 años. En tanto, tras
ser detenido, su cómplice dijo llamarse Manuel Federico Martínez, pero después en la comisaría 7ª
fue identificado como Leonardo Ferragut, de 37 años.