"Ni mi esposa ni yo tenemos rencor, ni odio. Ya no nos queda nada, porque él no
me va a devolver a mi hija. Pero le pedimos que confiese y que sea la Justicia, especialmente Dios,
quien lo condene". Ernesto Núñez, junto a su mujer Mirta, lanzó ese rotundo pedido hacia Andrés
Sosa, el estudiante universitario de 23 años que está acusado de asesinar de un disparo en la
cabeza a Gabriela al culminar la marcha en reclamo de justicia que encabezaron anoche y que tuvo su
punto final frente a la casa del joven.
"Tiene que darles tranquilidad a su alma y a su familia. Tiene que ser
consciente de que nos destruyó a nosotros, pero también a su madre", manifestó el papá de Gabriela
durante una movilización que se desarrolló sin incidentes y que terminó frente a un cordón
conformado por unos 20 policías que custodiaban la casa de Sosa, en Nicaragua 1193, un inmueble que
a simple vista, desde la calle, parecía deshabitado.
Reclamo en paz. En ese lugar un grupo de personas intentó pegar fotos de la
chica asesinadas frente al portón de un garaje, pero Ernesto pidió que la manifestación termine en
paz. "No somos violentos, mi hija no era una persona violenta. Por favor, no demostremos que somos
iguales a él", proclamó el hombre al momento de poner calma.
Unos minutos antes, familiares, amigos, vecinos del barrio y compañeros de
escuela de Gabriela se concentraron frente a la vivienda de la familia Núñez, en Carranza al 1200.
La intención era transitar en silencio las 10 diez cuadras que separan una vivienda de otra para
reclamar que el caso no quede impune, lo que en definitiva se transformó en un virtual escrache.
Sosa se había entregado pocas horas después del crimen. Eso ocurrió el martes antes de las 20.
Gabriela salió de una clase de inglés y cuando se dirigía a tomar un ómnibus fue
interceptada en Sucre al 1100 y asesinada de un disparo en la cabeza. En el interrogatorio sumario
realizado por la policía, Sosa reconoció haber disparado el arma, pero adujo que lo hizo en forma
accidental y que sólo quería asustar a la chica.
Rostros. Pancartas, carteles y fotos de la muchacha asesinada y otros que pedían
"Justicia por Gabriela" comenzaron a verse en la cuadra conforme comenzaba a caer la noche. "No hay
palabras que nos consuelen", decía un cartel sostenido por un par de pibas. Pero también los
organizadores repartieron imágenes de la cara del imputado, que llevaban impresas el nombre y la
leyenda "asesino".
Cuando eran cerca de las 19, Ernesto puso marcha la columna y abrazado a Mirta
comenzaron a caminar por Carranza para luego tomar por Mendoza en dirección al este. "Por favor,
terminemos esto en paz. No mostremos una imagen de violencia", fue el pedido que lanzó por primera
vez el papá de la chica asesinada a poco de iniciarse la caminata.
Muchos adolescentes y también personas adultas portaban velas encendidas dentro
de vasitos de plástico lo que le imprimía una imagen especial a la fría noche. Todos en silencio se
desplazaron hasta llegar a la esquina con Nicaragua. El desplazamiento de la columna causó una
congestión en el tránsito por el carril oeste-este de Mendoza, pero no se escucharon bocinazos.
Cuando los manifestantes doblaron por Nicaragua para enfilar hacia la casa de
Sosa, comenzaron a sonar aplausos y pedidos de justicia. Los padres de Gabriela recibieron el apoyo
de los familiares de Bárbara Simón, la chica de 17 años asesinada en junio pasado en la localidad
de Las Parejas y de integrantes de la Agrupación Padres del Dolor.
"Ni mi esposa ni yo tenemos rencor. Queremos pedir justicia en paz, queremos el
esclarecimiento del hecho, nadie pide la muerte de nadie, tampoco sentimos odio, sólo pedimos
justicia", reclamó Ernesto.