Cristian Altamirano, de 32 años, llegará hoy en notoria desventaja objetiva al
tribunal que le imputa el asesinato de Manuel Novillo, de 41: un cúmulo de testimonios y elementos
en su contra le atribuyen haber bajado de su auto y disparado a corta distancia contra otro
vehículo, tras una discusión de tránsito en Rioja al 500 el domingo a la madrugada. Y a eso se suma
el hecho de que la pistola calibre 11.25 Colt que le secuestraron no tenía numeración a simple
vista, lo que sugiere que era un arma ilícita. Según la acusación, esa pistola fue la utilizada
para matar de un tiro a uno de los pasajeros del otro auto.
Altamirano es empleado hace años como distribuidor de una empresa de productos
lácteos, dijo su abogado, Jorge Alcaraz. Vive en Corrientes al 100 y es soltero. Ayer se abstuvo de
declarar ante la policía. Está incomunicado, por lo que su defensor recién tomará contacto con él
hoy en Tribunales. No se le conocen antecedentes penales. Su abogado, que lo conoce con
anterioridad, dijo que se trata de una persona tranquila, y se excusó de pronunciarse del tema
hasta tanto escuche la versión de su cliente.
Recién hoy el área de Criminalística aportará tres datos requeridos por el juez
Javier Beltramone: si las vainas levantadas del lugar del crimen salieron del arma secuestrada, la
distancia precisa a la que se efectuaron los disparos y si por debajo de la superficie del arma con
un proceso de revenido químico aparece una numeración que hasta ayer no se advirtió.
El arrebato. La víctima del desmesurado ataque, Manuel Novillo, tenía 41 años.
Desde hacía quince se ganaba la vida acomodando libros en los puestos de vendedores ambulantes
instalados en la plaza Sarmiento. Estaba casado con Claudia Fernández, de 43 años, y la pareja
tenía dos hijos: Daiana, de 10, y Nahuel, de 13, con quien vivía en el Fonavi de Parque Oeste. El
nene tiene una discapacidad mental y asiste a la Escuela Especial Nº2.050. La única diversión del
matrimonio, según contaron los familiares, era ir a bailar. El sábado fueron a Latino, una
discoteca situada en Alem al 1100.
"Tomátelas, por que si no te voy a cagar a tiros", es la frase que los testigos
adjudican a Altamirano, unos segundos antes de disparar contra el Peugeot 405 en el que iba Manuel,
antes de recibir un balazo que le atravesó la cabeza en el asiento trasero del vehículo. El
destinatario de la amenaza fue el hermano del hombre fallecido que guiaba el auto y había discutido
con el agresor por un encandilamiento. El testimonio lo brindaron dos familiares del hombre
asesinado.
Manuel Novillo y Claudia se habían encontrado en Latino con el hermano de él y
la esposa, Carlos Alberto Novillo y Patricia —está embarazada de tres meses—. Cerca de
las 5 del domingo, Claudia se sintió mal y entonces las dos parejas decidieron marcharse del
boliche. Subieron al Peugeot 405 con una amiga de los dos matrimonios y Carlos se sentó al volante.
Condujo por 1º de Mayo y cuando llegó a Rioja giró hacia el centro. Delante iba un Peugeot 206
negro con vidrios polarizados donde iba el conductor y dos mujeres.
La luz mala. El incidente se inició a raíz de que el conductor del Peugeot 405
llevaba las luces altas encendidas y esto molestó al hombre que manejaba el Peugeot 206. "El tipo
lo encerró a Carlos y le cruzó el auto. Después se bajó y comenzó a discutir con él", contó un
familiar del hombre asesinado.
En medio de la disputa, el del 206 recogió una pistola calibre 11.25 en su
vehículo. "El tipo fue hasta donde estaba el auto y una mujer rubia le dio el arma", recordó
Griselda Fernández, hermana de Claudia. En ese momento, el agresor, "un hombre robusto con aritos",
lanzó la advertencia. "Tomátelas porque te voy a cagar a tiros".
El atacante ya tenía la pistola 11.25 en sus manos cuando una de las mujeres que
estaban en su auto lo alentó a disparar. "Si no sos un cagón, tirale", lo animó una de las
acompañantes, según contó Griselda a este diario. Asustado, Carlos reinició la marcha y el
conductor del 206 abrió fuego a mansalva. Un tiro dio en una rueda delantera y otro en el
guardabarros trasero. Un tercer proyectil atravesó el parabrisas e impactó en la cabeza a Manuel
Novillo mientras dormía en el asiento trasero. El balazo ingresó por la nuca y salió por un
ojo.
Camino al fin. Desesperada, Claudia le suplicó a su cuñado que acelerara la
marcha. "Carlitos, apurate que a Manu le sale sangre por la nariz y los oídos", le rogó. Carlos
enfiló para la comisaría 1ª en búsqueda de auxilio. Un vehículo de la dependencia policial lo llevó
al hospital Provincial, pero su vida se apagó en el camino. "Manuel se murió apoyado en el hombro
de Claudia", contó Griselda. Claudia habló brevemente ayer con este diario. Estaba bajo efecto de
sedantes y dijo que referirá su terrible vivencia cuando se reponga anímicamente.
Por el suceso, la policía apresó a Cristian Altamirano, de 32 años. Tras la
detención, los uniformados hallaron la pistola 11.25. Ayer, una fuente de la investigación policial
señaló que el sospechoso de haber disparado el balazo mortal no tenía permiso para portar armas de
fuego.
Eduardo Caniglia
La Capital