Hernán Facundo José Lazo tiene 42 años y fue apresado el miércoles de la semana pasada en la localidad bonaerense de Chiclana, a 18 kilómetros de Pehuajó, tras permanecer prófugo durante una década. Lo buscaban por el aberrante femicidio de Rocío Daiana Gómez, una adolescente de 17 años a la que privaron de su libertad, mataron y descuartizaron en febrero de 2011 en la zona norte de Rosario. Por el caso ya habían sido condenados su hermano, Juan José “Pijúan” Lazo y Jonatan Raúl “Joni” Vargas. Pero él se había escapado. Ahora, con su hallazgo, la Justicia local dispuso en una audiencia que pase tras las rejas los próximos dos años mientras se avanza en el proceso de imputación en el marco del sistema penal que rige desde 2104, es decir tres años después de cometer el crimen por el cual está acusado.
La audiencia en la cual Hernán Lazo fue notificado de la acusación que pesa sobre él fue presidida por el juez Román Lanzón, quien le dictó la prisión preventiva por el plazo de ley. En la misma el fiscal Gonzalo Fernández Bussy, a cargo de las causas pendientes del viejo sistema penal santafesino, solicitó la medida cautelar para el acusado por la “privación ilegítima de la libertad doblemente calificada por el uso de violencia, amenazas y uso de arma de fuego, lesiones y robo calificado por el uso de arma de fuego, todo en concurso ideal” de la menor que al momento del crimen tenía un bebé de 14 meses. El pedido del fiscal fue acompañado por la querella que representa a los familiares de Rocío, a cargo de Valentín Hereñú, y rechazado por el defensor Darío Pangrazzi.
De acuerdo a fuentes judiciales, por ser una causa del sistema conclusional, Lazo no puede ser imputado ya que oportunamente, al descubrirse el caso por el cual fueron condenados su hermano y un cómplice, ya había sido indagado. Así las cosas, “una vez que se le dicta la prisión preventiva se avanzará avanzará en el proceso para una imputacion en el nuevo sistema acusatorio, aunque para ello se tienen que analizar los elementos que hay en el viejo expediente”.
El 25 de febrero de 2011 Rocío se fue de la casa de sus padres en el barrio Norte de San Lorenzo. Se llevó a su bebé, un bolsito con algunas prendas de vestir y su documento. Al día siguiente la adolescente llamó a Norma, su madre, para que le llevara la moto que habían comprado hasta la casa de quien era su pareja, Pijuán Lazo. El hombre tenía una pequeña granja en el barrio La Cerámica y dijo que le iba a comprar la moto para ayudarla con la mala situación económica que atravesaban. La mujer cumplió con el pedido y con Fernando, su concubino, fueron hasta esa vivienda en las dos motos de la familia.
Cuando Norma y Fernando llegaron a la casa de Pijúan en Valle Hermoso al 1200, donde funcionaba una pequeña despensa, recibieron un buen trato por parte de Lazo, su hermano Hernán Facundo y Joni Vargas. Pero cuando la mujer quiso hablar con su hija, a quien vio con la cabeza rapada y atada con cintas de embalar, y trató de acercarse a su nieto, la situación cambió. Pijúan sacó un arma de fuego y le empezó a gritar a Norma. Cuando su pareja intentó intervenir, le pegaron un culatazo en la cabeza y le colocaron una bolsa de nailon para ahogarlo mientras a ella la obligaban a firmar los boletos de compra venta de las motos. Luego, según denunció la mujer, abusaron sexualmente de ella y su hija y finalmente los echaron no sin antes amenazarlos de muerte si contaban lo sucedido.
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Nada más se supo de Rocío y su bebé hasta agosto de aquel año. Por entonces Norma y su familia ya se habían mudado del barrio Norte de San Lorenzo a la provincia de Buenos Aires por temor a represalias y allí hicieron la denuncia de lo ocurrido. La búsqueda de la adolescente y el niño tuvo novedades recién el 8 de mayo de 2011, cuando el pequeño apareció abandonado y a salvo en un descampado de San Nicolás. Tres meses más tarde, el 13 de agosto se hallaron los restos de Rocío enterrados en un pozo tapado con cal en una casa abandonada de Martín Fierro al 600, en La Florida, que Pijuán había alquilado para poner un bar. Cuatro días después su negocio de Valle Hermoso al 1200 fue incendiado y saqueado.
El 22 de septiembre de 2011 Pijúan fue apresado en un comedor comunitario de Granadero Baigorria donde se estaba aguantando. Según dijo la policía, estaba tomando mates con Joni, también acusado por Norma como uno de sus agresores. Tres años más tarde Lazo fue condenado a 15 años de cárcel por los delitos de privación ilegítima de libertad doblemente agravada por el uso de violencia, amenazas o venganza y por el uso de armas de fuego en dos hechos, así como el robo calificado por el uso de arma de fuego, lesiones y homicidio simple, además de la tenencia ilegítima de un arma de guerra. A Joni Vargas, en tanto, le dieron 7 años y medio de prisión por privación ilegítima de libertad doblemente agravada, robo calificado y lesiones.