Este lunes por la noche Silvina, de 25 años, compraba tomates en una verdulería de Empalme Graneros cuando advirtió que desde una moto el acompañante había desenfundado un arma de fuego. Solo alcanzó a abalanzarse sobre su hija de 10 años y tirarse al suelo encima de ella. Lo que llegó fue una ráfaga de varios disparos y uno de ellos impactó en una pierna de la mujer. "No se me va esa imagen de la cabeza, nos podrían haber matado", contó a La Capital mientras hace reposo en su casa.
Este hecho fue uno más de los tantos que se registran en Rosario semanalmente. Sin ir más lejos: un día antes hubo dos ataques a balazos sobre una misma casa de Teniente Agneta al 3100 y un día después hubo dos balaceras más contra una vivienda de Forest al 7400 y otra en Tupac Amarú y Teniente Agneta. Todas tienen su historia. En esta, la de Silvina, destaca la sensación de haber estado -ella y su hija- al borde de la muerte.
Tal como contó la mujer a La Capital, el lunes por la noche llegó a la verdulería de su cuñado en el cruce de José Ingenieros y Aguapey para hacer unas compras. Cuando estaba bajando de la moto junto a su hija vio que dos personas pasaron en una Honda Titán negra, pero no le dio importancia porque siguieron de largo. Una vez dentro del local vio que su cuñado no estaba y, como hacía habitualmente, eligió unos tomates y los pesó. En ese instante notó que la moto con los dos hombres había dado la vuelta y volvía a pasar por el comercio.
"En ese momento salió mi cuñado, esperaron a que alguien estuviera afuera para disparar", relató Silvina. "Cuando veo que el chico de atrás saca el arma alcanzo a tirar a mi nena al piso y ahí siento que me impacta en la pierna cuando me estoy tirando encima de ella", agregó. La imagen todavía está fresca en el recuerdo de la joven: la Titán negra, los dos hombres con tapabocas y el de atrás, también encapuchado, que sacó el arma y arrancó a los tiros.
Miedo entre los vecinos
Silvina no puede explicar cómo hizo y de dónde sacó fuerzas para levantarse y correr con su hija hasta la casa de una vecina. Una vez que se sentó, se descompuso y esperó a que su marido llegara para llevarla en auto al Hospital de Emergencias Clemente Álvarez. Allí la atendieron y pasó la noche en observación hasta que el martes le dieron el alta.
El balazo entró por el costado del muslo y salió por adelante. Ahora Silvina tiene que ir todos los días al centro de salud del barrio a hacerse curaciones y el resto de las horas las pasa en reposo en espera de recuperar la movilidad.
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Este miércoles en la zona de los tiros los vecinos no dijeron nada sobre el hecho, apenas aportaron algunos datos que sirvieron para contactar a la víctima de la balacera. Lo cierto es que en las casas que rodean a la verdulería atacada parece reinar el temor. Incluso la vivienda y el local fueron abandonados por los familiares de Silvina.
"Los vecinos entraron cada uno a su casa, nadie llamó a una ambulancia. Es por el miedo, obvio, yo también tengo miedo", contó la joven.
"La vida cambió para toda la familia. Tenemos miedo porque no sabemos por dónde viene la mano", dijo Silvina. Consultada sobre la motivación del ataque, que al parecer no fue dirigido a ella específicamente, la mujer mencionó la posibilidad de un problema en el que podría estar vinculado su sobrino de 16 años que vivía en esa casa de José Ingenieros y Aguapey. "Sé que andaba juntándose con gente con la que no se tiene que juntar, pero no sé quiénes fueron ni por qué", explicó la joven.
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"Estamos aterrorizados porque no sabemos si quieren matar a mi sobrino, si nos buscan a nosotros, si sabían que yo soy la tía o si solo querían asustar. Pero me parece que esperaron a que estuviera alguien afuera para disparar", dijo Silvina. "Mi marido es re laburador, se levanta todos los días temprano para salir a trabajar. Yo quiero que esto quede así y Dios me cubra a mí y a mi familia, porque tengo tres hijos", agregó.