Gualeguay.— Ocho meses después del crimen de Ariel Pasquini, el kayakista
que murió en febrero pasado al recibir un escopetazo en la espalda cuando estaba en un paraje
isleño frente a Rosario, se inició ayer a la mañana el juicio oral y público que investiga la
conducta penal del único acusado que tiene la causa, el también rosarino Francisco Mateo Alvarez.
El debate comenzó en la Cámara del Crimen con asiento en la ciudad entrerriana de Gualeguay, a unos
180 kilómetros de Rosario, y finalizó ayer mismo con los alegatos de las partes.
El fiscal Dardo Tortul pidió 11 años de prisión y el abogado Jorge
Alberto Brasesco, que representa a los familiares del muchacho asesinado, solicitó 15 años de
prisión de cumplimiento efectivo mientras que la defensa del imputado requirió la absolución.
Alvarez, un jubilado de 73 años, es juzgado por los delitos de homicidio
simple y agresión con toda arma, una figura jurídica que describe la acción de un acusado que, como
en este caso, intentó primero agredir a otras personas con un machete. Se trata de dos delitos que
se concursan materialmente y el más grave, el asesinato, absorbe la mayor pena que se establece
entre los 8 y 25 años de cárcel.
A pesar de la gravedad de la acusación, Alvarez llegó al juicio en
libertad porque el juez que instruyó la causa consideró que, tras imponerle algunas condiciones
como someterse a un tratamiento psiquiátrico y presentarse regularmente ante Prefectura Naval, no
intentaría evadirse. También le impuso una fianza de 3.500 pesos.
Alvarez había sido procesado por el juez penal de la localidad
entrerriana de Victoria, Alejandro Calleja, por el delito de homicidio simple y agresión con arma.
A su vez, el fiscal de esa ciudad, Eduardo Guaita, había descartado que el disparo se haya
producido en forma accidental como sostuvo el imputado y desestimó su versión de que recogió el
arma porque se “sentía hostigado” por los hermanos Casal, con quienes había discutido
aquel 14 de febrero.
Ayer frente a los integrantes del tribunal —Rolando Cirigliano,
Edgardo Garibotti y Jorge Torres— Alvarez prestó declaración indagatoria y desfilaron cuatro
testigos: la novia de la víctima, Andrea, los hermanos Casal y un amigo del imputado de apellido
Hermida.
En la audiencia. Juan José Azpeitía, el abogado de Alvarez, contó a
La Capital que su cliente ratificó la versión que había sostenido en la etapa de instrucción.
“Dijo que el disparo fue accidental, que no conocía a la víctima y que no la vio en el
momento del hecho”, explicó el letrado. El imputado, según Azpeitía, admitió que “tenía
un conflicto muy grave” con los hermanos Casal.
A su vez, Andrea señaló que escucharon ruidos y, entonces, su novio se
acercó para ver lo que ocurría y en ese momento recibió el escopetazo, pero que ella no pudo
observar la escena. También sostuvo que el agresor “no mostró arrepentimiento” tras el
ataque.
En tanto, ante el tribunal, los hermanos Casal recordaron las disputas
que mantenían con Alvarez por la demarcación de los terrenos lindantes de sus propiedades. También
dijeron que vieron a Alvarez empuñando el arma. “Contaron que las discusiones eran frecuentes
y que este hombre (por Alvarez) les había roto un panel de abejas”, contó Gabriela, hermana
del muchacho fallecido.
El hecho. Ariel Pasquini tenía 31 años y era un apasionado del kayak. El 14 de
febrero pasado, junto con su novia, disfrutaba de un día de sol en un paraje ubicado a la altura
del kilómetro 423 del Paraná Viejo. Cerca de las 15 de ese día se desencadenó una violenta
discusión entre Alvarez y los hermanos Casal, también rosarinos y asiduos concurrentes a esa parte
del delta entrerriano.




























