"Tranquila. No te voy a hacer nada. Mi mujer también está embarazada". Silvia,
quien espera un hijo para dentro de tres meses, siguió el consejo de uno de los tres ladrones que a
cara descubierta entraron a robar el jueves por la noche el mercadito de su familia, en el barrio
Las Delicias, y se tranquilizó. Los maleantes llegaron empuñando una pistola calibre 9 milímetros y
una escopeta recortada. Se llevaron del local 1.500 pesos y un teléfono inalámbrico. Pero cuando
salían se toparon con un vecino que es policía y estaba franco de servicio que los enfrentó arma en
mano. Los vecinos contaron que se desató una balacera importante en el lugar y que uno de los
ladrones resultó herido. El trío logró huir en un taxi que presuntamente los esperaba en las
cercanías, pero el herido terminó apresado cuando llegó al Hospital de Emergencias para hacerse
atender.
Roberto Lizarraga es descendiente de vascos y tiene 64 años. Su mercadito, que
tiene el mismo nombre del barrio, está ubicado desde hace 14 años en pasaje Patria al 1600 (altura
de España al 5200).
El jueves, pasadas las 21, sufrió el cuatro robo a mano armada. "Ibamos a
cerrar. No había clientes y estaba con mis dos hijas (una de ellas embarazada de 6 meses) y mi
yerno. Entonces tres muchachos aprovecharon que le abrimos la puerta a un cliente y se metieron. A
mi me hicieron tirar al suelo y me pusieron una recortada en el pecho. A mi yerno le pusieron una 9
milímetros en las costillas. Así empezó todo", rememoró ayer el comerciante.
La granjita. "Las Delicias" es un típico mercadito de barrio: una sola puerta de
ingreso, pegada a la única caja y cuatro pasillos de góndolas que confluyen en la panadería y en la
carnicería. Una vez que cae noche, la puerta se cierra y se atiende de acuerdo a la cara del
cliente. "No parecían ladrones. Estaban bien vestidos y hasta dejaron olor a perfume", recordó
Silvia, una de las hijas del dueño que está embarazada de seis meses. "Vinieron bien a cara limpia.
Tienen entre 20 y 30 años. Estaban muy tranquilos y nos decían que no hiciéramos nada", recalcó
Roberto.
Con los dos hombres controlados, el tercer maleante fue a la caja y empezó a
forzarla con una tijera. "Dejame que te la abro", dijo Roberto desde el piso. "Sólo quería que se
fueran. Les abrí la caja y se llevaron unos 1.500 pesos y el teléfono inalámbrico", recordó. Todo
duró poco más de cinco minutos.
El aviso.Pero puertas afuera del mercadito una vecina vio el robo y se fue hasta
la casa de un vecino que es policía. "Llamalo a Roberto que están robando la granjita", gritó la
mujer. El agente, que tiene 35 años y revista como sargento en el Comando Radioeléctrico, agarró su
arma reglamentaria y corrió media cuadra.
Cuando el sargento llegó al comercio se topó con el trío de ladrones que estaba
saliendo. "Es un vecino que trabaja en la policía y saca la cara por el barrio", dijo Silvia.
"Cuando el policía les gritó, empezaron a correr y a tirar como locos. Corrían y tiraban. La cuadra
quedó llena de tiros en las paredes y a un vecino le balearon el auto", contó una mujer.
Los ladrones salieron del mercadito y tomaron por Patria hacia la vía que corre
paralela a Flammarion. A la altura del 1625 de la cortada, donde hay otra granjita, uno de los
maleantes cayó herido. El balazo le entró por la clavícula y le salió por el cuello. "Cayó acá,
pero se levantó y siguió corriendo", explicó Ivana, la dueña del Fiat Regatta que resultó dañado
por las balas. "Unos vecinos contaron que los estaba esperando del otro lado de la vía un taxi y se
fueron", contó la mujer a la que el seguro no le reconocerá la luneta ni el parabrisas destrozados
por los balazos.
Menos de media hora después del robo al mercadito, al Heca ingresó un herido de
bala "al que habían bajado de un taxi", según indicó una fuente consultada. El herido fue detenido
por efectivos de la seccional 21ª como sospechoso de ser integrante del trío delictivo. Fue
identificado como Joel Sibulsky, de 21 años, un muchacho con antecedentes penales que salió de la
cárcel de Piñero hace dos semanas.