Una balacera extorsiva contra una casa de Sorrento y la vía y las amenazas desde la cárcel a una familia para obligarla a vender drogas dieron cuenta de la permanencia en actividad de la banda de Fran Riquelme, preso por liderar una organización vinculada con Esteban Alvarado en los barrios Ludueña y Empalme Graneros. Diez personas habían sido acusadas en septiembre del año pasado de pertenecer a esta asociación ilícita que mantiene una disputa sangrienta con otra banda ligada a Los Monos. A ellos se sumaron este miércoles otros tres detenidos por hechos violentos cometidos entre febrero y mayo pasado a órdenes de los jefes desde prisión.
Dentro de esa trama, el fiscal Adrián Spelta incluyó a tres detenidos en siete allanamientos del jueves pasado. Mauro Leonel M., de 24 años, Alvaro A., de 25, y Sergio Adrián C., de 34, participaron de una extensa audiencia en el Centro de Justicia Penal. Los tres fueron imputados ante la jueza Silvia Castelli como miembros de una asociación ilícita, delito agravado por la participación de menores de edad en la organización. Dos de ellos sumaron otros hechos violentos —una balacera y una amenaza telefónica— que también fueron atribuidos a los dos jefes. El trámite se reanudará el viernes para el tratamiento de medidas cautelares. El fiscal adelantó el pedido de prisión preventiva para todos.
Los barrios Ludueña, Empalme Graneros e Industrial concentraron más de cuarenta de los 288 homicidios dolosos del año pasado en el departamento Rosario y al menos catorce en lo que va de este año. Un contexto que explica esa concentración de casos es la guerra que mantienen en esos territorios la banda dirigida desde la cárcel por Mauro Gerez y Andy Benítez, considerada una franquicia de Los Monos, contra el grupo de Fran Riquelme que responde a Alvarado, también comandada desde prisión.
En septiembre pasado fue imputada una decena de personas por formar parte de esta última organización llamada “Los Riquelmes”, integrada además por tres adolescentes y a la que se le atribuyen amenazas, venta de drogas, balaceras y homicidios. Según la imputación, la estructura comenzó a funcionar por lo menos desde marzo de 2021 como resultado de “su vínculo con Esteban Lindor Alvarado” y actuó “sin oponentes” hasta que en julio de ese año irrumpió el grupo de Gerez.
“A partir de ese momento comienza una férrea disputa entre ambas bandas por el control y dominio del territorio, donde cada una de ellas procuraba excluir a la antagónica”, plantea la imputación. Como jefes están presos Riquelme y Fernando Ezequiel Cabaña, quien “tomó el lugar de organizador” tras la caída de Fran y coordinó actividades hasta caer también detenido.
Dentro de ese esquema, Sergio C. fue considerado quien “controla el curso de la empresa delictiva y dirige a los estratos inferiores de la banda” además de proveer material balístico y armamento. En el allanamiento a su casa se secuestró un chaleco antibalas sin inscripción y con las etiquetas recortadas. Alvaro A. es “el encargado de ejecutar ataques armados contra las personas y las viviendas”. En tanto que a Mauro M. se lo considera un integrante que “comete delitos contra la libertad de las personas”.
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Las detenciones de estos tres nuevos acusados fueron impulsadas por dos hechos de los últimos cinco meses. El primero ocurrió el 12 de febrero. Según la imputación, Fran Riquelme desde la cárcel de Piñero y Fernando Cabaña desde la unidad de Coronda le ordenaron a Alvaro A. que fuera a realizar disparos contra una casa de la zona de Sorrento y las vías. La balacera se concretó a las 20.40.
Uno de los disparos ingresó a la vivienda e hirió en un tobillo a una mujer que fue atendida en el Pami II. En el frente de la casa, además de al menos cinco disparos de un arma calibre 9 milímetros, quedó un cartel que decía: “Dejá la casa o matamos a vos y a tu mujer. Atentamente, la mafia”. Por este ataque, los dos presos como jefes y el sindicado como tirador fueron imputados por el delito de amenazas coactivas agravadas y, este último, además por la portación ilegítima de arma de guerra.
El siguiente episodio que dio cuenta de que el grupo sigue activo en las calles fue el 5 de mayo, dos días después de que Angel Coronel, de 39 años, muriera con nueve disparos cuando iba a comprar cigarrillos a pocas cuadras de Sorrento y Travesía. “Como mataron a Angel ahora necesitamos que alguien venda en el barrio. La decisión viene de arriba. Por las buenas o por las malas”, decía el mensaje que recibió una familia en un llamado telefónico a las 17.15 de ese día.
El llamado, según la investigación, fue realizado desde la cárcel de Piñero por Fernando Cabañas, quien sumó otra imputación por amenazas coactivas agravadas. El mismo delito fue atribuido a Mauro M., quien de acuerdo con la pesquisa se presentó un rato más tarde en la casa de la víctima y entregó un celular con Cabaña al otro lado de la línea, quien añadió: “Tenés que vender droga para nosotros si no vamos a cagar a tiros tu casa”.