Y volvió a suceder. Una anciana de 82 años cayó víctima de la banda que realiza
el cuento del tío vía telefónica y se alza con los dólares de desprevenidas víctimas. El ardid
utilizado por los maleantes el miércoles por la tarde fue nuevamente el de alertar a una mujer
sobre un inminente allanamiento a su casa de Santiago al 700. Desde el otro lado del tubo uno de
los maleantes dijo ser un juez penal y le sugirió a quien sería su víctima que preservara todo lo
que fuera de valor. Así, la anciana le entregó a un "hombre de tez blanca, unos 30 años, vestidos
de saco y corbata y de pelo rubio prolijamente cortado", 15 mil pesos, 6 mil dólares y varias
alhajas de oro.
Pero esa no fue la única actuación de los estafadores el miércoles por la tarde.
Pasadas las 16 trataron de timar a una mujer de 85 años, domiciliada en Laprida al 700, a quien
llamaron haciéndose pasar por un reconocido abogado del foro local que ya fue citado por los
delincuentes en otros golpes. En este caso hubo una serie de reacciones de la anciana que hicieron
abortar el atraco.
El golpe. Cuando los investigadores le preguntaron a Elida Antonia R., de 82
años, si no había visto en la tele o en el diario la advertencia sobre el tipo de casos del que fue
víctima, respondió: "Perdón, me embataté". La octogenaria, que es viuda y vive en Santiago al 700,
recibió pasadas las 15 del miércoles un llamado telefónico. Al atender escuchó a un hombre que se
identificó como juez y le advirtió que su casa iba a ser allanada. La mujer dijo que no entendía el
por qué y el falso magistrado le manifestó que era un problema con el edificio. En tono amable,
pero firme, el maleante le planteó que si quería estar más tranquila, llamara a su hija por
teléfono. Pero la mujer se negó.
A partir de ese momento se desarrolló uno de los ardides de la banda. Le dijeron
que el allanamiento era inminente y que la policía no era confiable, por lo que le convenía agarrar
todo lo que tenía de valor, colocarlo en una bolsa y dárselo a un abogado que pasaría por su
vivienda. Y así fue, a las 15.40 un muchacho vestido prolijamente llegó, tocó el portero y la mujer
le entregó 15 mil pesos, 6 mil dólares y varias alhajas (anillos, cintillos, cadenas y prendedores
de oro 18 kilates). La anciana, al darse cuenta de lo ocurrido, lo denunció en la comisaría 6ª.
El fracaso. Media hora después de haber concretado el golpe, otro teléfono
comenzó a sonar. Fue en la casa de Elvira, de 85 años, en Laprida al 700. La mujer atendió y del
otro lado se presentó "el doctor Peyrano", un apellido ya invocado en otros hechos y que lleva a
confusión con el de Guillermo Peyrano, decano de la Facultad de Derecho de la Universidad Católica
Argentina. A pesar de la confusión en la que quisieron hacerla caer, la mujer dudó y cuando se
cortó la charla, llamó desde su línea fija a una de sus hijas, que es abogada.
Para sorpresa de Elvira, en vez de su hija atendió un hombre que intentó imitar
a una mujer: "Soy yo mamá, tengo faringitis y no puedo hablar", le dijeron. Al no reconocer la voz
la mujer le cortó, esperó unos segundos y volvió a llamar a la casa de su hija. Pero otra vez le
respondió la misma voz: "Pero mamá, soy yo. Tengo faringitis, tengo la voz tomada". Elvira cortó.
Espero unos 15 minutos, volvió a llamar a su hija y esta vez sí pudo comunicarse.
Una de las recomendaciones que dio la fiscal a cargo de la Oficina Judicial de
Causas con Imputados No Individualizados (NN), Viviana Cingolani, estuvo centrada en ese punto. Que
las víctimas no utilicen la línea fija para pedir auxilio a sus allegados, porque las mismas están
pinchadas por la banda.
"Al recibir una llamada de este tipo al teléfono fijo no se comuniquen con nadie
o no usen la línea por la que recibieron el llamado. Si van a llamar a familiares háganlo por un
celular. No brinden información ni datos personales. Y, fundamental, no abran la puerta a nadie. Ni
entreguen dinero a desconocidos", indicó Cingolani. A pesar de que Elvira no llegó a ser embaucada,
se presentó en Tribunales y radicó la denuncia ante la oficina de NN, como se reconoce a esta
dependencia judicial.