Policiales

Los indicios que comprometen al joven procesado por matar a una adolescente

Hay indicios que establecen que Andrés Soza estuvo en el lugar y en el momento en que mataron a Gabriela Núñez. Hay indicios que sugieren que participó en el hecho. Hay indicios que muestran una serie de conductas sospechosas en él con anterioridad y posterioridad al crimen. Hay indicios en su personalidad compatibles con una persona capaz de protagonizar algo como lo ocurrido. Y hay, finalmente, indicios de que él tenía una motivación para hacer algo así.

Domingo 12 de Octubre de 2008

Hay indicios que establecen que Andrés Soza estuvo en el lugar y en el momento en que mataron a Gabriela Núñez. Hay indicios que sugieren que participó en el hecho. Hay indicios que muestran una serie de conductas sospechosas en él con anterioridad y posterioridad al crimen. Hay indicios en su personalidad compatibles con una persona capaz de protagonizar algo como lo ocurrido. Y hay, finalmente, indicios de que él tenía una motivación para hacer algo así.

Todo ese cúmulo de indicios, detallados y resumidos en un texto de 20 páginas, son los que llevaron a la jueza Alejandra Rodenas a procesar a este estudiante de ciencias económicas, de 24 años, por el homicidio agravado de Gabriela Núñez, la estudiante secundaria de 16 que el 5 de agosto pasado, poco antes de las 20, recibió un balazo en la cabeza en Sucre al 1100.

Algo singular. Para fundamentar los motivos y las circunstancias por los cuales entiende que Andrés Soza mató a Gabriela, la jueza no tuvo en cuenta la declaración que el muchacho hizo ante la policía, a veinte horas del crimen, asumiendo ser el autor del hecho. Aunque reproduce ese pasaje, Rodenas lo deja afuera del sostén de su dictamen, porque hay una discusión legal sin zanjar sobre la validez de ese elemento.

La magistrada ya había dicho que la confesión de Andrés, ahora de valor cuestionado, no era el elemento decisivo para definir su responsabilidad. Otros elementos —conclusiones de peritos, llamadas y mensajes telefónicos, dichos de testigos, comprobantes de gastos— la hicieron concluir que el muchacho fue quien mató a Gabriela. Que su acción se desprendió de su intención de terminar con la relación sentimental que tenía con la adolescente y que perturbaba la que mantenía con su novia de hacía seis años. Y que aunque el lazo con Gabriela era ambiguo, hacia ella había demostrado una violencia cada vez mayor y ante testigos.

¿Es posible llegar a una conclusión sobre cómo ocurrió un hecho que nadie vio mientras ocurría? Según la jueza sí. Se puede tener certeza sobre la participación de un imputado en un delito en base a indicios que sean abundantes y unívocos, es decir, que apunten en la misma dirección. Al cabo de dos meses de investigación la jueza enumeró varios grupos de huellas que, cree ella, colocan a Andrés como autor del crimen.

El imputado en el lugar. Jonatan, de 16 años, dijo oír a la hora del crimen un disparo a metros del lugar del hecho. Y que vio a un joven salir corriendo al que describió con rasgos compatibles a los de Soza. "Mayor de edad, contextura delgada, alto, pelo oscuro, robusto".

El secuestro policial de tickets de peaje y de facturas donde consta que Andrés cargó combustible y se dirigió a Oliveros a poco del hecho. Por el peaje pasó a las 20.37 y a las 22.25. El mismo Andrés que declara ante la jueza haberse encontrado con Gabriela en inmediaciones del lugar donde ocurrió el incidente esa noche, aunque variando las circunstancias, de modo impreciso con otras cosas relatadas antes sobre el hecho.

El imputado y su participación. Un indicio que implica al muchacho como autor del crimen es el testimonio de un sargento 1º de la comisaría 30ª, Alejandro F., que afirma que Andrés le dijo que el arma que utilizó aquella noche la había arrojado en el campo, en Oliveros. Al principio él sólo afirmaba que una chica vinculada a él había tenido un accidente de tránsito. Pero poco después, cuando ya se sabía que Gabriela había muerto de un disparo, Andrés le dijo al suboficial F. "no ser ajeno al hecho" y expresó su intención de "cooperar con el esclarecimiento". Por ello le contó que había tirado el arma en la ruta.

Actitudes sospechosas. Gabriela mandó un mensaje de texto a una amiga de 16 años, A. C., a las 19.45 del día en que murió. "Gorda, Andrés me va a matar". Otra amiga, L.I., contó que un día antes de eso Gabriela había referido un encuentro entre ella, la novia de Andrés y él, donde el joven se puso violento en extremo, tomó del cuello a Gabriela y la otra chica, que se llama Analía, intervino para calmar las cosas. La ex novia de Andrés ratificó la autenticidad de ese incidente y además dijo que el joven quiso romper el celular de Gabriela donde había evidencia de sus intercambios de mensajes (ver aparte).

Un primo de Andrés, que es policía, reveló que Andrés lo llamó a la comisaría 30ª a las 22.30 para preguntarle por qué lo estaba buscando la policía y le dijo que "aparentemente una chica que salió conmigo, ex novia, sufrió un accidente de tránsito. El padre de Gabriela, Ernesto Núñez, contó que una amiga de su hija le había contado que esa noche "Andrés la tenía a Gabriela".

La personalidad. Los indicios compatibles de un sujeto en condiciones de actuar violentamente están, para Rodenas, en muchos testimonios de quienes conocen a Andrés.

Mirta Acosta, la madre de Gabriela, contó en el juzgado que quisieron conocer a Andrés para despejar las ideas de que era un joven agresivo. "Lejos de eso nos preocupamos más porque hizo comentarios sobre el uso de la fuerza física y el dinero para solucionar los problemas".

La ex novia declaró en el expediente que en una ocasión le rompió el celular a la madre por una discusión y lo mismo quiso hacer ante Gabriela la noche antes de su muerte, antes de atacarla físicamente. El primo policía de Andrés, por su parte, reveló qué le dedicó un extenso reto por agresiones contra vecinos de su barrio. El encargado de la estación de servicios donde Andrés cargó nafta minutos después del crimen recordó a su turno, ante la jueza, dichos del joven, al que conocía porque era cliente. "Estoy tan loco que si alguno me mira fijo lo agarro", le oyó decir.

La motivación. Sobre el encuentro de Gabriela, Andrés y su novia, esta última dijo en el tribunal: "Estaba no como otras veces, yo no lo había visto nunca tan sacado". En un momento "Andrés la agarró del cuello (...) estaba como enloquecido".

La jueza tuvo en cuenta los mensajes de texto en los celulares de Andrés, su novia, Gabriela y dos amigas (A.C. y L.I.) como fuerte indicio de una violencia en espiral que explica el desenlace fatal. Esta torrencial agresividad está además en testimonios, en las pruebas de autopsia que sugieren que además de baleada la chica pudo haber sido golpeada en el piso.

Un sólo indicio, para la jueza, valdría muy poco. Pero una gran cantidad de ellos, que palpitan en pericias y testigos de actos de Andrés, constituyen una evidencia razonable. Con esos elementos la jueza Rodenas determinó que tuvo voluntad de matar con un arma de fuego. Lo procesó como autor de homicidio agravado, lo que tiene una pena mínima de 11 años y 8 meses de prisión.

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