Hay indicios que establecen que Andrés Soza estuvo en el lugar y en el momento
en que mataron a Gabriela Núñez. Hay indicios que sugieren que participó en el hecho. Hay indicios
que muestran una serie de conductas sospechosas en él con anterioridad y posterioridad al crimen.
Hay indicios en su personalidad compatibles con una persona capaz de protagonizar algo como lo
ocurrido. Y hay, finalmente, indicios de que él tenía una motivación para hacer algo así.
Todo ese cúmulo de indicios, detallados y resumidos en un texto de 20 páginas,
son los que llevaron a la jueza Alejandra Rodenas a procesar a este estudiante de ciencias
económicas, de 24 años, por el homicidio agravado de Gabriela Núñez, la estudiante secundaria de 16
que el 5 de agosto pasado, poco antes de las 20, recibió un balazo en la cabeza en Sucre al
1100.
Algo singular. Para fundamentar los motivos y las circunstancias por los cuales
entiende que Andrés Soza mató a Gabriela, la jueza no tuvo en cuenta la declaración que el muchacho
hizo ante la policía, a veinte horas del crimen, asumiendo ser el autor del hecho. Aunque reproduce
ese pasaje, Rodenas lo deja afuera del sostén de su dictamen, porque hay una discusión legal sin
zanjar sobre la validez de ese elemento.
La magistrada ya había dicho que la confesión de Andrés, ahora de valor
cuestionado, no era el elemento decisivo para definir su responsabilidad. Otros elementos
—conclusiones de peritos, llamadas y mensajes telefónicos, dichos de testigos, comprobantes
de gastos— la hicieron concluir que el muchacho fue quien mató a Gabriela. Que su acción se
desprendió de su intención de terminar con la relación sentimental que tenía con la adolescente y
que perturbaba la que mantenía con su novia de hacía seis años. Y que aunque el lazo con Gabriela
era ambiguo, hacia ella había demostrado una violencia cada vez mayor y ante testigos.
¿Es posible llegar a una conclusión sobre cómo ocurrió un hecho que nadie vio
mientras ocurría? Según la jueza sí. Se puede tener certeza sobre la participación de un imputado
en un delito en base a indicios que sean abundantes y unívocos, es decir, que apunten en la misma
dirección. Al cabo de dos meses de investigación la jueza enumeró varios grupos de huellas que,
cree ella, colocan a Andrés como autor del crimen.
El imputado en el lugar. Jonatan, de 16 años, dijo oír a la hora del crimen un
disparo a metros del lugar del hecho. Y que vio a un joven salir corriendo al que describió con
rasgos compatibles a los de Soza. "Mayor de edad, contextura delgada, alto, pelo oscuro,
robusto".
El secuestro policial de tickets de peaje y de facturas donde consta que Andrés
cargó combustible y se dirigió a Oliveros a poco del hecho. Por el peaje pasó a las 20.37 y a las
22.25. El mismo Andrés que declara ante la jueza haberse encontrado con Gabriela en inmediaciones
del lugar donde ocurrió el incidente esa noche, aunque variando las circunstancias, de modo
impreciso con otras cosas relatadas antes sobre el hecho.
El imputado y su participación. Un indicio que implica al muchacho como autor
del crimen es el testimonio de un sargento 1º de la comisaría 30ª, Alejandro F., que afirma que
Andrés le dijo que el arma que utilizó aquella noche la había arrojado en el campo, en Oliveros. Al
principio él sólo afirmaba que una chica vinculada a él había tenido un accidente de tránsito. Pero
poco después, cuando ya se sabía que Gabriela había muerto de un disparo, Andrés le dijo al
suboficial F. "no ser ajeno al hecho" y expresó su intención de "cooperar con el esclarecimiento".
Por ello le contó que había tirado el arma en la ruta.
Actitudes sospechosas. Gabriela mandó un mensaje de texto a una amiga de 16
años, A. C., a las 19.45 del día en que murió. "Gorda, Andrés me va a matar". Otra amiga, L.I.,
contó que un día antes de eso Gabriela había referido un encuentro entre ella, la novia de Andrés y
él, donde el joven se puso violento en extremo, tomó del cuello a Gabriela y la otra chica, que se
llama Analía, intervino para calmar las cosas. La ex novia de Andrés ratificó la autenticidad de
ese incidente y además dijo que el joven quiso romper el celular de Gabriela donde había evidencia
de sus intercambios de mensajes (ver aparte).
Un primo de Andrés, que es policía, reveló que Andrés lo llamó a la comisaría
30ª a las 22.30 para preguntarle por qué lo estaba buscando la policía y le dijo que "aparentemente
una chica que salió conmigo, ex novia, sufrió un accidente de tránsito. El padre de Gabriela,
Ernesto Núñez, contó que una amiga de su hija le había contado que esa noche "Andrés la tenía a
Gabriela".
La personalidad. Los indicios compatibles de un sujeto en condiciones de actuar
violentamente están, para Rodenas, en muchos testimonios de quienes conocen a Andrés.
Mirta Acosta, la madre de Gabriela, contó en el juzgado que quisieron conocer a
Andrés para despejar las ideas de que era un joven agresivo. "Lejos de eso nos preocupamos más
porque hizo comentarios sobre el uso de la fuerza física y el dinero para solucionar los
problemas".
La ex novia declaró en el expediente que en una ocasión le rompió el celular a
la madre por una discusión y lo mismo quiso hacer ante Gabriela la noche antes de su muerte, antes
de atacarla físicamente. El primo policía de Andrés, por su parte, reveló qué le dedicó un extenso
reto por agresiones contra vecinos de su barrio. El encargado de la estación de servicios donde
Andrés cargó nafta minutos después del crimen recordó a su turno, ante la jueza, dichos del joven,
al que conocía porque era cliente. "Estoy tan loco que si alguno me mira fijo lo agarro", le oyó
decir.
La motivación. Sobre el encuentro de Gabriela, Andrés y su novia, esta última
dijo en el tribunal: "Estaba no como otras veces, yo no lo había visto nunca tan sacado". En un
momento "Andrés la agarró del cuello (...) estaba como enloquecido".
La jueza tuvo en cuenta los mensajes de texto en los celulares de Andrés, su
novia, Gabriela y dos amigas (A.C. y L.I.) como fuerte indicio de una violencia en espiral que
explica el desenlace fatal. Esta torrencial agresividad está además en testimonios, en las pruebas
de autopsia que sugieren que además de baleada la chica pudo haber sido golpeada en el piso.
Un sólo indicio, para la jueza, valdría muy poco. Pero una gran cantidad de
ellos, que palpitan en pericias y testigos de actos de Andrés, constituyen una evidencia razonable.
Con esos elementos la jueza Rodenas determinó que tuvo voluntad de matar con un arma de fuego. Lo
procesó como autor de homicidio agravado, lo que tiene una pena mínima de 11 años y 8 meses de
prisión.