La secuencia es tan frecuente que parece la escena gastada de un guion repetitivo: corre la madrugada, un pibe de 20 años va en su moto y al pasar por una casa recibe cinco disparos, alcanza a recorrer varios metros hasta que pierde el equilibrio y se desploma. Queda rodeado por un grupo de jóvenes que pasaban caminando y lo vieron caer. Al cabo de unos minutos muere. Así terminó la vida de un chico que podría haberse convertido en tan solo un número: el 228, la cantidad de víctimas de homicidios dolosos en lo que va del año. Pero las personas que lo conocieron, sobre todo adultos que transitaron con él distintos espacios en el régimen penal juvenil, rescataron pasajes de su historia. Dalmiro Benci estaba aprendiendo a lidiar con la diabetes, era cariñoso, hincha de Central, le gustaba la fotografía y la escritura. Características de una vida que no se reduce a su final abrupto ni al contexto que lo llevó a ese desenlace.
En lo que va de diciembre hubo 10 homicidios, todos a balazos y en los extremos de la ciudad. De ninguno de ellos se supo mucho más que la mecánica de cada crimen y los posibles contextos, generalmente vinculados a disputas callejeras por narcomenudeo o broncas tan fugaces como intensas y letales. Así se construye el relato acerca de lo que pasa en las calles de Rosario, tan acostumbradas a una violencia que delimita los territorios de la ciudad y acentúa sus contrastes.
Cuando aparecen testimonios que aportan algo más a esa narrativa surge una certeza que siempre está, pero aunque es un cliché pareciera intrascendente: detrás de esas descripciones frías hay historias de vidas. Y, así como las características de los crímenes se convierten en puntos en común que describen una problemática, esas historias también se encuentran y nutren posibles explicaciones para entender por qué este contexto de violencia callejera parece perpetuarse y empeñarse en poner a jóvenes de un lado y otro del gatillo.
Matar y morir
Dalmiro Benci tenía 17 años cuando en junio de 2018 mató a Gabriel Serrano, un muchacho de 27 años que lo había citado previamente en una estación de servicios de Uriburu y Vuelta de Obligado. En los registros de las cámaras de seguridad se vio que discutieron, que el mayor golpeó a Dalmiro y éste le disparó en tres ocasiones. El caso lo tomó un juzgado de Menores que en estos tres años mantuvo al chico en un proceso que tuvo a su asesinato como punto final imprevisto. Hasta entonces restaba resolverse su responsabilidad penal: el fiscal había pedido 8 años de pena y los defensores del chico alegaban exceso en la legítima defensa porque había respondido a un agresión previa.
Enterado del asesinato de Dalmiro, el asesor de menores Daniel Papalardo escribió en sus redes sociales un repaso por el encuentro con el chico luego de que fuera detenido por el crimen de Serrano. "Por ahora hay que saber escuchar todo lo que se te dice por los investigadores y el juez, y luego conversar como seguimos. Prepárate para una temporada larga en el instituto . Se que sos diabético y tal vez, si conseguimos un gesto humanitario, a partir de tu condición de persona menor de edad podemos obtener una preventiva en domicilio con asistencia médica", recordó Papalardo sobre su primer diálogo.
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"El pibe no contesta. Hay silencio que corta el aire viciado del despacho reducido y luego de un momento pregunta ¿qué es el instituto? Y ahí se entera que es algo así como lo que él imagina que es una cárcel", agregó el asesor de menores. Una vez conocidas las evidencias que comprometieron a Dalmiro como autor del crimen, llegó su ingreso al Centro Especializado de Responsabilidad Penal Juvenil (Cerpj). El "instituto", el ex Irar, adonde van los jóvenes en conflicto con la ley penal. Allí estuvo hasta que en 2020, en medio de la pandemia de Covid19, logró el beneficio de la preventiva domiciliaria por su condición de diabético.
El martes pasado, cerca de las 1.30, Dalmiro manejaba una moto por la zona de Anchorena al 2100 cuando alguien le disparó cinco balazos. Después de pilotear la moto varios metros se desplomó en el cruce de Oroño y Anchorena. Por el hecho quedó detenido un hombre de 35 años que vive en la zona desde la que se supone que partieron los balazos. Se trata de una persona conocida por la familia de Dalmiro: su padre dijo que días atrás otro de sus hijos se había peleado con este hombre, que luego los amenazó de muerte.
"Se lo llevan para siempre con aplicación de una ley mucho más severa que el mamarracho penal que aplican los jueces, la ley de la calle, la ley no escrita que da forma al genocidio por goteo", escribió Papalardo sobre el asesinato de Dalmiro.
"No quiero que termine el día"
En ese trayecto por el Cerpj el chico conoció a adultos que le propusieron explorar intereses nuevos. Muchos de ellos lo despidieron en las redes sociales al enterarse de que lo habían matado. "Necesito nombrar a alguien que fue nuestro alumno, y que lo mataron anteayer. 'Un joven fue asesinado por un conflicto de vieja data', dice el diario. Para nosotros fue Dalmiro, un participante de nuestro taller. Muy especial, quizás por su trato dulce o su cara de niño", escribió Amalia, docente de un taller de producción audiovisual dictado en el Cerpj en el marco del programa provincial Santa Fe Más.
"Le gustaba mucho manejar la cámara y lo que más le gustaba de lo que compartimos obviamente eran las salidas. Fuimos a la Lavardén a escuchar a César González y viajamos a Buenos Aires al encuentro de poesía", recordó la mujer. En el mismo texto contó que, una vez enterados del crimen de Dalmiro, buscaron las fotos del chico y se las enviaron a un familiar. "Fotos de un mundo amoroso que intentamos construir con los pibes que trabajamos. Pero el mundo real no es amoroso, ni lleno de oportunidades para los jóvenes", agregó.
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Jimena, otra docente, escribió sobre un día de octubre de 2019 en que viajaron al encuentro de escritura en cárceles que se realizaba en Buenos Aires. Puntualmente se detuvo en un diálogo con el chico: él le pidió que lo acompañara a la puerta porque quería escuchar la lluvia, mirar los edificios y ver a la gente pasar. En ese pulmón que había significado para él aquella salida del encierro, recordó Jimena, Dalmiro repitió: "No quiero que termine el día".
En el marco de las actividades realizadas desde los espacios culturales del Cerpj los jóvenes recibieron a la escritora y dramaturga Zuleika Esnal. Luego de esa primera visita Esnal se entusiasmó con la idea de volver a verlos y así fue que conoció a Dalmiro, con quien se encontró varias veces. "Si bien casi todos los pibes me abrazaban al verme llegar, Danilo era distinto. Se aferraba a mis huesos. Me estrujaba la espalda. 'Te extrañé mucho'. Se reía un montón durante los talleres pero a medida que pasaba el rato la mirada se le iba nublando. Se me acercaba despacito. 'No quiero que te vayas' o 'Quisiera que esta tarde no se termine nunca'", escribió Esnal en sus redes sociales.
"Danilo creció como crecen un montón de pibes: estigmatizado y con hambre, en un mundo que se cruza de vereda al verlos pasar, no vaya a ser que me robe el teléfono. Y murió del mismo modo", continuó y agregó: "'Vos sabías que esto podía pasar' me dijo alguien. Qué carajo me importa. ¿Qué me quieren decir? ¿Que me quede en mi casa? ¿Que no intente? ¿Que no me meta en el corazón a estos pibes porque lo más probable es que no lleguen a los 21? No señores. Yo prefiero este dolor que hoy no me deja respirar, que mirar para otro lado".