Cristian Altamirano se abstuvo de declarar ayer en la primera indagatoria
judicial por el asesinato de Manuel Novillo, ocurrido en Rioja al 500 el domingo a la madrugada,
tras una aparente discusión de tránsito. El juez de Instrucción Nº 9, Carlos Beltramone, le imputó
homicidio agravado por uso de arma de fuego y portación ilegal de arma de guerra, dado que la
pistola 11.25 que le secuestraron no estaba registrada a su nombre.
Al tipo de homicidio que le atribuye el juez al imputado le corresponde una pena
mínima de 11 años y 8 meses.
El detalle de la calificación del acto no pareció lo más importante. Fuentes
judiciales señalaron que Altamirano, de 32 años, tendría un antecedente formal por un episodio
similar al que lo llevó a tribunales ayer: disparar a un automovilista a la salida de un boliche.
Si bien las fuentes no precisaron el episodio, desde el domingo la policía investiga si Altamirano
tiene relación con un hecho ocurrido el 5 de julio pasado frente a un bar de Santa Fe 1720, cuando
un joven abrió fuego desde un Peugeot 206 a un Chevrolet Corsa
Un suspiro. La indagatoria empezó a las 10 de la mañana y duró unos minutos.
Altamirano llegó con su abogado, Jorge Alcaraz, sólo para decir que no hablaría. Es un muchacho
delgado, con un par de piercing en la cara, una barba candado rubia y el pelo peinado hacia
atrás.
La información policial y aportes llegados al juzgado describen de modo
coincidente a Altamirano: un hombre habituado a los circuitos de la noche, con mala reputación
personal en esos ámbitos y de temperamento violento. Su abogado afirmó anteayer que se dedicaba a
la venta de productos lácteos. En Tribunales, sin embargo, sostuvieron que no acreditó condición
laboral.
Fuentes de la investigación judicial consignaron que más allá de la renuencia a
declarar de Altamirano, una secuencia de elementos objetivos, como testimonios contundentes y
evidencia material, comprometen al imputado como autor del crimen de Manuel Novillo, de 41 años, lo
que encamina el trámite hacia una rápida resolución. La víctima murió dentro de un Peugeot 405 de
un tiro que le atravesó la cabeza. Se ordenaron reconocimientos en rueda de personas y
declaraciones testimoniales que se realizarán la semana próxima. Tras ello el juez estará en
condiciones de resolver.
El caso del bar Tokio. Lo que investigan a nivel policial es si Altamirano tiene
algún tipo de relación con un incidente ocurrido el 5 de julio pasado frente al bar Tokio, en Santa
Fe y España. Ocurrió cuando dos chicas bajaron de un Peugeot 206 y un chico de 17 años, Nicolás G.,
les dijo un piropo. Eso motivó que el conductor del 206 bajara exaltado con un arma y, ante
testigos, comenzara a disparar. Uno de los disparos impactó en un pie a Nicolás.
Otros cuatro proyectiles dieron contra un Chevrolet Corsa estacionado en la
puerta del bar Tokio. Las vainas de las balas, sostuvieron ayer fuentes de la comisaría 2ª, eran de
pistola calibre 11.25. Igual al arma secuestrada a Altamirano. Sin embargo, en aquella ocasión, al
revés del domingo, nadie tomó la patente del auto del agresor.
Los investigadores pidieron al juzgado de Instrucción 14ª la cápsula secuestrada
en el caso de julio para compararla con las levantadas en la escena del crimen del domingo. Ya
saben que son de igual calibre. Intentarán ahora determinar si salieron de la misma arma.
También se requirió una pericia sobre la pintura del Peugeot 206 secuestrado el
domingo. El del hecho de julio era blanco y el del domingo es negro. La policía presume, por la
calidad del color actual, que pudo haber sido repintado recientemente.
"No fue así". El abogado de Altamirano sostuvo que ignora si su cliente tiene un
antecedente de este tipo. "Si es así lo sabremos por la planilla prontuarial", dijo Alcaraz a este
diario.
El defensor también dijo que recomendó la abstención de su cliente porque aún se
están acopiando pruebas por lo ocurrido. "Los hechos no ocurrieron, a nuestro criterio, del modo en
que fueron descriptos. Por eso pareció aconsejable esperar", sostuvo.