Las motivaciones del brutal intento de asesinato de un comerciante en Cerrito y
Mitre, atravesado por dos balazos de un total de cinco disparados el jueves a la tarde, permanecen
bajo un manto de misterio. Los investigadores hacen foco en dos posibles detonantes: la actividad
comercial de la víctima o una extorsión poco clara denunciada por su familia.
Diego Wainberg, de 34 años, fue baleado en la vía pública y a plena luz del día.
Acababa de salir de su oficina en Cerrito 1207 y al guardar una laptop en el baúl de su auto fue
sorprendido desde corta distancia por un sicario que se bajó de un vehículo —en apariencia un
Ford Fiesta— y tras disparar a sangre fría escapó fugazmente. Ayer permanecía en el Hospital
Clemente Alvarez en coma farmacológico. Los balazos le cruzaron el tórax perforando los pulmones.
Pese a lo crítico del panorama inicial y a la abundante pérdida de sangre, su diagnóstico era
favorable.
Ayer trascendió que el padre de la víctima, Elio Wainberg, tenía asignada
custodia policial a partir de un atentado sufrido a mediados de septiembre en su empresa, Salinera
Austral SA, cuyo frente en Mitre 5071 fue entonces rociado a balazos.
La vigilancia policial fue asignada a Elio Wainberg y a su hijo Gabriel, de 38
años, hermano mayor del comerciante baleado. Diego no trabajaba con ellos. Montó su propia
actividad de venta de sal en forma independiente, que desempeña con un socio en la empresa Transal,
y también comercializa palets de madera para embalajes.
Las llamadas. El padre de Diego había denunciado hace 45 días ser objeto de
amenazas extorsivas reiteradas. En Tribunales dio cuenta entonces de que mediante extraños llamados
telefónicos era hostigado por personas no identificadas que le exigían 25 mil pesos a fin de no
sufrir males mayores. Fuentes de la investigación precisaron que el señalado como blanco de esa
amenaza, en caso de no entregar el dinero, era Gabriel y que nunca se aludió a Diego. La
presentación recaló en el juzgado de Instrucción Nº 13, a cargo de Osvaldo Barbero. Luego de eso, a
mitad de septiembre, sobrevino el ataque a tiros contra el frente de Salinera Austral.
Entonces la Unidad Regional II había asignado custodia a Elio y Gabriel
Wainberg. En ocasiones, según voceros del caso, pidieron levantarla.
Investigadores judiciales señalaron ayer que se procura definir si el ataque
contra Diego tiene vinculación con las denuncias planteadas por el padre de la víctima en
septiembre pasado. "Detrás de esto se insinúa un conflicto comercial pero tropezamos con el
hermetismo de la familia. Parece evidente que en este caso quienes están en mejores condiciones de
aportar detalles mencionan las situaciones a medias y no dicen todo lo que saben", señaló el
portavoz tribunalicio.
Los padres de Gabriel y Diego están divorciados desde hace 14 años. Tras esa
separación el primero permaneció más cerca de su padre en tanto el segundo se allegó más a su
madre. Diego está casado con Luciana, de 27 años, en cuyo testimonio los pesquisas cifraban
expectativas de abrir una veta para aclarar el caso. Aunque existen, los contactos entre Diego y su
padre son espaciados.
Aunque la familia fue reservada, desde un entorno próximo plantearon malestar
ante la sugerencia de que el ataque a Diego fue un ajuste de cuentas. "Esto no tiene que ver con
plata, ni con comercio, ni con familia. La realidad es que ha existido una extorsión contra la
familia y esta agresión puede venir por allí".
El ataque es investigado por la comisaría 5ª y la jueza de Instrucción María
Luisa Pérez Vara. También es seguido con atención por el Ministerio de Seguridad. Ayer uno de los
encargados de la pesquisa remarcó algo que parece obvio: fue un deliberado intento de asesinato sin
intención de robo. La policía apunta a una disputa por una deuda.