Buenos Aires.— Tres efectivos de la Policía Federal acusados de matar a un
colega al que supuestamente confundieron con un ladrón en el barrio de Monte Castro fueron
excarcelados La Justicia impuso como condición que el jefe de la fuerza garantice que no se
fuguen.
Los policías están procesados por el homicidio de un colega de la seccional 43ª,
el 6 de marzo último. Aunque podrían ser condenados a reclusión perpetua, les dieron el beneficio a
cambio de una fianza 10 mil pesos.
Los camaristas Gustavo Bruzzone y Jorge Rimondi, con disidencia de Alfredo
Barbarosch —que calificó de "absurdo"lo dispuesto—, evaluaron que la libertad no
entraña peligro de fuga, ya que los tres poseen arraigo, un empleo en dependencia como policías y
carecen de antecedentes penales.
Polémico. El hecho que se les imputa a los policías Javier Lucio, Pablo
Maldonado y Marcelo Bao es el homicidio agravado por abuso en sus funciones del subinspector Marcos
Itzcovich y la tentativa de ese delito para con otro efectivo que se hallaba junto a la
víctima.
La primera versión de los hechos señaló que los policías confundieron a su
colega con un integrante de una banda de asaltantes que estaban buscando. Ese grupo criminal
supuestamente operaba en la zona y para cometer los robos usaba uniformes policiales y se
trasladaba en un Fiat Palio.
Seis veces. El juez de instrucción del caso, Juan Ramos Padilla, procesó a los
tres efectivos y dejó entrever que podía haber habido encubrimiento de la cúpula policial. El juez
subrayó que esa noche Itzcovich y su acompañante, Gustavo Montenegro, vestían de civil e iban en
moto, pese a lo cual los policías dispararon contra ellos en al menos seis ocasiones, aún cuando
las víctimas ya se habían identificado como policías.
"Los imputados no pudieron dar una explicación seria de los motivos que los
llevaron a sospechar que estaban frente a «delincuentes» y mucho menos las razones para abrir
fuego", sostuvo el juez.
"Mal puede avalarse el arremeter intempestivamente contra la humanidad de dos
personas que sólo se encuentran sentadas en una moto, pero peor aún es reanudar la actividad
lesiva, disparos mediante, luego de oírse gritos de alarma tales como «pará, pará, pará», o la
exhibición de las palmas de sus manos" por parte de una de las víctimas, dijo el juez. "Esto
evidencia su deliberada voluntad homicida, la imposibilidad de sostener cualquier error en la
percepción de los hechos, la inexistencia de cualquier actitud de sospecha de parte de los
damnificados", dedujo Ramos Padilla.