"Estoy segura de que lo conocía, sino no se hubiese ido con él. Mi hijo no era
de irse con cualquiera". Claudia Romero, la mamá de William, el nene de 13 años que el miércoles
apareció estrangulado en el bosque de los Constituyentes, está convencida de que el asesino del
chico tiene que estar en el círculo de sus amistades. Sin embargo, no le encuentra explicación al
crimen. "No sé qué pasó, pero tuvo que ser alguien conocido", remarcó.
Claudia, que tiene 36 años, espera ansiosamente novedades de la investigación.
"Anoche vinieron unos hombres de Jefatura y dijeron que habían detenido a un sospechoso", dijo
apenas recibió a este diario en su casita humilde de Lima y Rueda. "¿Usted puede averiguarme algo y
me avisa si fue así?", le preguntó a los cronistas, casi en tono ruego. Poco después, fuentes
vinculadas al caso negaron que se hayan producido detenciones y admitieron que, por el momento, el
homicidio del adolescente permanece rodeado de un absoluto misterio.
Sin novedad. "Se están tomando declaraciones para establecer con quién pudo
estar el menor luego de que se fue de su casa. Pero no hubo detenciones", indicaron anoche desde la
Brigada de Homicidios.
La mamá de William vive con sus otros tres hijos (Jorge, de 14 años; Luciano, de
8, y Sergio, de 4), en un ranchito de chapas, tirantes de madera y paredes de material. Se accede
por calle Rueda desde Avellanada, tres cuadras hacia el oeste. El lugar se conoce como villa La
Boca, pero está prácticamente conectado a villa Banana.
Su único sustento es un plan de empleo y lo que obtiene de juntar cartones en la
calle, tarea en la que solía ayudarla William. La miseria se conjuga con el dolor en el momento
mismo en que la mujer comienza a hablar y describe el último instante en que vio con vida al chico,
el lunes a la tarde. "Me dijo que se iba a la casa de un amigo y se fue en bicicleta. Después me
dijeron que en el Distrito Oeste lo vieron irse con alguien. No supe nada de él hasta que me
avisaron que lo habían encontrado muerto", recordó ayer a la tarde, mientras su hermana y otros
familiares la ayudaban a calentar agua en una fogata.
Claudia contó que el chico iba a la escuela de mañana. Estaba en tercer grado de
la Escuela Nº 518, pero como había repetido el año concurría al aula radial que funciona en el
Centro Municipal Distrito Oeste. "Estaba contento porque a pesar de repetir iba a volver a la 518,
que era lo que él quería", dijo. William se turnaba con su hermano Jorge para acompañar a la mamá a
juntar cartones en la zona de Tribunales.
Pero esta no fue la primera vez que la tragedia partió al medio a la familia.
Claudia contó que llegó a Rosario hace más de una década acompañada por Héctor, el papá de William
y Jorge. Venían de Villa Angela, Chaco, y se establecieron en un pequeño terreno ubicado en barrio
Moderno, en la zona sudoeste. Luego de acomodarse y terminar de hacer pie en Rosario, nacieron los
hijos. Allí, recordó Claudia, Héctor armó una huerta.
Apuñalado. Pero la relación con unos vecinos comenzó a resquebrajarse. "Unos
tobas que vivían ahí cerca siempre se ponían a jugar a la pelota en un pasillo que estaba al lado
de nuestro terreno. Entonces a cada rato caía la pelota sobre las verduras. Las arruinaban y Héctor
se enojaba, discutía con ellos. Hasta que un día mi marido comenzó a quitarles la pelota, no se las
devolvía y así empezaban los problemas. Un día lo siguieron y entre varios lo llenaron de puñaladas
", recordó Claudia, una vez más sin poder contener las lágrimas.
Tras el homicidio de Héctor, Claudia y los chicos vivieron un tiempo en lo de su
suegra y hace un año se radicaron en Lima al 2900. La mujer volvió a formar pareja y tuvo a los
otros chicos. Ahora, con otra muerte por superar, la mujer decidió buscar apoyo profesional. Sergio
Iván, el más chico de los nenes, sufrió antenoche una crisis de nervios, seguramente afectado por
la brutal desaparición de William. "Tengo ganas de vender todo e irme a vivir con mi hermana a
Ludueña o directamente volver al Chaco", añadió.