POLICIALES

"El pacto de silencio policial surge por complicidad y miedo a la institución"

Lo dice el doctor en Antropología Social Tomás Bover, al ser consultado sobre la ruptura de ese pacto en el juicio por el doble crimen de Emanuel Medina y David Campos.

Domingo 11 de Octubre de 2020

En un juicio por un doble crimen policial con todos los rasgos del gatillo fácil, dos uniformadas rompen la trama de ocultamiento. Cuentan que se adulteró la escena y que fueron forzadas a participar de un pacto de silencio. La declaración de las agentes —amenazadas y con custodia— se reveló en el juicio por los crímenes de Emanuel Medina y David Campos, en el que hay otros 17 policías expuestos a penas altísimas. La situación inédita invita a indagar sobre lo usual: el secreto en la corporación. ¿Cómo se sostienen esas prácticas? Para el antropólogo Tomás Bover, el silencio no está hecho sólo de complicidad: “Los policías tienen mucho miedo a la institución a la que pertenecen”.

Bover es un investigador nacido en La Plata que actualmente estudia el vínculo entre las fuerzas de seguridad y las instituciones judiciales. La curiosidad por la policía, dice, surgió como parte de la reflexión sobre la diversidad humana que le propuso su carrera desde el inicio: “Me interesaba pensar a los otros que habitan nuestra propia sociedad. Como joven de sectores medios universitarios la policía me resultaba un sujeto distante, de cierta exoticidad. Me parecía un ámbito propicio para aplicar lo que la antropología nos enseña: hacer familiar lo exótico y exótico lo familiar”.

Eso lo llevó a investigar primero a la policía bonaerense y luego a la federal. En su libro “Distintos y uniformes: una etnografía en la Policía Federal Argentina”, que editó la Universidad Nacional de Quilmes, describe la heterogeneidad que detectó puertas adentro de una fuerza que en el imaginario parece monolítica. Pero que, según plantea en su trabajo, hace grandes esfuerzos para encorsetar una enorme diversidad.

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— ¿Cómo funcionan en la policía los mecanismos de ocultamiento en los que prima el espíritu de cuerpo?

— Atribuiría estos comportamientos a la categoría de complicidad antes que a la de espíritu de cuerpo. La complicidad es la falta de reproche de un funcionario público frente a la inconducta de un compañero, son cómplices de otros en la ejecución de un delito. Hago la distinción porque espíritu de cuerpo no tiene una connotación exclusivamente negativa. Ha sido investigado en instituciones militares, policiales y de distinta índole como una manera de crear un nosotros identitario, cierta idea de que se es parte de una unidad mayor. Lo que involucra un conjunto de valores y formas de hacer que no tiene por qué ser negativo, salvo cuando activa la falta de reproche ante un delito. Hay comportamientos corporativos que se montan sobre la idea de los deberes y lealtades que enaltecen a los funcionarios policiales, donde pareciera que defender a los compañeros es defender el deber. Es una actitud reprochable pero tiene más que ver con complicidad delictual.

— ¿Cómo se sostiene esa complicidad, aún a riesgo de penas altas?

— Ante la idea de que lo que sucede en la policía debe quedar en la policía, un proceso de juzgamiento es un problema para la institución. Porque hay tramas que quedan expuestas y porque pierde el control de decidir qué es lo que está bien y lo que está mal y de adoptar sus propias sanciones formales o informales. Un juicio termina siendo una situación extraordinaria en la que conductas que en general se penalizan al interior de la institución cobran trascendencia. El año pasado estuve trabajando en un juicio oral a policías en una causa de corrupción. Habían encontrado sobres con dinero en escritorios de oficiales, era claramente una situación de corrupción y de recaudación ilegal. Oficiales retirados de alto grado que en toda la etapa de instrucción habían dado detalles de esos mecanismos, al llegar al juicio oral decían que no habían llevado los anteojos, que no podían ratificar, que se habían equivocado. Podían perder la libertad por falso testimonio pero era un costo menor antes que el temor a los camaradas. El miedo a lo que les puedan hacer por romper ese pacto de silencio es mayor incluso al temor a los efectos de la ley. El silencio no está hecho sólo de complicidad, los funcionarios tienen mucho miedo a la institución a la que pertenecen. Y eso es algo novedoso en la declaración de estas dos mujeres policías en Rosario. Es muy fuerte lo que se dio ahí: dejan de ser cómplices y se exponen a las represalias de una institución que les ofrecía cierta protección y defensa, pero también rompen con la lógica de dejar que la institución gobierne sus vidas. Están mostrando que son algo más que policías. La lógica de carrera de policía no va a ser lo único que gobierne su vida.

— ¿Esas complicidades están condicionadas sólo de manera vertical o también de manera horizontal por la relación entre partes?

— Creo que se activan muchos mecanismos. Que los pares ya no te vean como uno más cuando hay que compartir largas jornadas y en las que muchas veces necesitás que te cuiden la espalda en un enfrentamiento, perder la confianza de tus compañeros es arriesgar tu vida. Pero también están quienes deciden sobre tus destinos. Si vas a estar en un lugar más o menos peligroso, en un lugar operativo o ninguneado, sin van a desconocer tu capacitación, si te van a pasear de un lugar al otro de la provincia. Hay un montón de formas en las que informalmente se puede castigar a alguien sin tocarle el legajo. Se generan costos muy grandes en la vida de esos efectivos muchas veces asociados a no ser leales con comportamientos delictivos. Es muy costoso no participar de las tramas.

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— ¿Qué tan fuerte es la identidad policial en la subjetividad de los empleados?

— Claramente, la idea del espíritu de cuerpo nos lleva a pensar en cierto nosotros, en cierta identidad alrededor de ser policía. Una identidad que no es absoluta. Lo que trato de marcar en las producciones es que no hablamos sólo de policías. Son personas que a la vez son muchas otras cosas. Es un marcaje muy fuerte: a nadie le pasa desapercibido cuando tiene al lado un policía ni le pasa lo mismo cuando tiene al lado un empleado de comercio o a un trabajador estatal. Porque hay todo un relato social sobre lo que implica ser policía. Estamos hablando de personas con una existencia muy plural, hay mucho interés en los policías por hacer otras cosas: estudios culturales, prácticas no asociadas a la profesión. No totalizan su persona alrededor de ser policías. Quizás estas chicas no se sintieron tan policías como responsables de la vida de alguien. Habrán apelado a otros cuerpos éticos, otras ideas que las llevaron a no defender el silencio policial. Cuando se sale de ese pensamiento corporativo es porque uno se siente aferrado a otros valores.

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— A partir de las protestas recientes, la policía aparece en algunos discursos como una institución violenta que puede atentar contra el orden institucional y en otros como el garante de la mano dura. ¿Cómo la condicionan esos atravesamientos contrapuestos?

— Como en todas instituciones del Estado, creo que la policía es una institución controvertida. En esa controversia se inscribe con intereses muchas veces contrapuestos: quienes ven a la policía como una institución de resguardo y de protección y quienes creen que debe ser un elemento de eliminación de los que le molestan, el que quiere ver balas policiales en cuerpos ajenos. Hay ciertas indefiniciones sobre lo que la policía debería hacer porque la policía está en disputa. En cada jurisdicción encontrás un discurso político distinto sobre lo que la policía es o debería ser, en cada gestión de gobierno cambian las expectativas y finalmente la policía sigue existiendo. En esa persistencia va definiendo y ampliando sus intereses.

— ¿Sin ser tan monolítica como parece desde afuera?

— Lejos de una cuestión monolítica, cerrada y dura, son instituciones facciosas, con intereses contrapuestos, con personas que tienen estilos de vida muy distintos. Uno ve en el uniforme cierta unicidad pero ahí adentro convive una heterogeneidad enorme. Hay un esfuerzo institucional muy grande por encorsetar todo esto. Por eso estos relatos como “no somos civiles, somos policías” o “tenemos espíritu de cuerpo” son diques identitarios que pone la institución para generar algo más o menos maleable en un universo súper heterogéneo. El caso de estas empleadas muestra mucho de esa heterogeneidad. Esa cerrazón puede ser eficaz hasta determinado punto.

Sindicalización policial

Las recientes protestas policiales dispararon el debate sobre la sindicalización. Para el antropólogo Tomás Bover es necesario pensar a los policías como trabajadores, sobre todo porque las demandas laborales se canalizan en la institución a través de la jerarquía, cuando “un suboficial recién ingresado y un oficial que es parte de la cúpula no se parecen en nada. Son personas que tienen estilos de vida distintos, que pertenecen a clases sociales diferente. Lo único que los unifica es que usan el mismo uniforme pero su realidad material, su vida, es muy distinta”.

“Hay una falta de legitimidad de las cúpulas para hablar por las bases. El mecanismo actual funciona mal en parte por eso, porque las propias bases no reconocen a la conducción como sus portavoces reales”, sostiene. Otro aspecto del problema es que “estamos hablando de funcionarios armados. Y cuando salen a la calle a hacer una protesta uno no ve una pancarta, un bombo, y un trabajador sindicalizado, uno ve cierta amenaza pública alrededor de esa presencia. Patrulleros y funcionarios armados rodeando la Quinta de Olivos no es una imagen gratuita para la democracia”.

En este escenario, Bover considera que “la sindicalización, el ombudsman, el defensor del policía, son instancias que, con representantes legítimos, nos permitirían separar situaciones de protesta laboral de situaciones donde podemos estar hablando de otra cosa. Probablemente no estemos preparados para tener sindicatos policiales pero alguna forma de representación que no sean las cúpulas debería existir. Para que sean representantes legítimos y se manifiesten con reglas del juego claras: sin derecho a huelga, sin derecho a estar a armados o a llevar los patrulleros. Porque lo otro son situaciones peligrosas para el orden democrático”.

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